Destacan la entrega de Alfredo Gutiérrez, el arte de Ponce, la maestría de Pablo Hermos y, “Don Juan”, de San Constantino en el festival por la defensa de la Tauromaquia en Guadalajara
Ante tres cuartos de entrada, en tarde de agradable clima, se dio el festival taurino internacional de lujo a beneficio y en defensa de la Tauromaquia y, que cierra la Temporada Grande 2025 en el coso Monumental “Nuevo Progreso”, con duración de poco más de cuatro horas, resultando como triunfadores Alfredo Gutiérrez al indultar a “Don Juan” de San Constantino, el levantino Enrique Ponce por las orejas que cortó y el caballista estellés Pablo Hermoso de Mendoza, quien se hizo de un apéndice.
La española Olga Casado también “tocó pelo” en un burel de regalo.
Los demás integrantes del cartel, Arturo Gilio e Ignacio Garibay derrocharon ganas por querer agradar a la concurrencia.
Se lidiaron seis ejemplares de varias ganaderías siendo bueno el de San Pablo para rejones. Y, para la lidia a pie, el de Tequisquiapan fue muy bueno. El de Los Encinos evidenció debilidad. El de San Constantino, muy bueno, “Don Juan”, número 859 y con 495 kilos, fue indultado. Al de los Sucesores de Teófilo Gómez le faltó trasmisión, pero, se dejó torear en general. Y, el de De la Mora, se vino a menos. Hubo otros tres astados de regalo. Como séptimo, otro de Los Encinos, también de poca fuerza. El octavo, otro de San Pablo, de poco juego. Y, el noveno de regalo, de Peñalba, resultó bueno.
En el toro que abrió plaza, llamado “No Que No”, de San Pablo, para rejones, que tuvo calidad, el caballero en plaza navarro, en retiro, Pablo Hermoso de Mendoza, inició dejando dos rejones de castigo para luego cuajar una lucida faena, misma en la que colocó banderillas de frente y exponiendo. Templo a la grupa, a la mínima distancia y alternando los lados del caballo ejecutó la hermosina. Se dejó ver puesto con su cuadra, puso palos cortos e hizo la suerte del “Teléfono” desde su silla y clavó bien el rejón de muerte en el segundo viaje para obtener una oreja.
A pie, con el de Tequisquiapan, “Huizache”, de buen juego, el valenciano Enrique Ponce le puso oficio al manejar el capote. Buen puyazo del varilarguero Alfredo Ruiz. Con la muleta, Ponce “esculpió” una obra de arte a través de su maestría e inmaculado toreo al ir metiendo al astado poco a poco al engaño hasta cuajar brillantes tandas por ambos lados, plenas de profundidad, temple, buen trazo y sello personal. Terminó de estocada en buen sitio para hacerse de dos apéndices en medio del contento general.
El lagunero Arturo Gilio -padre-, con el de Los Encinos, que fue a menos por su debilidad, dio una larga cambiada de rodillas en tablas y, de pie, veroniqueó enclasado. Con la sarga, tras brindarle a su señora esposa e hijas, se fue a los medios para comenzar dando un cambiado por la espalda y ligar otros tres lances. Sin embargo, el burel evidenció su falta de fuerza y Arturo siempre buscó el lucimiento, pero, no hubo para más. Tuvo que abreviar para tener silencio.
SE DESPIDE EL SUBALTERNO ROBERTO KINGSTON
A la mitad del festejo se dio la despedida del rehiletero mexiqueño dinástico Roberto Kingston Hernández tras casi 31 años como profesional de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros, aplicando su examen para ella el 21 de enero 1990, en el coso Monumental “La Luz” de León, Guanajuato, en corrida de toros que protagonizaron los diestros Mariano Ramos, Jorge Gutiérrez y Mauricio Portillo, con toros de Tequisquiapan.
AL REANUDARSE EL FESTIVAL
En el ejemplar de San Constantino, muy bueno, “Don Juan”, número 859 y con 495 kilos, el local Alfredo Gutiérrez se fue a los medios y, de hinojos, lo intentó recibir con una larga cambiada, pero, fue arrollado, sufriendo un golpe en la nariz y, así, atolondrado, se puso de pie y veroniqueó hecho un jabato emocionando a la concurrencia para, luego, verse mejor en un vistoso quite por saltilleras y tafalleras. Con la pañosa, después de brindarle al ganadero de San Constantino, don Juan Pablo Corona Rivera y familia, Alfredo estructuró un trasteo que siempre fue a más, comenzando de rodillas, pleno de actitud y entrega, cuajando tandas profundas e intensas, sobre todo, por el perfil diestro, aunque en el mismo tono lo hizo al natural. Hizo el toreo en redondo e intercaló toreros detalles, haciendo vibrar los tendidos del coso “Nuevo Progreso”, provocando los gritos de ¡torero! Vino entonces la petición de indulto con mucha fuerza, mismo perdón que otorgó la autoridad. En tanto, Alfredo siguió dándose gusto al hacer el toreo bueno. El toro regresó a los corrales y Gutiérrez dio triunfal y contundente vuelta al ruedo acompañado del ganadero y de los hijos del propio matador.
El mexiqueño Ignacio Garibay, en el de los Sucesores de Teófilo Gómez, falto de trasmisión, pero, dejándose torear en general, se gustó en lances a la verónica cargando la suerte y mejor se vio en un quite por mariposas. Con la muleta, una vez que le brindara al ganadero y empresario don Juan Pablo Bailleres, Ignacio empezó emotivamente su labor de rodillas al hilo de las tablas por alto, para, luego, darse a realizar una faena esforzada, pero, el burel no le ayudó del todo. Lo sobó y gracias a ello le “sacó” pases de gran mérito. Mató al segundo viaje y fue aplaudido.
Y en el ejemplar que cerró el festejo, de De la Mora, que vino a menos, la novillera ibérica Olga Casado, quien así hizo su presentación en ruedos nacionales, poco pudo hacer al manejar el capote. Con la sarga, inició doblándose toreramente, para, entonces, realizar una faena importante, con valor y firmeza, hasta lograr pases de mucha hondura, aunque, sin lograr redondear del todo, pero, si dejando pasajes buenos que le fueron jaleados. Acabó de estocada al segundo viaje y así escuchar aplausos.
TRES EJEMPLARES DE REGALO
Arturo Gilio en el séptimo de regalo, otro de Los Encinos, débil, le puso empeño manejando el capote. Con la pañosa, tras brindarle a todos sus compañeros de cartel, poco pudo hacer, aunque si logró algunos pases meritorios. Sin duda, el buen deseo de Gilio se frustró con la poca colaboración del astado. Terminó de estocada para ser aplaudido.
En el octavo de obsequio, de San Pablo, de poco juego, Ignacio Garibay jugó bien los brazos en lances a la verónica. Con la muleta, se vio dispuesto en todo momento hasta lograr pases de mucha profundidad, pero, el astado vino a menos, no el ánimo del matador. Mató de estocada en el segundo intento para hacerse aplaudir.
Y Olga Casado, en el noveno de regalo, de Peñalba, bueno, lanceó bien a la verónica y quitó igual entre aplausos. Con la sarga, previamente se dobló para, después, hacer el toreo profundo, a base de entrega y buen trazo, largando tela templada por ambos pitones, intercalando detalles toreros. Terminó de estocada, el astado tardó en doblar y, al final, se le concedió una oreja tras un aviso.
FICHA
LUGAR: Guadalajara, Jalisco.
EVENTO: Festival taurino internacional de lujo a beneficio y en defensa de la Tauromaquia y cierre de la Temporada Grande 2025, con duración de más de cuatro horas.
PLAZA: Monumental “Nuevo Progreso”. ENTRADA: Tres cuartos, en tarde de agradable clima.
GANADO: Seis ejemplares de varias ganaderías siendo bueno el de San Pablo para rejones. Y, para la lidia a pie, el de Tequisquiapan fue muy bueno. El de Los Encinos evidenció debilidad. El de San Constantino, muy bueno, “Don Juan”, número 859 y con 495 kilos, fue indultado. Al de los Sucesores de Teófilo Gómez le faltó trasmisión, pero, se dejó torear en general. Y, el de De la Mora, se vino a menos. Hubo otros tres astados de regalo. Como séptimo, otro de Los Encinos, también de poca fuerza. El octavo, otro de San Pablo, de poco juego. Y, el noveno de regalo, de Peñalba, resultó bueno.
CARTEL: El rejoneador navarro Pablo Hermoso de Mendoza: Una oreja.
Enrique Ponce: Dos orejas.
Arturo Gilio: Silencio y palmas en el séptimo de regalo.
Alfredo Gutiérrez: Vuelta al ruedo tras indultar a “Don Juan”, número 859 y con 495 kilos, de San Constantino.
Ignacio Garibay: Palmas y palmas en el octavo de obsequio.
La novillera Olga Casado: Palmas y una oreja tras un aviso en el noveno de regalo.
INCIDENCIAS: Tras la lidia del tercer astado de la tarde, a la mitad del festival, se dio la despedida del rehiletero mexiqueño dinástico Roberto Kingston Hernández tras casi 31 años como profesional de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros, aplicando su examen para ella el 21 de enero 1990, en el coso Monumental “La Luz” de León, Guanajuato, en corrida de toros que protagonizaron los diestros Mariano Ramos, Jorge Gutiérrez y Mauricio Portillo, con toros de Tequisquiapan.
FOTOS. Emilio Méndez































































































































































