Sebastián Castella y Víctor Gómez Pin protagonizan un profundo Mano a mano en Fundación Cajasol
Torero y filósofo brillaron en un encuentro de alto nivel intelectual que apostó por el pensamiento filosófico
Los clásicos Mano a Mano de la Fundación Cajasol alcanzaban su 76ª edición una vez finalizada una Semana Santa plena y con el clásico formato que vincula a una personalidad de la cultura –el filósofo Víctor Gómez Pin- con un torero veterano como Sebastián Castella, ausente este año de los carteles abrileños.
La tarde lluviosa no había impedido que el patio de butacas del salón de actos de la Fundación Cajasol se llenara de público en esta jornada de vísperas. José Enrique Moreno volvía a oficiar de moderador de un encuentro que no tardó en entrar en materia. No, no era la primera vez que el toreo y la filosofía se daban la mano en las tablas de la vieja Audiencia pero el encuentro sí se iba a sumergir en profundidades insospechadas. ¿Filosofía y toros?, interrogó el moderador que recordó la obra taurina de Víctor Gómez Pin, filósofo y matemático que en su momento destacó en la defensa del toro y el toreo en el parlamento catalán.
En realidad se trataba de una apuesta por el pensamiento “en un mundo de prisas”, según apreció Moreno antes de lanzar el primer guante al filósofo. “La tauromaquia es objeto de polémica y hay que intentar meterse en la piel del otro”, señaló Gómez Pin citando a Marcel Proust al señalar que “el arte es la escuela más sobria de vida y el verdadero juicio final”. La cita era válida para definir la esencia del toreo que, a su juicio, es un enfrentamiento definitivo con la muerte.
Castella habló del toreo como escuela de vida. “El arte se mezcla con ponerse al límite; por mucho que hayas aprendido siempre estás probando si eres capaz y en esos momentos es cuando le das la importancia a la humanidad, la naturaleza, la vida, la muerte…”, reflexionó el diestro francés. “Buscamos la perfección del momento aunque sea algo efímero; encontrar la comunión con un animal al que amamos aunque sepamos que nos puede quitar la vida”, añadió Sebastián argumentando que, al final, es cuestión de “diálogo”.
Gómez Pin se metió en otros abismos. “El ser humano es el único animal que se sabe animal y que su destino es la muerte”, reflexionó el filósofo que recordó la doble dimensión de la filosofía como “anhelo de conocimiento y exigencia de lucidez”, en comparación con la propia labor del torero. “Estar delante del toro implica estudiar en un tiempo muy corto para hacer una obra de arte”, añadió Castella precisando que “para poder torear tienes que meterte dentro del animal”. Pero el torero se adentró en otros terrenos vedados al neófito como “el inmenso vacío” que se puede llegar a sentir en la cara del toro.
Había que seguir definiendo conceptos. Gómez Pin mencionó la “hombría” citando a Aristóteles. “Es la capacidad de enfrentarse con entereza a la inevitabilidad de la propia muerte”. Desde esa premisa, la tauromaquia “es un paradigma de exigencia ética”, añadió el filósofo aludiendo a “la singularidad” del ejercicio del toreo.
El toro
“Un día me negué a matar un toro porque creía que tenía muchas cualidades, por todo lo que había podido sentir, por su forma de mirar, porque creía que tenía capacidad de pensar como un humano; sabía que me iban a multar pero me negué”, confesó Castella haciendo una nueva declaración de amor por el toro bravo. “Los humanos apreciamos a los animales que son buenos para la fertilidad de la humanidad”, apostilló Víctor Gómez Pin definiéndolo como “un prodigio de la naturaleza”. Pero Castella quiso profundizar aún más demandando un conocimiento más preciso de la esencia del toro: “Nunca llega a ser un cobarde, no se le puede domesticar y va más allá de cualquier animal”.
