Pablo Hermoso de Mendoza y Lea Vicens, que cortaron dos orejas cada uno, salieron a hombros al final de «paritario» mano a mano que les enfrentó hoy en la feria de San Isidro y en el que el jinete navarro marcó con su maestría unas abismales diferencias

Los rejoneadores Pablo Hermoso de Mendoza y Lea Vicens, que cortaron dos orejas cada uno, salieron a hombros al final de «paritario» mano a mano que les enfrentó hoy en la feria de San Isidro y en el que el jinete navarro marcó con su maestría unas abismales diferencias.

De hecho, el segundo trofeo de la amazona francesa, el que avalaba su Puerta Grande, fue muy generosamente pedido y concedido una vez que se la vio por debajo de la bravura del sexto, al que, además, mató de un feo golletazo, detalle no menor, que por sí solo demeritaba su labor.

En cambio, la faena de Hermoso de Mendoza al quinto fue una antología del más templado, preciso y sublime toreo a caballo, en el más estricto sentido de la frase, lo que le valió la concesión de dos de las orejas más rotundas y unánimes de toda la feria.

Después de hacer un alarde de maestría lidiadora con los dos toros anteriores, sendos mansos rajados y de acusada querencia a tablas con los que solo estuvo desacertado, y mucho, con los rejones de muerte, Hermoso ese quinto, de una suprema calidad en sus embestidas, le permitió a Hermoso marcar las profundas diferencias con su rival femenina de hoy.

Y no se trata tanto de los más de veinte años de experiencia que los separan, sino del propio concepto del rejoneo que ambos practican. Más concretamente de la verdad y la pureza de Hermoso frente a los desaciertos y la falta de sinceridad de Vicens, que llega más por su simpatía y populismo que por sus hechos al siempre festivo público de rejones.

Por eso lo de Hermoso con el quinto solo puede ser calificado como un toreo a caballo antológico, por la forma en que aquilató y aprovechó con precisión y máximo ajuste la brava calidad del «murube» del Niño de la Capea, que no paró de galopar con entrega y un sincopado ritmo tras sus cabalgaduras.

El jinete navarro correspondió a ese gran juego con una lidia prodigiosa y desnudamente sincera, desde que lo paró con «Alquimista» hasta que lo mató sobre «Pirata». Y, entre medias, con la cima de un soberbio tercio de banderillas con el genial «Berlín» y el valiente «Arsenio», que es una de las novedades de su cuadra.

El primero, castaño de pelo, toreó a «Bondadoso», que así se llamaba el gran toro de Capea, con un elegante y pausado temple, llevándolo cosido a la grupa para que su jinete se recreara toreando, clavando y adornándose en ese alarde de torero maestría.

Por su parte, «Arsenio», de capa torda, puso la chispa de la emoción en las piruetas realizadas tras clavar ante los mismos belfos del toro, en una de las cuales, asombrosamente, llegó a pasar incluso sus patas delanteras por encima del testuz.

Tras un rejonazo fulminante, la plaza se volcó en la petición de esas dos orejas que numéricamente no hacen distingos en el balance final, pero que tuvieron el peso del oro de ley a tenor de lo que premiaron.

Por su parte, Lea Vicens estuvo muy entonada con el primero, que fue otro de los toros de auténtica clase de la buena corrida salmantina. Sosegada y centrada, clavó banderillas con mayor ajuste y acierto que los que mostró con los otros dos toros, bravos y exigentes, ante los que no pasó de voluntariosa entre embroques desajustados, pasadas en falso y alardes de doma para la galería.

FICHA DEL FESTEJO:

Cuatro toros de El Capea y dos de Carmen Lorenzo (2º y 4º), despuntados para rejones, de escasa ofensividad de cabezas y muy voluminosos y hondos en su conjunto. Salvo 1º y 3º, que se rajaron, el resto resultaron excelentes por bravos o por su enclasado y entregado galope, en especial el quinto, al que debió concederse la vuelta al ruedo en el arrastre.

  • Pablo Hermoso de Mendoza, de casaca azul y plata: cinco pinchazos (silencio); tres pinchazos y rejonazo trasero (silencio); rejonazo trasero (dos orejas).
  • Lea Vicens, de chaquetilla azul noche y azabache: rejonazo trasero (oreja); cinco pinchazos, rejonazo contrario y dos descabellos (silencio); golletazo (oreja).

Hermoso y Vicens salieron a hombros por la Puerta Grande.

Vigésimo sexto festejo de abono de la feria de San Isidro, con casi lleno en los tendidos (20.924 espectadores, según la empresa), en tarde agradable.

CRÓNICA DE PACO AGUADO AGENCIA EFE

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