Morante de la Puebla recibió en su finca el ‘Galardón Tauromundo’ como ‘Triunfador de la Temporada 2025’
La Asociación Tauromundo volvió a dejar constancia de su firme compromiso con la defensa, promoción y dignificación de la tauromaquia culminar, el pasado 24 de enero, uno de los actos más significativos de la VI Bienal Internacional de la Tauromaquia. En esta ocasión, el protagonista indiscutible fue el maestro José Antonio Morante Camacho, “Morante de la Puebla”, quien recibió finalmente el Galardón Tauromundo que le acreditó como Triunfador de la Temporada 2025.
Dicho reconocimiento no pudo ser entregado en la fecha inicialmente prevista, durante la segunda jornada de la Bienal celebrada el sábado 26 de octubre en la ciudad de Jerez de la Frontera. Aquel encuentro, que revistió un carácter especialmente simbólico al enmarcarse en la candidatura jerezana a la Capitalidad Europea de la Cultura, se vio marcado por la ausencia del diestro sevillano debido a su delicado estado de salud. La imposibilidad de acudir al acto no restó, sin embargo, ni un ápice de valor al galardón ni al consenso unánime que lo señaló como máximo exponente de la temporada taurina.
Una vez superado su proceso de recuperación, Morante abrió las puertas de su finca, “La Huerta de San Antonio”, situada en La Puebla del Río, para acoger un acto íntimo y cargado de emoción. Hasta allí se desplazaron los máximos responsables de Tauromundo, entidad que organizó la Bienal y que volvió a ejercer como eje vertebrador de un acontecimiento que unió tradición, cultura y reconocimiento a la
excelencia artística.
El presidente de Tauromundo y de la Bienal Internacional de la Tauromaquia, Martín Vivas Ruiz, asistió al encuentro junto al vicepresidente de la Asociación y director de la Bienal, Gabriel Fernández Rey, quienes encabezaron una representación institucional que subrayó la importancia del momento. La entrega del trofeo corrió a cargo del maestro Julián López “El Juli”, cuya presencia añadió un valor simbólico añadido al reconocimiento entre figuras consagradas del toreo contemporáneo.
El acto se desarrolló en un ambiente de sobriedad y respeto, marcado por la cercanía y la gratitud. Morante de la Puebla, visiblemente emocionado, agradeció el galardón y el respaldo recibido tanto por Tauromundo como por el conjunto del mundo taurino, consciente de que el premio no solo distinguía una temporada triunfal, sino también una trayectoria artística profundamente influyente.
Con este gesto, Tauromundo reafirmó su papel como institución de referencia en la promoción de la tauromaquia desde una perspectiva cultural, histórica y artística. La VI Bienal Internacional de la Tauromaquia volvió así a consolidarse como un foro de prestigio internacional, capaz de reconocer a sus protagonistas incluso más allá de las fechas oficiales, priorizando el valor humano y la trascendencia del legado taurino.
La entrega del Galardón Tauromundo a Morante de la Puebla quedó, de este modo, como un episodio de especial relevancia dentro del calendario taurino, un acto que simbolizó la unión entre tradición y reconocimiento institucional, y que volvió a situar a la tauromaquia en el lugar que históricamente había ocupado dentro del patrimonio cultural.















































































































































































Toros de La Quinta, debutan hoy en esta plaza, el cuarto de nombre Aventurero nº30 premiado con la vuelta al ruedo, correcto de presentación y juego desigual destacando el cuarto y sexto, el resto sosos.












































































































































Se han lidiado toros de Garcigrande y Domingo Hernández primero y tercero, correctos de presentación y de juego dispar. Con mucho fondo el primero, con la cara suelta el segundo, tuvo movilidad el tercero, manejable el cuarto, áspero el quinto, repitió el noble sexto.
Toros de Daniel Ruiz, bien presentados pero blandos y descastados en su conjunto. La única excepción fue el tercero, que duró más que sus hermanos.

Toros de José Vázquez, el quinto como sobrero, desiguales de presentación y juego. El mejor, el cuarto, de nombre Jornalero, número 15, de 514 kilos y nacido en julio de 2015, que fue premiado con la vuelta al ruedo. Descastado, el primero; noble pero cogido con alfileres, el segundo, con clase y pocas fuerzas, el tercero; el quinto se inutilizó; y sin raza alguna, el sexto.


Cinco toros de Parladé y uno -el quinto- de Juan Pedro Domecq, bien presentados pero de muy poco juego por sus nulas fuerzas y escasez de raza, lo que hizo que algunos se vinieran directamente muy abajo y otros se defendieran con muy mal estilo. El menos malo fue el sexto.





Cuatro toros de Virgen María (1º, 2º y 3º y 4º) tres de Juan Pedro Domecq (6º, 7º y 8º) y uno de Parladé (5º). Corrida justita y cómoda de presentación, nobles pero bajos de raza la gran mayoría. Destacó sobremanera el gran tercero, de nombre «Oreado», número 95, que fue premiado con la vuelta al ruedo. También fueron buenos, segundo, séptimo y octavo.

