La Escuela de Tauromaquia de la Comunidad de Madrid José Cubero “Yiyo” celebra su fiesta de Navidad

Madrid. 16 de diciembre 2018.- La Escuela de Tauromaquia de la Comunidad de Madrid José Cubero “Yiyo” ha celebrado esta mañana, en la carpa instalada en ruedo de la Plaza de Toros de Las Ventas, su fiesta de Navidad. Un encuentro de alumnos, profesores, familiares y colaboradores de la entidad que ha servido para poner el broche al año que termina.
Durante la temporada 2018, los alumnos de la ETCM “Yiyo” han participado en un total de 27 clases prácticas, han ocupado 88 puestos en 62 novilladas sin picadores y han participado en importantes certámenes.
El director de la Escuela, El Fundi, ha sido el primero en tomar la palabra para poner de relieve que “todos los que formamos parte de la Escuela estamos mejor atendidos que nunca y eso se transmite en los resultados que estamos consiguiendo”. Tras su agradecimiento a la Comunidad de Madrid y Plaza 1, El Fundi quiso tener palabras para los alumnos. “Aunque parezca duro tengo que agradecerles el esfuerzo que hacen diariamente, se lo difícil que es compaginar estudios y su pasión y es de admirar su manera de vivir y de comprometerse con nosotros”.
Por su parte, Nacho Lloret, gerente de Plaza 1, apuntó que “si hacemos balance de estos dos años tenemos que estar contentos y orgullosos. Hemos salvado la Escuela y la hemos hecho mejor. El número de alumnos se ha duplicado y hemos consolidado algo que merecía mucho la pena. Por la parte que nos toca a Plaza 1, este es uno de los grandes objetivos, y es una de las cosas que más nos llena en Las Ventas. Aquí invertimos en futuro y es emocionante ver cómo se han doblado el número de novilladas sin picadores en las que han intervenido los alumnos, con la dificultad que hoy día tienen este tipo de festejo”.

Cerró el turno de intervenciones Manuel Ángel Fernández, director gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, quien recordó que “gracias al pliego y la oferta que hizo Plaza 1 esta Escuela fue posible”. Manuel Ángel reafirmó el compromiso de la Comunidad de Madrid para el fomento de la tauromaquia y su objetivo “de seguir con este compromiso para hacer esta Escuela todavía más grande”. “Las cifras han crecido mucho este año pero lo importante son las personas, los profesores y los alumnos, porque este crecimiento es gracias a ellos y el magnífico ambiente que hay ”.
En el evento, la Escuela también ha querido tener un detalle con todos los profesionales del sector que han colaborado este año con la labor docente en las clases teóricas. Y junto a ellos, protagonismo también para Guillermo García, al que han entregado una muleta y un capote como alumno destacado en las pruebas de conocimiento realizadas




Fonseca, que había dejado unas impávidas saltilleras en su turno de quites al tercero de la tarde, demostró ya en el suyo que, además de valor, tiene unas formas extraordinarias por el temple, la colocación, la manera de querer hacer cosas por abajo y rematando siempre en la cadera.
Igual de bien anduvo con el octavo y último, al que pegó naturales exquisitos dentro de una faena bien estructurada y medida en comparación con las dos sus compañeros de cartel. La estocada entró en el segundo envite y, aunque la petición no fue tampoco mayoritaria, le faltó «meter más autobuses», que dijo un aficionado desde el tendido, cortó una oreja que recompensó su buena tarde.
Guillermo García demostró sentido del temple y un trazo largo del muletazo ante su buen primero. Quizás el único pero fue cierta falta de ajuste en algunos momentos y un mejor manejo de la espada, defectos que este otro alumno de la escuela del Yiyo podrá ir corrigiendo para complementar las virtudes antes apuntadas.
La tarde empezó muy mal. Una cornada a las primeras de cambio tornó en drama la fiesta de la Hispanidad en Las Ventas. La sufrió el albaceteño Rubén Pinar en los prolegómenos de la faena de muleta al primero de corrida, un toro de aparente nobleza pero muy medido de casta y de escasa movilidad.
El toro le persiguió de tal manera que lo cazó en el aire, en un salto conjunto que hicieron hombre y animal hacia el interior del callejón. La estampa fue tremenda, como también lo fue el topetazo que se pegó el astado contra el burladero interior. El hombre de plata fue llevado a toda prisa a la enfermería, aunque pronto llegarían noticias alentadoras sobre su estado.
Como lo que propuso el rubio de Getafe al desabrido sexto, con el que volvió a estrellarse ante otro toro vacío por descastado.
En la enfermería fue intervenido Ruben Pinar de: «cornada en tercio superior, cara interna del muslo derecho con dos trayectorias: Una de 25 centímetros hacia arriba que contusiona el isquion y otra hacia atrás de 20 que bordea el fémur y produce destrozos en músculos adductores y contusiona el paquete vasculonervioso, de pronóstico muy grave».
Abrió la tarde Diego Urdiales que tuvo que luchar contra el viento. El primero fue un encantado noble al que había que mandarle y el riojano lo hizo. Con tesón y uno a uno dejó bellos muletazos por ambos pitones. Faena de poderío que remató con una estocada entera antes de pasear la primera oreja de la tarde. Ante el cuarto llegó el toreo caro y la apoteósis en Madrid. Ya metía bien la cara el buen cuarto en el capote de Urdiales. Comenzó faena por doblones y derechazos largos con el astado humillando y el riojano llevándolo muy encajado. Uno en redondo al principio de faena fue el punto de partida para que Madrid rugiera con la pureza de Urdiales. Al natural dejó tres series antológicas que levantaron al público de los asientos. Los remates por bajo antes de la estocada entera fueron el punto y final para tocar la gloria y cortar dos orejas.
Octavio Chacón lidió en segundo lugar a un áspero que salía suelto de los capotes. Ya con la muleta fue imposible de templar. En uno de esos derrotes lo levantó del suelo y le rompió la taleguilla. Actuación heroica ante las dificultades que le oponía su rival. No le dudó y tras una estocada certera paseó una oreja. Mala suerte tuvo en el lote y el quinto fue un manso que no le dio opción de redondear la tarde. Tras derribar al caballo y picador le pegó una coz desarmando a Chacón y lo prendió feamente por la chaquetilla. Con el susto en el cuerpo se la puso con pundonor y entregado. Ni un pero a la actitud del gaditano que mató de pinchazo y entera y que saludó tras otra meritoria faena en una tarde de fuerte compromiso.
David Mora paró al tercero con cadenciosas verónicas. Saludó Ángel Otero tras dos espectaculares pares. Ya se vislumbraba la fijeza y nobleza del extraordinario astado y cuando cogió la muleta descolgó el cuello y arrastró el hocico por el albero. David Mora ligó tandas por ambos pitones pero no conectó con los tendidos y «Laminado» no se cansaba de embestir con bravura y transmisión. La espada no entró a la primera y se le pidió con fuerza la vuelta al ruedo al gran toro de Fuente Ymbro. El sexto titular fue devuelto tras partirse la mano y salió un sobrero de El Tajo. Tampoco hubo conexión y todo fue a menos. 


