Puerta Grande para Marco Pérez en su debut como matador en Valencia
Redacción Francisco Oliver:
Seis toros de Santiago Domecq se lidiaban esta tarde en la Plaza de Toros de Valencia; Miguel Ángel Perera, Víctor Hernández y Marco Pérez hacían el paseíllo en esta octava de abono de la Feria Taurina de Fallas 2026.
‘Marquesón’, número 70, de 565 kilos, era el primero De Santiago Domecq, un tío en toda regla. Animal largo, cuajado y de mucha seriedad en su conjunto, al que dejó verónicas de poco eco Miguel Ángel Perera. Echó la cara arriba en el caballo de Ignacio Rodríguez, entrando al quite Víctor Hernández por gaoneras en las que lo desarmó, una tafallera y una revolera. Le respondió Perera cuando el viento comenzó a azotar más, de nuevo por una argallera y por gaoneras en las que el toro se le metió por dentro. Toro pasador, pero al que le faltaba rebozarse por abajo, sin decir nada en el viaje y echando un punto la cara arriba a partir de la mitad del muletazo. Por ahí rascó Perera momentos de profundidad, especialmente por la zurda. Pero no terminó de llegar arriba de forma rotunda la difícil facilidad del toreo de Miguel Ángel. No acertó con el acero. Silencio tras aviso.
El segundo de la tarde fue un toro negro mulato «Remendido» de bonitas hechuras y con plaza el toro de Santiago Domecq al que lo recibió Víctor Hernández a la verónica, se le pego poco al toro. Marco Pérez utilizo su turno de quites por navarras. En la faena de muleta Víctor tiro de verdad y pureza por el pitón derecho , por el izquierdo la condición del toro fue menor , embistiendo sin humillar y restando intensidad a la faena. gusto el torero de Santos de la Humosa en el coso valenciano dejando esencia y gusto. La estocada fue precisa de ejecución pero quedo en exceso tendida. El toro doblo y la petición fue mayoritaria aunque el presidente no concedió la oreja.
El tercer toro fue un colorado herrado con el numero 53 de nombre «Bravio» al que recibió Marco Pérez con una larga cambiada en el tercio. La condición del toro fue buena, humillando y colocando la cara en le capote del salmantino. En el caballo se empleo el toro metiendo los riñones aunque no se le pego en el segundo. Quite de Miguel Ángel Perera por tafalleras. En banderillas al entrar en la boca del burladero Juan Antonio Prestel tropezó justo antes de llegar a la tronera tras el par de banderillas y el toro lo prendió de fea manera metiendo el pitón dentro del burladero, rápido fue trasladado a la enfermería con un apreciable golpe en la boca. El inicio de faena de Marco Pérez fue intenso toreando de rodillas con la mano derecha llegando a los tendidos, dio distancia al toro el torero de Salamanca en las siguientes tandas buscando la viveza del de Santiago Domecq. Fue inteligente Pérez templando al buen toro del hierro gaditano y buscando toda la faena llegar a los tendidos con éxito. El final de faena fue aun de mayor calidad con un toro venido a mas , cerrado en tablas pero embistiendo con clase. formo un lio el joven matador en una faena de mas a mucho mas. La estocada fue perfecta de ejecución y el toro tuvo una muerte de bravo tragándose la muerte y cayendo sin puntilla , dándole el tiempo necesario Marco Pérez. Oreja tras petición de la segunda que incontestablemente no concedió el presidente.
«Barbechero» fue un toro pesador, serio, negro listón, el cual no permitió estirarse a Miguel Ángel Perera con el capote, se dejo pegar el toro en el caballo. Se partió la mano al salir del caballo el toro y se devolvió el toro a los corrales y salto el sobrero de la misma ganadería de nombre «Lunero», castaño y cinqueño , apretó el toro en el caballo, tras las banderillas brindo Perera al publico e inicio la faena toreando por bajo para ordenar la embestida del sobrero de Santiago Domecq. Perera le dejo muy puesta siempre la muleta buscando la ligazón pero el toro duro poco en la muleta, apagándose rápido y con ello se vino la faena abajo. Mato bien y fue ovacionado en el tercio en torero.
El quinto fue lugar de Víctor Hernández, un bello toro salinero de nombre «Sultán» salto al ruedo . Todo lo bello que tuvo el toro en su pelaje lo tuvo de violento en las telas, lo intento Víctor con bellas maneras , pureza y verdad pero fue imposible por la condición del toro, dejo una grata impresión estando muy por encima del que fue el peor toro de la corrida. Dejo media estocada y fallo varias veces con el descabello. Silencio.
Cerro plaza «Inquisidor», un toro negro mulato al que recibió Marco Pérez intentando estirarse a la verónica. No se pico al toro casi. En banderillas Vicente Herrera y Daniel Duarte tuvieron que banderillear al toro aun no siendo de esta cuadrilla tras hacerse daño Elías Martin en un hombro en el primer par de banderillas y permanecer Prestel en la enfermería. Comenzó Marco Pérez una faena en la que el toro fue incomodo de inicio, haciendo hilo y incomodando al matador, los muletazos llegaron de uno en uno y al toro pronto le costo pasar y se quedo corto. Marco no se amedranto y busco el triunfo sin miramientos toreando en muletazos paralelos a las tandas robándole lo que el toro no tenia. Mato en la suerte contraria tirándose con todo, estocada que valía media oreja , la petición fue alta y fue concedida la oreja.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Valencia. Octava de la Feria de Fallas. Corrida de toros. Media plaza.
Toros de Santiago Domecq.
Miguel Ángel Perera, de marino y oro: Silencio tras aviso y ovación
Víctor Hernández, de azul rey y oro: Vuelta al ruedo tras petición y silencio
Marco Pérez, de azul eléctrico y oro: Oreja tras fuerte petición de la segunda y oreja.
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Toros de Juan Pedro Domecq, el primero con el hierro de Parladé, aceptablemente presentados y de juego desigual. Flojo el primero; manejable por el derecho el segundo; bueno el tercero; descastado y sin fuerza alguna el cuarto; el quinto pareció lesionarse durante la lidia; y de buen juego también el sexto.