Toros de Alcurrucén, muy justos de presencia y de juego desigual. El mejor, el quinto. Segundo y tercero fueron manejables dentro de escasez de raza y fuerzas. Inválido, el primero. Sin clase y muy incómodo, el cuarto; y deslucido el sexto.

Seis toros de Victoriano del Río, muy desiguales de hechuras, cuajo y volumen, con alguno vareado y terciado, y con distintos matices dentro de su juego desrazado, con más movilidad que entrega o clase. Destacó sobre todos el cuarto, el único realmente bravo del sexteto.









Cinco toros de Juan Pedro Domecq, bien presentados y de manejable juego. Extraordinario el 6º; y uno de Luis Algarra (4º bis), manejable.



















La gente, en esta y en otras plazas, espera a Roca Rey, el torero de moda, con una clara predisposición que se traduce en una manera más fuerte de aplaudir y de jalear cuanto haga en el ruedo que la dedicada a sus compañeros de cartel.
Salvo el serio y cuajado sexto, todos de muy justa presencia y con escasa ofensividad en las cabezas. Al conjunto, manejable e insulso, le faltó gran fondo de bravura y entrega, dentro de su juego a menos.














Probablemente la mejor noticia se produjera justo a la hora del paseíllo, cuando la plaza presentaba el imponente aspecto del lleno total, acompañado esta vez de una especie de tapiz de colores en el ruedo alusivo a los veinte años de alternativa que acaba de cumplir el protagonista de la tarde.
segundo lugar, otro cuatreño de preciosas hechuras, una auténtica «pintura», que hablaba por sí solo del empeño que los hombres de campo del torero madrileño pusieron para encontrar seis toros propicios para el buen resultado de su gesta.
Así fue su faena al terciado toro de Los Maños, la ganadería local, que tuvo un despacioso temple embistiendo y que Juli no llegó a paladear más que en algunos naturales de curvo trazo, antes de pinchar repetidamente con la espada.
con demasiados toques hacia el pitón contrario, fueron más cortos y ligeros que lo que parecía ofrecer el de El Pilar. Aun así, tras una estocada trasera y la brava muerte del toro, se pidió y se concedió para Juli esa segunda oreja que también iba a ser la última.
El voluminoso pero bien hecho cuarto, de Puerto de San Lorenzo, no tuvo clase ni fondo, sin responder a una mayor entrega del matador, que ya tuvo que echar el resto con el quinto, un «garcigrande» flacón y con tendencia a la huida, al que logró sujetar con facilidad.
Seis toros, en este orden, de Núñez del Cuvillo, de preciosas hechuras, flojo y noble; Los Maños, terciado y con temple; El Pilar (sobrero al correrse el turno tras devolverse el primero de Garcigrande por partirse un pitón contra un burladero), alto, flacón y con gran calidad; Puerto de San Lorenzo, hondo, mansón y sin clase; Garcigrande, muy vareado, rajado y sin entrega; y El Pilar (segundo sobrero, en sustitución de un inválido de Parladé), fino y con nobleza pero sin fuerza ni fondo.


































El primero de la tarde, de Victoriano del Río andaba justo de fuerzas. Bonito duelo de quites, Ginés Marín por gaoneras y le respondió El Juli por chicuelinas. A pesar del poco fuelle, el madrileño dejó naturales destacables pero sin posibilidad de ligar. Recibió palmas tras pinchazo y entera. El tercero salió con genio, con carácter, encastado y ahí tenía un torero para templar. El inicio de faena obligándole por bajo fue explosivo. Las tandas ligadas se repetían por ambos pitones con un mando total. Cambios de mano y toreo en redondo, los tendidos en pie. Había que rematar las dos orejas pero la espada solamente entró hasta la mitad y tras el certero descabello recibió una oreja. Frente el quinto quedó inédito tras lesionarse el de Domingo Hernández al inicio de muleta. Antes había saludado José María Soler en banderillas.
Ante el segundo de Alcurrucén lo puso todo Ginés Marín. Comienzo por alto y le costaba al astado la segunda mitad del muletazo. Firmeza a pies juntos pero se acabó pronto y pinchó. Su segundo rival, de Domingo Hernández salió reservón y no quería lucha en el caballo. Embestida arisca levantando la cara con peligro y en una de esas le pegó una tremenda paliza en el suelo, por milagro, sin consecuencias. Valor y jugándosela el extremeño toda la tarde. Saludó ovación. El que cerró plaza de Victoriano del Río tampoco se lo puso fácil. Una de las ovaciones de la tarde se la llevó el picador Agustín Navarro. Ya en la muleta le permitió los primeros compases pero pronto acortó el recorrido y a la defensiva.