Lleno en la plaza para la tarde más importante de Diego Ventura y una tarde para la historia del rejoneo. La ovación de salida fue clamorosa y sacó Ventura a la veintena de caballos que trajo con el público en pie. 


Empezó interesante la tarde con Talavante yéndose a la puerta de chiqueros para recibir al primero de la tarde solventando bien la portagayola. Juan José Trujillo se tropezó en la lidia y el astado lo levantó del suelo recibiendo un tremendo golpe. No hubo toro, no tuvo ni un pase y abrevió Talavante matando de pinchazo y media. El cuarto demostró de salida poca casta. Lo más intenso de la faena vino de la mano de Trujillo en el tercer par de banderillas. Quedó inédito de nuevo Talavante ante el soso y flojo cuarto ante el que falló con los aceros.
fue silenciado tras entera y numerosos descabellos. El quinto titular fue devuelto y salió un sobrero de Conde de Mayalde. Se vino arriba en el caballo y se arrancaba de lejos a la muleta de Lorenzo. No acabó de cuajar la faena y no acabaron de entenderse toro y torero y a pesar de los esfuerzos del toledano no hubo conexión con los tendidos. Desacertado con el descabello. 
De Justo, que reaparecía de un grave percance sufrido hace apenas una semana y tras el reciente fallecimiento de su padre, tuvo una actuación decidida y firme, aunque de desiguales resultados, con los dos toros de su lote, pero fue con el acero con el que consiguió la unanimidad.
voluminoso y cornalón ejemplar de casi 600 kilos y con una acusada querencia a chiqueros desde que salió del caballo.
Marín supo aprovechar las repetidas embestidas que tuvo ese otro toro, a pesar de sus 609 kilos de peso, consiguiendo ligarle varias series de muletazos por ambos pitones, aunque sin que los pases tuvieran el suficiente pulso y mando como para gobernar más y mejor a un animal que lo pedía para sacar su auténtico fondo, el que se vio en los salpicados momentos en que el matador dio con la tecla.
FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Puerto de San Lorenzo (1º y 3º con el hierro de La Ventana del Puerto), bien presentados, aunque desiguales de volúmenes y alzadas. De juego también dispar, los hubo desrazados y sin celo, frente a toros con movilidad y sin mucha entrega. El mejor, con diferencia, fue el tercero, que se empleó con mayor celo y clase.








Pero la sombra de la tragedia removió el ya decaído ambiente cuando Fortes, después de esforzarse sin éxito ante un desrazado sobrero de Mayalde, se tiró a matarlo muy recto por segunda vez y fue prendido aparatosamente por el pecho.
Esa tranquilidad por conocer la menor gravedad del percances se unió a la alegría de ver a Pablo Aguado pasear la oreja del sexto de la tarde, al que el de Sevilla toreó con una naturalidad y un aplomo notables a pesar de la áspera condición de un astado que se comportó tal y como prometían sus destartaladas y feas hechuras.
Desde el recibo, sujetando primero al toro para luego ganarle terreno con templadas verónicas camino de la boca de riego, hasta los dos soberbios quites por chicuelinas y delantales que le cuajó, Pablo Aguado se decantó hoy en Madrid como uno de los nuevos valedores de una clásica y honda forma de torear de capa que está en peligro de extinción.