Pero la charla se adentró en otros vericuetos: se reflexionó sobre el arte y su onda expansiva y Castella no dudó en interpelar directamente al filósofo sobre los límites del ser humano. “Cada animal debe responder a su naturaleza y hemos desnaturalizado hasta los perros convirtiéndolos en parodia de un niño”, ironizó Gómez Pin, que argumentó que el torero llega a la profesión buscando su forma de “realizarse como ser humano”.
“El toreo es una cosa rarísima”, exclamó el pensador. “Pero no hay ninguna mentira dentro del ruedo, delante del toro”, terció Sebastián señalando que “a veces el verbo no sirve, sólo el corazón y el alma”. Gómez Pin reivindicó un concepto, el del lenguaje, como cualidad fundamental del humano.
Pero había que recuperar los nexos de la tauromaquia y la filosofía. “Todo el mundo se pone de acuerdo cuando ve algo estéticamente bello”, espetó Castella mientras el filósofo disertaba sobre la comunión que puede vincular a los aficionados ante la culminación artística del toreo, por encima de credos e ideologías.
Moreno citó la propia obra de Gómez Pin: “El torero es la presencia de un ser humano que sabe dónde reside lo esencial y se confronta con entereza a ello”. Pero Castella quiso advertir que sólo el torero puede conocer lo que se vive, se siente y se sufre en la cara del toro. El diálogo siguió las senda de la propia obra de Gómez Pin: “El torero elige lo inevitable en lugar de apartarse de ello…”, el propio filósofo aludió a otras cualidades del lidiador como la “entereza”.
La política
Tocaba hablar de política, recordar el proceso catalán que, pese a la abolición de facto, supuso una victoria moral sobre la presión nacionalista gracias, entre otros, a la intervención del filósofo. “La política debe dedicarse a hacer el bien para el país, cuidar las tradiciones de cada lugar, el bienestar de los ciudadanos pero el poder corrompe…”, apostilló Castella. Gómez Pin quiso huir de la fachada conservadora de la tauromaquia, de la instrumentalización política de un arte que “puede satisfacer a dos personas políticamente opuestas”.
Había que terminar y la referencia al gran Antonio Ordóñez era obligada. Le dio una de las primeras oportunidades a Castella, siendo prácticamente un niño. También fue íntimo amigo de Gómez Pin. “Esa personalidad, esa grandeza… aprendí mucho aunque no pude convivir mucho con él y eso se queda para toda la vida; que un dios del toreo te de esa categoría con su sabiduría era algo tremendo”, evocó el diestro francés. A Gómez Pin, en cambio, le llegó a poner a torear en el campo. El filósofo recordó un sobrero de Carlos Núñez, en la Goyesca de Ronda y mano a mano con Bienvenida. “Quien contempló aquello tiene muy difícil tomar distancia…”.
Para terminar, el moderador preguntó a Castella por su ausencia de Sevilla. “Me dolió mucho, durante dos semanas tuve como una depresión, nunca me había pasado”, confesó el torero. “Durante veinte años no había sido capaz de salir por la Puerta del Príncipe y lo conseguí después de reaparecer, desde entonces es una de las plazas donde salgo más a gusto y la gente me ha respetado y me ha querido, han venido a verme y se ha llenado la plaza siempre, por eso no entendía que esto estuviera ocurriendo ahora… En esas dos semanas no quise salir de mi casa ni de mi habitación y me dediqué a pintar, preparé una exposición que voy a presentar en Sevilla”.
Así terminó el Mano a mano, hablando de esa exposición de su personal obra pictórica en Sevilla (Hotel Colón) en los días feriales y de la presentación del libro que retrata su larga trayectoria, coordinado por Olga Holguín, que presenta un contenido eminentemente fotográfico con artículos de toreros, periodistas e intelectuales en sus casi 400 páginas y que ha sido patrocinado por la Fundación Cajasol.






































































































































































































































































































































































