Dos toros para rejones de María Guiomar Cortés de Moura (1º y 4º), mansurrones; y cuatro en lidia ordinaria del Puerto de San Lorenzo y Sánchez Arjona, bien presentados y de poco juego. Noble y apagado, el segundo, que acabó también rajándose; reservón y a la defensiva, el tercero; sin raza, el quinto; y más manejable, el sexto, aunque fue el tuerto en el país de los ciegos.
Seis toros de Román Sorando, desiguales de presentación y juego. Descastado y sin fuerzas, el imposible primero; noble y blandito, el segundo; el tercer fue un gran toro, encastado y con duración; de poquito fondo, el cuarto; el quinto duró un suspiro; y apagado y sin romper, el sexto.
Toros de Juan Pedro Domecq, primero y sexto con el hierro de Parladé, de parejas y armónicas hechuras, sin exageraciones de ningún tipo, menos todavía por delante, noblotes, justos de fuerzas y bajos también de raza, que en general se dejaron en distinto grado. El mejor, el tercero, un toro extraordinario.


Toros de Luis Algarra. El 2º fue devuelto corriéndose turno. El sobrero, lidiado en quinto lugar, de nombre Holgado, nº 26, fue premiado con la vuelta al ruedo.


d
Cuatro toros de Garcigrande y dos de Domingo Hernández (1º y 3º). Noble y con las fuerzas contadas el primero; con duración y entrega el buen segundo; tardo y de poco fondo el tercero; soso el cuarto; desigual el quinto, casi nunca hasta el final; de muy poca duración el sexto.
Toros de 
Seis toros de Núñez del Cuvillo, de justa y medida presentación, aunque con aparatosas cabezas, y de juego excelente por su nobleza generalizada y la calidad de varios ejemplares, en especial tercero y quinto. Solo el cuarto no dijo juego, afectado probablemente de una lesión durante la lidia. Al sexto se le premió con la vuelta al ruedo en el arrastre, más como premio al conjunto.


Seis toros de Antonio Bañuelos, de bonitas hechuras pero justos de fuerza y raza, que hicieron que no acabaran de romper en el último tercio. El menos malo fue el primero; y el segundo, que se rajó enseguida, fue el más deslucido.














Cinco toros del Conde de Mayalde, bien presentados, blandos y descastados, a excepción del buen tercero; y un sobrero -el segundo- de Sánchez Arjona, en el límite de todo.


















Vareado y «feo» por delante, por aparatoso y cornivuelto de pitones, tuvo este que abrió plaza un punto de reservón que el veterano diestro supo corregir, encelándole con suavidad y a media altura para hacerle más cómodo el esfuerzo, hasta llegar a cuajar así un buen puñado de largos y templados naturales.
Entre los buenos toros de la tarde hay que inculir también al fino y terciado segundo, más medido de fuerza per con una palpable calidad en su noble embestida. Pedía así más sutileza en el trato que la que aplicó Miguel Angel Perera, desde un principio y en todo obstinado en forzarle tan por abajo en los cites y en el trazo que acabó haciendo que el animal se parara, casi acobardado.
De seguir así, la faena hubiera sido memorable, pero el esfuerzo que supone un hacer un toreo de tanta entrega, aun en una sola serie de muletazos, pareció desfondar al propio torero, que, lamentablemente, ya no volvió a repetir un momento de tanta y auténtica intensidad. Y eso que «Tomatillo» seguía teniendo muy alto su rebosante depósito de raza.
