Fácil y desigual en banderillas, el alcarreño brindó al personal una faena tan aseada como ligera y despegada a un animal de clase y temple en sus embestidas. Quizás le faltó algo más de motor, de transmisión, pero no fue excusa para que Sánchez Vara hubiera estado de otra manera con él. Hubo más toro que torero.
No quiso nunca pelea. O directamente no pudo afrontarla. Tanto en el caballo, donde su paso fue un mero trámite, como en el último tercio, se negó en redondo el astado, que acabó finalmente derrumbándose para desesperación de los tendidos.
Y, al igual que su hermano anterior, tuvo calidad en la muleta, desplazándose con buen son por los dos pitones, aunque también le faltara ese plus de emoción. El joven galo anduvo con algunos altibajos en lo fundamental, alternando pasajes de nota como una primera tanda al natural extraordinaria con otros más deslavazados.
Pero en el último tercio estuvo muy desconfiado el castellanoleonés con un toro que no admitía dudas, con ese peligro sordo que apenas trasciende, un animal tardo en sus «dormiditas» y cortas acometidas, con la cara natural y reponiendo. Castaño no pasó de las probaturas, despegado, sin acabar de someterlo ni de verlo claro en ningún momento.
sonar estribos y queriéndose quitar el palo en los dos encuentros que mantuvo. En la muleta le faltó raza para perseguir los engaños con codicia y finales en sus cada vez más cortas y defensivas acometidas. El aragonés anduvo digno aunque sin resolver prácticamente nada en lo artístico.
No fue nada del otro mundo, como tampoco su comportamiento en el último tercio, donde, sin ser malo, le faltó entrega y transmisión. Pero había que hacerle bien las cosas, pues este tipo de toro se orienta rapidísimo al mínimo extraño.
El primer «saltillo» de Robleño salió con muchos pies de salida, tantos que hasta le dio para coger impulso y saltar al callejón en los terrenos del «diez». Recuperada la normalidad, el toro apenas se empleó en varas, dejándose pegar y saliendo las dos veces suelto. Luego tampoco tuvo empuje ni recorrido en la muleta. Robleño batalló con él, pero sin poder redondear faena.
Ahí quedó el toro visto para sentencia. Una pena, pues tenía muchísima calidad. Se acordará Venegas del flaco favor que le hizo su picador. O el que se hizo a sí mismo porque debía haberle mandando que aliviara el castigo. Así la gente tomó partido por el toro, que tuvo mucha calidad, aunque no pudiera desarrollarla por lo que llevaba encima.





El alicantino Borja Álvarez es conocedor de la importancia de su cita con Madrid. Después de más de cinco años como novillero con picadores, el momento de la alternativa está cerca: “Es una fecha importante porque es comienzo de temporada para los novilleros y vengo con mucha ilusión para demostrar lo que llevo dentro. El año pasado la novillada salió mala y lo de María Cascón da garantías para que embista al menos uno. Lo que necesito es pegar un pequeño empujón para poder tomar la alternativa, así que entre Madrid y mi cita en Valencia, espero poder coger fuerza para poder tomarla el año que viene en Alicante. De año en año sobre todo puedo ofrecer mayor madurez, las ideas son las mismas pero sí mejoradas”.
Daniel Crespo estuvo la pasada temporada dos tardes en Las Ventas. El gaditano regresa consciente de que su futuro inmediato pasa por la tarde del domingo: “Un compromiso fuerte y con mucha ilusión. Llevo una preparación muy fuerte para dar la cara en la plaza más importante del mundo. El escalafón de novilleros está a falta de nombres y de Madrid depende todo, aún quedan muchos puestos por cerrar esta temporada y de ahí la importancia de la tarde del domingo”.
Cierra la tarde Fernando Flores que el pasado año se presentó en Madrid. Aquella tarde con los de Dolores Aguirre pudo cortar una oreja si no llega a ser por los aceros. Volvió en las nocturnas y dio una vuelta al ruedo con fuerza por lo que sus dos compromisos en Madrid los cosechó dejando buen sabor de boca al aficionado. Ahora toca volver y está listo para ello: “Las cosas que se vieron el año pasado espero rematarlas. En mi presentación con los de Dolores Aguirre si llega a entrar la espada hubiera cortado una oreja con fuerza y en la nocturna di una vuelta al ruedo porque el presidente no la concedió, fue un paso con buen sabor de boca y llego con un punto más de preparación y mejor con la espada. Si los novillos embisten puede pasar algo importante y de un año a otro me ha servido para coger confianza y vais a ver a un Fernando Flores más cuajado, más rotundo que el año pasado».
Y eso que en la Monumental estaban los cabales, el público habitual de la plaza sea el festejo que sea, y que hoy, pese a la asombrosa cifra de asistentes facilitada por la empresa (cerca de 9.000 espectadores), apenas llegaba a cubrir un cuarto del aforo de los tendidos, es decir poco más de 5.000, a «ojo de buen cubero».
A la postre, la tarde vino a ser como una espesa resaca, aún a siete días de que se arrastrara el último de los «victorinos», a la que contribuyeron varios toros desrazados y de escasas fuerzas de la desigual y regordía corrida de Bohórquez, así como la falta de temple y sutileza de los matadores con los que sí que ofrecieron posibilidades.


