El toreo de Pablo Aguado y la rotundidad del Juli, ambos sin espada en Cuenca

El diestro Pablo Aguado realizó hoy miércoles el toreo de más quilates en el quinto y último festejo de la Feria de San Julián de Cuenca, pero lo echó todo a perder con la espada, lo mismo que Julián López «El Juli», que malogró igualmente con los aceros una rotunda faena a un toro de vuelta al ruedo.

El Juli, que no le quedó otra que tirar por la calle del medio con el muy deslucido primero, firmó una labor muy completa al cuarto de la tarde, que, a la postre, fue el mejor toro de un desigual envío de José Vázquez.

Pero este cuarto, de nombre Jornalero, fue un toro que siempre fue a más en las telas del torero de San Blas (Madrid), que lo cuidó muy bien al principio para acabar dominándolo por completo en series de mano muy baja y perfectamente compactadas.

Y es que lo bueno fue que no se le vio tan forzado como otras veces, al contrario, se le vio disfrutar muchísimo con el toro, recreándose también en adornos como los pases de pecho y otros alardes, e, incluso, se llegó a tirar de rodillas al final para el delirio de unos tendidos que comenzaron a pedir el indulto para el toro.

Pero el palco, con buen criterio, no lo concedió, pues, además de que el animal no fue tan completo como para ello, acabó finalmente afligiéndose ante tanta exigencia que le propuso Julián, que, acabó cortando una sola oreja por fallar a espadas. La vuelta al ruedo que concedieron a Jornalero en el arrastre, sí fue de ley.

Manzanares se las vio en primer lugar con un toro noble pero muy medido de fondo al que fue ahormando poco a poco a base de suavidad para acabar dándole fiesta por el derecho en una labor que aunó empaque y elegancia, aunque de ajuste anduviera más bien escaso. Pero a la gente le gustó, y a buen seguro le hubieran pedido las orejas de no atascarse finalmente en la suerte suprema.

El quinto fue un sobrero del mismo hierro titular que se lastimó en el último tercio. Mala suerte para el alicantino, al que no le quedó otra que abreviar.

Y Pablo Aguado, que reaparecía después de su percance en Gijón, toreó a las mil maravillas al enclasado y flojito tercero, al que pegó muletazos que aunaron belleza, embrujo y sentimiento. Todo muy despacio. Casi acariciando al animal con la franela a media altura, y recreándose también con exquisitos remates entre series. Lástima que perdiera el triunfo por su mala espada.

El sexto, en cambio, fue un toro sin raza alguna con el que Aguado no pudo pasar de los detalles sueltos, algunos de ellos de buena firma, antes de desistir definitivamente ante la imposibilidad de armar faena con tan apagado y desabrido antagonista.

FICHA DEL FESTEJO

Toros de José Vázquez, el quinto como sobrero, desiguales de presentación y juego. El mejor, el cuarto, de nombre Jornalero, número 15, de 514 kilos y nacido en julio de 2015, que fue premiado con la vuelta al ruedo. Descastado, el primero; noble pero cogido con alfileres, el segundo, con clase y pocas fuerzas, el tercero; el quinto se inutilizó; y sin raza alguna, el sexto.

  • Julián López «El Juli», silencio y oreja tras aviso.
  • José María Manzanares, ovación y silencio.
  • Pablo Aguado, ovación y silencio.

Incidencias: Al finalizar el paseíllo sonó el Himno Nacional.

La plaza registró tres cuartos largos de entrada en el quinto y último festejo de la Feria de San Julián.

CRÓNICA DE AGENCIA EFE

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