Toros de Luis Algarra. El 2º fue devuelto corriéndose turno. El sobrero, lidiado en quinto lugar, de nombre Holgado, nº 26, fue premiado con la vuelta al ruedo.



Cuatro toros de El Puerto de San Lorenzo y dos (3º y 4º) de La Ventana del Puerto, desiguales de presentación, algunos con escaso trapío. Frenado el primero; sin fuerzas el segundo, que se derrumbó; el tercero, parado y sin recorrido; repetidor mientras duró el cuarto; con amable viaje por el pitón izquierdo el quinto; sin alma ni fondo el tardo sexto.

Seis toros de Jandilla (1º y 6º con el hierro de Vegahermosa), de muy desigual presentación, con tres ejemplares grandones y de feas hechuras y otros tres terciados y de escasas carnes, que se «taparon» por los pitones. Dispares también de juego, la mayoría resultaron desrazados, aunque los hubo también nobles y manejables y solo uno bravo y con calidad, el tercero.


















































Sebastián Castella se recuperó a tiempo del percance sufrido hace dos días en la tarde en la que abrió la Puerta Grande. Ante su primer flojo rival no tuvo opciones. Comenzó faena de muleta al cuarto citándolo desde los medios y cambiándoselo por la espalda. Se movió con transmisión el de Victoriano y el francés dejó los muletazos con más largura de la tarde. En el centro ligó dos por el derecho y un natural tras un cambio de mano de extenso recorrido y lentitud. Con el toro a menos se metió entre pitones y saludó tras pinchar.
José María Manzanares se estrelló ante un deslucido lote. Su primer rival fue un manso que no quiso pelea. Ante el quinto de la tarde pudo dejar algún pasaje destacable en los primeros compases pero se diluyó pronto. Lo más destacable de la faena fue la estocada.
Cayetano comparecía su única tarde en Madrid. Tras brindar al público se sentó en el estribo y le dio cuatro por alto con el astado apretando, ya de pie, torero remate por bajo. Siguiente tanda ligada por el derecho. Se lo sacó a terrenos más céntricos y se apagó pronto. Manseó en tablas y dejó un estoconazo. Oreja. A por todas salió en el que cerró plaza, se fue directamente a la puerta de chiqueros a recibirlo con una larga cambiada de rodillas. Galleo por chicuelinas y quite por verónicas. Inicio de faena de rodillas pero el astado salía desentendido y fue otro manso que buscó pronto tablas. Facilidad con la espada y saludó ovación tras una tarde de raza y entera disposición. 
Enrique Ponce tuvo que hacer frente en primer lugar al sobrero de Valdefresno devuelto el titular de Garcigrande. Cuatro doblones muy despacio y ligando las primeras tandas con los olés de Madrid. El sobrero se apagó y no pudo rematar el valenciano. El cuarto fue un peligroso astado ante el que se pegó un arrimón de mucho mérito.
Sebastián Castella lidió al tercero de Domingo Hernández. Entraba pero rebrincando y levantando la cara al tercer muletazo lo que imposibilitó al francés templarlo. Cuando toreaba por chicuelinas al quinto de la tarde le cogió de manera terrorífica y fue vapuleado feamente. Tras vendarle el pie y recuperado de los múltiples golpes, lo citó de rodillas para ligarlo con mérito y tragando. Transmitió el de Garcigrande en los primeros compases y humilló. Toreo en redondo y ligando por el derecho. Se apagó en los finales y se tiro a matar o morir dejando una entera entre pitones y cortando dos orejas.
de banderillas. Tras la ceremonia de confirmación duró poco el toro. El sexto tuvo mayor movilidad y decidió el venezolano comenzar de rodillas. Desistió tras desarmarle en dos ocasiones y a pesar de la disposición no acabó de estar cómodo.

Padilla escuchó una tremenda ovación al romper el paseíllo en su última tarde en Madrid. Recibió a la verónica al primero de la tarde. Comenzó faena de rodillas y no acabó de estar cómodo el jerezano con él. Puso banderillas a ambos toros, tercer par del cuarto al violín. Destacar la lidia de Manuel Rodríguez «Mambrú». Comenzó por doblones pero como en su anterior toro no acabó de haber acople ante la embestida algo brusca a mitad del muletazo. Erró con los aceros y fue silenciado.
Sebastián Castella no desaprovechó el quite al primero. Al segundo lo recibió con unos bellos delantales. Comenzó faena a pies juntos por estatuarios. Cuando le exigía por abajo doblaba las manos y cuando no, tocaba la tela a la salida del muletazo, por lo que se deslució todo pronto. Verónicas y remató por chicuelinas ante el quinto. Se colocó en el centro del ruedo y arrancó de lejos para cambiarlo por la espalda. Fue la faena con mayor intensidad de la tarde. El francés ligó dos por el derecho con recorrido pero se le acabó la energía al de Jandilla con el público entregado. Se metió entre pitones, supo mantener esa emoción y cortó una oreja tras una casi entera.
Verónicas de mano bajo de Roca Rey al tercero de la tarde. Recibió tres puyazos y se notó en la muleta. El inicio de faena fue intenso con estuarios y dos cambiados por la espalda muy ajustados. Al toro no le quedaba fuerza alguna y a pesar del intento no pudo sacar nada lucido. Espadazo de rápido efecto. El sexto fue un manso que marcó los terrenos. Se fue Roca Rey a tablas del tendido cuatro para sacar con esfuerzo y tesón, sin quitarle la muleta de la cara, dos series ligadas. De nuevo dejó una buena estocada y saludó ovación. 