Toros de José Murube, correctos de presentación, descastado en general.




































Cuatro toros de El Capea y dos de Carmen Lorenzo (2º y 4º), despuntados para rejones, de escasa ofensividad de cabezas y muy voluminosos y hondos en su conjunto. Salvo 1º y 3º, que se rajaron, el resto resultaron excelentes por bravos o por su enclasado y entregado galope, en especial el quinto, al que debió concederse la vuelta al ruedo en el arrastre.








Dos toros para rejones de los Herederos de Ángel Sánchez y Sánchez y, en lidia ordinaria, tres de Domingo Hernández y uno, el quinto, de Garcigrande, justos de presentación, nobles y manejables en distintos grados. El mejor, el quinto, de nombre «Guitarra», premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.











De ahí que, en cuanto los toros ponen algo de su parte y los rejoneadores matan a la primera, casi todos los años se corten muchas orejas que, en una indiscriminada tabla rasa, impiden distinguir los verdaderos méritos y matices de cada faena.
En cambio, el éxito rotundo le llegó con el cuarto, un toro grandón y de bastas hechuras que apenas tuvo celo para seguir a sus caballos. Hermoso tuvo que hacer un gran esfuerzo para estimular sus embestidas y, además, centrar en la faena a unos tendidos donde en ese momento estaban más pendiente de los sabrosos bocatas de chistorra que de lo que pasaba en el ruedo.
A Roberto Armendáriz, otro jinete navarro que triunfó en la pasada edición con más redondez, se le vio inseguro y desajustado con el primero de su lote, que resultó más que manejable. Así que, para no quedarse en tierra, tuvo que echar el resto con el sexto, con el que cambió radicalmente de actitud.