Hubo, pues, más toros que toreros en este clásico festejo que, en otro tiempo, se consideraba el de mayor categoría de la temporada madrileña y que por ello contaba siempre con la presidencia del Jefe de Estado.
Si con tantas y tan claras posibilidades de triunfo solo Ginés Marín, el más joven de la terna, consiguió cortar una oreja, de escaso peso específico, se debió a que tanto él como sus compañeros no aplicaron la mejor fórmula, la de la entrega y el toreo de mando con los vuelos de la muleta, para que fluyeran esas embestidas largas y entregadas que marcaron los ejemplares de Alcurrucén.
Al joven Marín le cupo en suerte un lote de triunfo grande, o al menos de mayor repercusión que esa oreja «de beneficencia» que le pidió un público tan amable como es costumbre en este tipo de corridas.
Miguel Ángel Perera lidió en primer lugar a un noble de Victoriano que embistió lento las primeras tandas por la poca fuerza del astado. Perdió ese poco fuelle y falló con los aceros. Ante el cuarto pudo ligar en los primeros compases. Destacar una tanda en la que le obligó con firmeza por bajo de pitón a pitón y el de Victoriano metiendo bien la cara y humillando. Se rajó pronto y de nuevo falló con los aceros.
Alejandro Talavante se chocó ante un lote sin ninguna opción. El segundo fue un desrazado ante el que abrevió. Buen comienzo de doblones ante el quinto y ligó una por el derecho hasta que dobló las manos. Otro sin gasolina y de nuevo pronto a por la espada.
Cuando salió el tercero estaba cayendo una fuerte tormenta. Los tendidos se despoblaron y olés con las verónicas de recibo. Cambió el viaje en el inicio de faena viniéndose de lejos e intentó templar el peruano esa embestida rebrincada. Buscó tablas y falló con los aceros. Ante el sexto, con la tarde a menos, ahí estuvo la garra de Roca Rey para levantar los ánimos y los tendidos. Quite por gaoneras y comienzo intenso por estatuarios arriesgados. Templó y buscó la distancia ya que cuando le bajaba mucho la mano doblaba. Firmeza y valor, con el toro a menos y el público entregado se sacó una arrucina y lo exprimió entre pitones con susto incluido al quedar a merced del toro. Estocada hasta la bola de efecto fulminante y oreja.






Ya con el cuarto de la tarde, el toro más fuerte del encierro, un punto basto y con kilos. No se emplea nada en el capote, dando síntomas de flojedad. Muy medido en varas y complicado en la brega no quiere saber nada del capote que le ofrece Iván García. Hace un esfuerzo César con el manso de libro al intentar sacar muletazos de un animal totalmente aquerenciado en tablas. El torero pone todo de su parte en una labor voluntariosa. Mata de buena estocada, y la faena es premiada con una oreja.
El quinto toro, lo vuelve a torear magistralmente con el capote. Muy templadas las verónicas acompasadas en los vuelos, toques y velocidad del percal. Apenas se le pica al animal y comienza Perera a pies juntos por alto en una tanda que culmina con un pase de pecho sacado previamente de un pase cambiado por detrás. La plaza en pie, locura colectiva. Se suceden las tandas de trazos largos, dominadores y con un denominador común: EL TEMPLE (…ese que da y quita como diría D. Pablo Lozano). Con la izquierda instrumenta muletazos “kilométricos” en virtud de esa muleta ipnotizadora manejada por un torero de una capacidad tan larga como el toreo que ofrece cada tarde. El final con los pitones en la barriga, tocando los muslos, atropellando la razón, donde el espacio físico no dejaba pasar al animal. Tremendo el final de temporada de Perera. Mata de media estocada en buen sitio y descabello. Petición de dos orejas y rabo que el presidente hace caso omiso recibiendo una sonora bronca.
El sexto fue un toro que salió sin querer pelea con el torero. Desrazado, sin emplearse en capote es picado por Luís Miguel Leiro, saliendo descordinado y siendo sustituido.
Miguel Ángel Perera ha sido distinguido por el Hipódromo de la Zarzuela, en Madrid, como Embajador honorífico de su 75 aniversario, una efeméride que esta institución conmemora estos días. En un acto presidido por la Infanta Elena de Borbón, el torero de Badajoz fue reconocido junto a otras personalidades de la vida social española representativas de otros ámbitos como la diseñador Ágatha Ruiz de la Prada, la actriz Ana Obregón, la modelo Noelia López, la bailaora Cecilia Gómez o la periodista y escritora Irene Villa, entre otros.