Pero, con todo lo que supone la obtención de ese hasta ahora inédito trofeo, lo de menos puede que sean las marcas que Ventura sigue alcanzando en Las Ventas -la de hoy fue su décimo sexta salida a hombros en Madrid- y hasta las cinco orejas que paseó además del apéndice caudal, pues lo realmente memorable fue el pletórico nivel de toreo que alcanzó en sus tres faenas de este mano a mano.
La plaza entera se puso en pie ya cuando con el castaño «Nazarí» Ventura llevo cosidas al estribo las embestidas del primero durante una elipse que abarcó una vuelta y media al ruedo venteño, haciendo que el animal, descastado y falto de entrega, no tuviera más remedio que someterse a la enfibrada faena que le valió las dos primeras orejas.
Solo se hizo el silencio cuando tocaron a matar y el jinete de la Puebla llegó despacio hasta la cara del toro para acabar tumbándolo de un contundente rejonazo, adornándose en la agonía del ejemplar con el que iba a hacer historia una vez que el presidente, Gonzalo de la Villa, ante la insistente petición del público asomó por tres veces su pañuelo blanco por la balaustrada del palco.
La corrida estuvo marcada por la inestabilidad del clima -en dos horas y cuarto hizo frío y viento, llovió con fuerza y, finalmente, salió sol- y por la generalizada falta de raza de otro encierro «torista» que tuvo la clamorosa excepción de un quinto ejemplar que propició el único triunfo reseñable.
Contó casi siempre la casta y el poder del toro para darle al conjunto la emoción que se echó en falta durante el resto de la corrida, hasta el punto de que gran parte del público pidió para el de Adolfo Martín la vuelta al ruedo en el arrastre una vez que se le concedió una justa oreja a su matador, que antes no había podido hacer nada con un tercero rajado y negado a la embestida.
Sánchez pudo dejar así algunas muestras de sus buenas maneras y de su clásico estilo solo con el toro del doctorado «Mentiroso» de nombre-, al que le faltó casta y celo, pero los otros dos «adolfos» que tuvo que matar pusieron a prueba, con sus dificultades, su lógicamente escaso bagaje profesional.


De todas formas, el «marketing» de la empresa, tan cogido por los pelos y desmedido ante la escasa fama de amabas ganaderías, no logró cubrir más que la mitad del aforo de una plaza donde, en un ejercicio de artificioso torismo, se pintaron unas rayas añadidas a las habituales para graduar la distancia a la que los toros debían acudir a los caballos.
El director de lidia, Iván Vicente, protagonizó la actuación más compacta. Primero, con un noble ejemplar de Rehuelga, flojito y descoordinado, al que «sobó» hasta asentarlo y ayudó a que desarrollara su buen fondo. Y como premio a su paciencia y sutileza obtuvo tres ligadas y más que estimables series de naturales, aunque poco valoradas por el público.
Hubo, pues, más toros que toreros en este clásico festejo que, en otro tiempo, se consideraba el de mayor categoría de la temporada madrileña y que por ello contaba siempre con la presidencia del Jefe de Estado.
Si con tantas y tan claras posibilidades de triunfo solo Ginés Marín, el más joven de la terna, consiguió cortar una oreja, de escaso peso específico, se debió a que tanto él como sus compañeros no aplicaron la mejor fórmula, la de la entrega y el toreo de mando con los vuelos de la muleta, para que fluyeran esas embestidas largas y entregadas que marcaron los ejemplares de Alcurrucén.
Al joven Marín le cupo en suerte un lote de triunfo grande, o al menos de mayor repercusión que esa oreja «de beneficencia» que le pidió un público tan amable como es costumbre en este tipo de corridas.
Al primero de la tarde lo lanceó Rafaelillo a la verónica. Buen inicio de faena con doblones y exigiéndole. Primera tanda ligada por el derecho pero luego le echó el ojo y desató su genio contra el murciano. Pinchó en dos ocasiones antes de una entera. El cuarto humillaba con corto recorrido y no salía de la muleta por lo que le complicó la faena a Rafaelillo que abrevió. Pinchazo y entera caída.


Sebastián Ritter lanceó al tercero a la verónica. Estuvo por encima de otro peligroso de Saltillo que lo poco que entraba en la muleta lo hacía desentendido y a media altura. El que cerró plaza fue el más peligroso de la tarde. Pegado al piso salvo cuando se arrancaba para apretar a los banderilleros. Ni un pase le pudo dar Ritter que se salvó de milagro en unos de esos arreones del de Saltillo. 

Sebastián Castella se recuperó a tiempo del percance sufrido hace dos días en la tarde en la que abrió la Puerta Grande. Ante su primer flojo rival no tuvo opciones. Comenzó faena de muleta al cuarto citándolo desde los medios y cambiándoselo por la espalda. Se movió con transmisión el de Victoriano y el francés dejó los muletazos con más largura de la tarde. En el centro ligó dos por el derecho y un natural tras un cambio de mano de extenso recorrido y lentitud. Con el toro a menos se metió entre pitones y saludó tras pinchar.
José María Manzanares se estrelló ante un deslucido lote. Su primer rival fue un manso que no quiso pelea. Ante el quinto de la tarde pudo dejar algún pasaje destacable en los primeros compases pero se diluyó pronto. Lo más destacable de la faena fue la estocada.
Cayetano comparecía su única tarde en Madrid. Tras brindar al público se sentó en el estribo y le dio cuatro por alto con el astado apretando, ya de pie, torero remate por bajo. Siguiente tanda ligada por el derecho. Se lo sacó a terrenos más céntricos y se apagó pronto. Manseó en tablas y dejó un estoconazo. Oreja. A por todas salió en el que cerró plaza, se fue directamente a la puerta de chiqueros a recibirlo con una larga cambiada de rodillas. Galleo por chicuelinas y quite por verónicas. Inicio de faena de rodillas pero el astado salía desentendido y fue otro manso que buscó pronto tablas. Facilidad con la espada y saludó ovación tras una tarde de raza y entera disposición. 







Enrique Ponce tuvo que hacer frente en primer lugar al sobrero de Valdefresno devuelto el titular de Garcigrande. Cuatro doblones muy despacio y ligando las primeras tandas con los olés de Madrid. El sobrero se apagó y no pudo rematar el valenciano. El cuarto fue un peligroso astado ante el que se pegó un arrimón de mucho mérito.
Sebastián Castella lidió al tercero de Domingo Hernández. Entraba pero rebrincando y levantando la cara al tercer muletazo lo que imposibilitó al francés templarlo. Cuando toreaba por chicuelinas al quinto de la tarde le cogió de manera terrorífica y fue vapuleado feamente. Tras vendarle el pie y recuperado de los múltiples golpes, lo citó de rodillas para ligarlo con mérito y tragando. Transmitió el de Garcigrande en los primeros compases y humilló. Toreo en redondo y ligando por el derecho. Se apagó en los finales y se tiro a matar o morir dejando una entera entre pitones y cortando dos orejas.
de banderillas. Tras la ceremonia de confirmación duró poco el toro. El sexto tuvo mayor movilidad y decidió el venezolano comenzar de rodillas. Desistió tras desarmarle en dos ocasiones y a pesar de la disposición no acabó de estar cómodo.

Daniel Luque lidió en los medios en primer lugar un noble ejemplar de Torrehandilla que levantaba la cara al final del muletazo desluciendo las tandas. Dejó pasajes interesantes por ambos pitones pero faltó redondear. Terminó con luquecinas y pinchó antes de entera y saludar ovación. El cuarto fue un descastado sin fuerza ante el que poco pudo hacer.
levantando la cabeza o enterrando los pitones en el albero lo que le dificultó todo al toledano. El sexto titular fue devuelto y salió un sobrero de Virgen María. Lo puso todo Álvaro Lorenzo que le sacó lo que tenía al natural y con el toro a menos se arrimó con firmeza dejando los pasajes más destacables de una tarde con poco reseñable. 
Rubén Pinar le sometió y le obligó con firmeza para templar la embestida brusca y rebrincada del que abrió plaza. Transmitió más por el pitón derecho en tandas de corto recorrido sacadas con garra por el albaceteño. El cuarto no tuvo ni un pase y salía desentendido de cada intento de muletazo.
A Venegas le tocó un lote sin ninguna opción. El tercero fue un brusco que embistió a arreones y sin clase. Con oficio y valor Venegas que pasaportó a la primera. Ante el quinto David Adalid dejó dos pares en banderillas que fue lo más destacable de la tarde. Ya en faena, Venegas lo intenta con el astado buscando tablas sin querer tela. Estocada entera y saludó ovación por el esfuerzo. 
El novillero madrileño, de origen venezolano, fue de los tres de la terna de hoy el que más y mejor empeño puso ante los encastados novillos de Fuente Ymbro, en especial ante un tercero que desarrolló visibles complicaciones y que ya le cogió de lleno y con mucha dureza cuando iniciaba la faena de muleta.
Fue, con todo, una faena valiente y decidida, «en novillero», como se dice en el argot taurino de los chavales que demuestran que de verdad que quieren ser toreros, y que tras una estocada delantera se premió con una merecida oreja.
Otra nueva estocada delantera precedió a la petición del trofeo que luego negó el espléndido presidente que el viernes valoró de más a las figuras pero que hoy le racaneó el triunfo a un modesto novillero.

El primero de la tarde, de Victoriano del Río andaba justo de fuerzas. Bonito duelo de quites, Ginés Marín por gaoneras y le respondió El Juli por chicuelinas. A pesar del poco fuelle, el madrileño dejó naturales destacables pero sin posibilidad de ligar. Recibió palmas tras pinchazo y entera. El tercero salió con genio, con carácter, encastado y ahí tenía un torero para templar. El inicio de faena obligándole por bajo fue explosivo. Las tandas ligadas se repetían por ambos pitones con un mando total. Cambios de mano y toreo en redondo, los tendidos en pie. Había que rematar las dos orejas pero la espada solamente entró hasta la mitad y tras el certero descabello recibió una oreja. Frente el quinto quedó inédito tras lesionarse el de Domingo Hernández al inicio de muleta. Antes había saludado José María Soler en banderillas.
Ante el segundo de Alcurrucén lo puso todo Ginés Marín. Comienzo por alto y le costaba al astado la segunda mitad del muletazo. Firmeza a pies juntos pero se acabó pronto y pinchó. Su segundo rival, de Domingo Hernández salió reservón y no quería lucha en el caballo. Embestida arisca levantando la cara con peligro y en una de esas le pegó una tremenda paliza en el suelo, por milagro, sin consecuencias. Valor y jugándosela el extremeño toda la tarde. Saludó ovación. El que cerró plaza de Victoriano del Río tampoco se lo puso fácil. Una de las ovaciones de la tarde se la llevó el picador Agustín Navarro. Ya en la muleta le permitió los primeros compases pero pronto acortó el recorrido y a la defensiva.
Miguel Ángel Perera lidió en primer lugar a un noble de Victoriano que embistió lento las primeras tandas por la poca fuerza del astado. Perdió ese poco fuelle y falló con los aceros. Ante el cuarto pudo ligar en los primeros compases. Destacar una tanda en la que le obligó con firmeza por bajo de pitón a pitón y el de Victoriano metiendo bien la cara y humillando. Se rajó pronto y de nuevo falló con los aceros.
Alejandro Talavante se chocó ante un lote sin ninguna opción. El segundo fue un desrazado ante el que abrevió. Buen comienzo de doblones ante el quinto y ligó una por el derecho hasta que dobló las manos. Otro sin gasolina y de nuevo pronto a por la espada.
Cuando salió el tercero estaba cayendo una fuerte tormenta. Los tendidos se despoblaron y olés con las verónicas de recibo. Cambió el viaje en el inicio de faena viniéndose de lejos e intentó templar el peruano esa embestida rebrincada. Buscó tablas y falló con los aceros. Ante el sexto, con la tarde a menos, ahí estuvo la garra de Roca Rey para levantar los ánimos y los tendidos. Quite por gaoneras y comienzo intenso por estatuarios arriesgados. Templó y buscó la distancia ya que cuando le bajaba mucho la mano doblaba. Firmeza y valor, con el toro a menos y el público entregado se sacó una arrucina y lo exprimió entre pitones con susto incluido al quedar a merced del toro. Estocada hasta la bola de efecto fulminante y oreja.
Curro Díaz lidió en primer lugar un brusco que levantaba la cara con peligro a mitad de cada muletazo. Mató de entera caída. Ante el cuarto le costó cogerle el ritmo pero a mitad de faena se la puso sin quitársela de la cara y repitió por el derecho. Tres ligadas por ese pitón y escuchó palmas tras matar de estocada caída.
Revuelta y Pascual Mellinas se desmonteraron en banderillas. Inicio por doblones y ligó una primera tanda. Se descompuso todo un poco y fue silenciado tras pinchazo y pinchazo hondo. Lances de recibo y quite por chicuelinas ante el quinto. Lo más reseñable de la tarde del burgalés lo dejó con el capote. El de Valdefresno duró poco y Morenito fue silenciado tras fallar de nuevo con los aceros.
David Mora dio una vuelta al ruedo en su primero. Fue un toro con genio y transmisión que por momentos toreó relajado. Final ajustado por alto y estocada fulminante algo desprendida. El sexto fue noble pero le faltó transmisión y entrega sin llegar las tandas al tendido. Pinchó en dos ocasiones y fue silenciado.
Pablo Atienza esperó al primero en el centro del ruedo para comenzar faena de muleta y cambiarlo por la espalda. Buscó pronto tablas y puso tesón por el derecho. Se le atragantó la espada. Al cuarto se fue a esperarlo a la puerta de chiqueros, un buen novillo de Conde de Mayalde. Aprovechó su buena condición por el buen pitón derecho para dejar pasajes interesantes y terminar con bernadinas pero de nuevo falló con los aceros.
Se presentaba Alfonso Cadaval que dejó una grata impresión y una tremenda actitud y disposición. No dejó pasar ni un quite e intenso inicio de faena al segundo. De rodillas se colocó en el centro del ruedo para ligar por el derecho. Fue un novillo con una embestida brusca que había que saber controlar y lo hizo el sevillano. Estocada entera y saludó ovación. Ante el quinto lo intentó pero no tuvo ninguna transmisión con el tendido.
despaciosidad y encaje. El novillo se vino pronto a menos pero aún así dejó detalles y saludó tras una entera. Con el inicio del sexto comenzó a llover y pronto a caer un aguacero para el recuerdo. Tuvo calidad el novillo y lo templó con firmeza y ligando. Faena de mérito y estocada entera tras la que cortó una oreja.
Diego Ventura se sobrepuso a una tarde en la que los toros de San Pelayo, uno de los hierros de El Capea, no ayudaron a los rejoneadores. Ante el primero fue Ventura a lomos de Nazarí quien lo movió a dos pistas y cerrar con Remate y tres cortas. Oreja tras rejón entero. El tercero de la tarde fue un parado ante el que le tuvo que hacer todo y no le dio el movimiento necesario para lucir su cuadra. Fue silenciado tras fallar con los aceros. Los momentos más intensos de la tarde llegaron ante el quinto. Fue un toro que sin dar las embestidas necesarias para el disfrute del público, a Ventura le sirvió para lidiar y levantar a los tendidos con Nazarí y arriesgar y arrimarse con Bombón. Oreja tras estocada fulminante y ello suponía la decimoquinta Puerta Grande para Diego Ventura que volverá el próximo 9 de junio.
Leonardo Hernández se entregó con total disposición toda la tarde. Destacó en el segundo de la tarde con Sol a dos pistas y cierre con Xarope antes de pinchar y saludar ovación. El cuarto fue un manso que incluso saltó las tablas y que se lo puso difícil al rejoneador. Esa condición se lo puso complicado, a destacar el par a dos manos. Pegado a tablas, le dificultó la suerte suprema y fue silenciado. Faena meritoria al del sexto. Buscaba también tablas pero lo amarró en los medios para levantar con Xarope a parte del público. Pinchó en una primera ocasión pero el público pidió igualmente una oreja concedida.
Abrió el festejo Curro Díaz. Doblones en el inicio de muleta y pinceladas de su torería ante un desagradecido de Alcurrucén de corto recorrido que salía desentendido de cada muletazo. Lo derribó el astado con los cuartos traseros y lo levantó del suelo dándole una fea voltereta. Se levantó el de Linares para robarle los últimos pases y saludó ovación tras entera desprendida. Ante el cuarto no tuvo opción.
Joselito Adame lidió en segundo lugar el mejor toro de la corrida. El inicio por firmes estatuarios y los remates por bajo fueron intensos. Ligó dos tandas por el derecho con el astado embistiendo por abajo con largura y sin quitarle la muleta de la cara. La faena fue a menos y cerró por manoletinas. Mató de entera y saludó ovación. La faena del quinto fue al revés, de menos a más. Apostó Adame por un manso que buscaba escapatoria y con garra y tesón le sacó lo que no tenía para levantar a parte de los tendidos. Tras una entera, cortó una oreja.
Juan del Álamo poco pudo hacer ante el tercero de la tarde. El sexto tuvo mayor movilidad por el pitón derecho en los inicio de muleta lo que aprovechó el salmantino para templarlo con gusto. Pronto soseó y de nuevo fue silenciado. 
Padilla escuchó una tremenda ovación al romper el paseíllo en su última tarde en Madrid. Recibió a la verónica al primero de la tarde. Comenzó faena de rodillas y no acabó de estar cómodo el jerezano con él. Puso banderillas a ambos toros, tercer par del cuarto al violín. Destacar la lidia de Manuel Rodríguez «Mambrú». Comenzó por doblones pero como en su anterior toro no acabó de haber acople ante la embestida algo brusca a mitad del muletazo. Erró con los aceros y fue silenciado.
Sebastián Castella no desaprovechó el quite al primero. Al segundo lo recibió con unos bellos delantales. Comenzó faena a pies juntos por estatuarios. Cuando le exigía por abajo doblaba las manos y cuando no, tocaba la tela a la salida del muletazo, por lo que se deslució todo pronto. Verónicas y remató por chicuelinas ante el quinto. Se colocó en el centro del ruedo y arrancó de lejos para cambiarlo por la espalda. Fue la faena con mayor intensidad de la tarde. El francés ligó dos por el derecho con recorrido pero se le acabó la energía al de Jandilla con el público entregado. Se metió entre pitones, supo mantener esa emoción y cortó una oreja tras una casi entera.
Verónicas de mano bajo de Roca Rey al tercero de la tarde. Recibió tres puyazos y se notó en la muleta. El inicio de faena fue intenso con estuarios y dos cambiados por la espalda muy ajustados. Al toro no le quedaba fuerza alguna y a pesar del intento no pudo sacar nada lucido. Espadazo de rápido efecto. El sexto fue un manso que marcó los terrenos. Se fue Roca Rey a tablas del tendido cuatro para sacar con esfuerzo y tesón, sin quitarle la muleta de la cara, dos series ligadas. De nuevo dejó una buena estocada y saludó ovación. 
«Ombú», como se llamaba el ejemplar de Juan Pedro, lució su llamativo pelo jabonero, casi albahío de tan clara tonalidad, y las más finas y mejores hechuras de una corrida de excesivo volumen que, probablemente por eso, se desfondó pronto durante la lidia.
No faltó entrega, pues, pero sí temple en los muletazos del mexicano, sin que ello fuera óbice para que el público se calentara con la emoción del conjunto y le pidiera finalmente, tras verle como se volcó en la estocada, esa oreja que supo a poco.
El resto del voluminoso encierro de Juan Pedro Domecq adoleció de raza y de fondo, por manejables que resultaran algunos toros. El veterano Finito de Córdoba dejó ver, sin que apenas se le valorara, ese reposo natural que da la maestría y la limpia sencillez del toreo más clásico y de buen trazo, ante un lote que redujo la emoción a la nada.
Empezaron pronto a pasar cosas interesantes. Antonio Ferrera con tres naturales al comienzo de su faena sintió el empuje del público. Lo administró y el buen cuvillo se vino arriba. Naturales enroscándose con lentitud y carácter. Por el derecho lo probó pero fue menos agradecido. La estocada entera fue preámbulo de la oreja. A por todas salió en el cuarto y el público correspondió pero la poca fuerza del astado imposibilitó mayor lucimiento. Lo intentó Ferrera, lo cuidó, le dio sus tiempos y sacó algún muletazo marca de la casa con la actitud de querer tocar el triunfo teniéndolo tan cerca. Alargó y recibió palmas tras el metisaca con el que concluyó.
que destacar la estocada. Ya en el quinto dejó el mejor toreo de capa de la tarde por verónicas y al quite por delantales. El jabonero respondió con brío y transmisión. Viajaba humillando por el derecho y largos trazos que dejaba el alicantino. Ligó por ese pitón dos tandas en las que de nuevo rugió Madrid. Estocada entera algo desprendida y oreja.
Una tarde más, y ya van unas cuantas, se repitió la escena que parece identificar, como una imagen de marca, las actuaciones de Paco Ureña en Las Ventas: esa última vuelta al ruedo, con una oreja en la mano, el vestido tinto en sangre del toro y desaliñado por una nueva voltereta, y el rostro crispado por una mezcla de emociones, entre el sufrimiento y la alegría.
Tardó un tiempo Ureña en cogerle el aire, hasta que mediado el trasteo se asentó definitivamente y embraguetado, muy abierto el compás, se rebozó de toro en una vibrante serie de naturales que, por cierta tensión formal y ligereza de muñecas, ya no volvió a repetir, mientras su larga obra perdía intensidad.

Juan del Álamo una vez más dejó su maestría con el capote. A la verónica con lentitud al segundo de la tarde y tres medias como remate. Fue un toro que también se movió con transmisión pero al que le faltó humillar. Le costó descolgar pero le obligó por abajo el salmantino y se hizo con él. Por el izquierdo fue menos agradecido y alargó. Saludó tras estocada entera. El quinto metía la cara pero sin garbo y sin decir nada. Lo intentó el diestro sin recompensa y de nuevo acertó con los aceros.
José Garrido dejó detalles muy toreros con el capote ya en quite al segundo. Tras las verónicas iniciales al tercero, echó rodillas en tierra y siguió toreando. Se movía sin decir mucho el de Las Ramblas y el extremeño puso oficio y técnica pero sin eco en los tendidos. En el sexto de nuevo al capote pero en la muleta se revolvía a mitad de pase y solamente pudo mostrar su disposición.
Alberto Aguilar recogió la ovación de salida en su último San Isidro. Poca suerte con el primer rival, no le permitió ni un pase y por el izquierdo se le colaba con peligro. Ante el cuarto hubo momentos de transmisión en los primeros compases de muleta con el de Baltasar Ibán metiendo bien la cara con brío y Aguilar ligando por la derecha. Cuando lo probó con la zurda se descompuso todo y a menos. No acertó con los aceros y fue de nuevo silenciado.
Sergio Flores volvía a Madrid, su última tarde fue en octubre de 2013. Dosificó bien los tiempos y se acopló a la embestida del noble segundo. Estuvo firme, valeroso y con recursos con el toro a menos. Mató de entera trasera y saludó ovación. Con el quinto tuvo menor lucimiento ya que la embestida sin clase del astado que soltaba la cara ensució cada muletazo.
Francisco José Espada volvía tras su confirmación el pasado año. El tercero respondió y embistió con calidad lo que aprovechó para ligar por el derecho. Un redondo y al natural. El final de faena fue de valor, arrimón y quietud con las manoletinas de cierre La casi entera en su sitio fue fulminante y cortó la primera oreja de toreo a pie de este San Isidro. El que cerró plaza fue un brusco parado ante el que se pegó el arrimón. 
Hubo más gente en la plaza, pero no por ello la feria cobró color en la primera corrida de toros del abono. Más gente, por cierto, que en la novillada inaugural, aunque, paradójicamente, las cifras oficiales de espectadores que ofrece la propia empresa digan todo lo contrario: dieciséis mil y pico asistentes ayer por apenas quince mil de hoy.
discretamente de las manos al torero francés por su falta de apuesta y ambición, la que se necesitaba para llevar enganchadas con los flecos de la muleta, largas y sometidas, las enclasadas embestidas del mejor, por no decir el único, toro de la corrida.

