Héctor Gutiérrez le corta las dos orejas a un Zacarías Moreno de vuelta al ruedo en Alalpardo
Se celebró en Alalpardo la semifinal a seis de la Copa Chenel 2026, con lleno de “no hay billetes” y, donde hicieron el paseíllo Javier Cortés, Alejandro Marcos, Héctor Gutiérrez, Manuel Diosleguarde, Mario Navas y Alejandro Chicharro ante los toros de Zacarías Moreno, Victoriano del Río y Domingo Hernández.
Sentado en el estribo recibió Javier Cortés al que abría plaza de Zacarías Moreno, templando con el capote por verónicas. El toro acusaba escasez de fuerzas, lo que le sirvió al matador para templar las embestidas en la muleta, destacando especialmente con la mano izquierda. Pinchó con los aceros. Ovación tras aviso. Silencio en el arrastre.
Alejandro Marcos toreó muy despacio de capa al toro de la tarde, esta vez del hierro de Victoriano del Río. Destacó la forma de llevarse el toro al caballo a través de chicuelinas al paso. Con la muleta destacó por derechazos y naturales muy templados y de calidad. Dejó una estocada ligeramente caída. Vuelta al ruedo. Ovación en el arrastre.
Salió el tercero de la tarde y Héctor Gutiérrez lo paraba por verónicas junto a tablas. Con la muleta bordó el toreo y cuajó al buen astado de Zacarías Moreno por ambos pitones. Destacó un vibrante final de faena por manoletinas muy ceñidas. Cortó dos orejas tras una estocada entera. Vuelta al ruedo para el toro “Rebujino” Nº61 de Zacarías Moreno.
Recibió Manuel Diosleguarde al cuarto por verónicas. Inició por derechazos en el tercio. Por momentos sacó muletazos importantes sobre todo con la mano derecha. El toro se rajó muy rápido y buscaba la salida. Estocada ligeramente caída y saludó una ovación.
Al quinto de la tarde, de Victorino del Río, lo paró Mario Navas por verónicas en el tercio. Inicio con la muleta sentado en el estribo. Lo sacó a los medios y se puso por el pitón derecho. Dos buenas tandas dejó por el izquierdo, asentado y profundo. Pinchó numerosas ocasiones y dejó una media estocada. Saludó una ovación tras aviso. Silencio en el arrastre.
Al cierraplaza, de Domingo Hernández, lo recibió Chicharro con una larga de rodillas en el tercio y lo paró por verónicas. Brindó a sus cinco compañeros de cartel. Inició en los medios con cambiados por la espalda. Se puso por el izquierdo, por donde no terminó de redondear las tandas. Volvió al derecho en el tercio y dejó una buena tanda. Sufrió una voltereta sin aparentes consecuencias. Mató de estocada entera en el sitio y cortó una oreja tras aviso.
FICHA DEL FESTEJO:
Alalpardo (Madrid). Última semifinal de la Copa Chenel. Lleno de “No hay billetes”. Toros de Zacarías Moreno (1º y 3º), Victoriano del Río (2º y 5º) y Domingo Hernández (4º y 6º) para:
Javier Cortés, ovación tras aviso.
Alejandro Marcos, vuelta al ruedo.
Héctor Gutiérrez, dos orejas.
Manuel Diosleguarde, ovación.
Mario Navas, ovación tras aviso.
Alejandro Chicharro, oreja tras avisoDomingo h
























































Se lidiaron seis toros de Victorino Martín, el sexto como sobrero, de distintas hechuras, de serias y astifinas arboladuras, y juego desigual. El mejor, el bravo y enclasado cuarto, un gran toro. También fue bueno el primero, aunque se vino un punto a menos al final. Difícil el segundo; sin raza y aplomado, el tercero; peligroso e imposible, el quinto; e inválido, el sexto bis.
Seis toros de Pedraza de Yeltes, de buena presentación, con alzada y sueltos de carnes, astifinos pero sin gran aparato en las cabezas. Salvo quinto y sexto, tuvieron un excelente comportamiento en varas, y desarrollaron nobleza y entrega en el último tercio, aunque exigieron mando en las telas para emplearse con mayor recorrido.


Seis toros de La Quinta, todos cinqueños, muy seriamente armados y de excesivo volumen para su encaste Santa Coloma. En cuanto a juego, ninguno humilló ni se empleó lo mismo en varas que ante los engaños, a pesar de su engañosa movilidad, con una acusada falta de raza acrecentada por el sentido de la edad.
La tarde empezó muy mal. Una cornada a las primeras de cambio tornó en drama la fiesta de la Hispanidad en Las Ventas. La sufrió el albaceteño Rubén Pinar en los prolegómenos de la faena de muleta al primero de corrida, un toro de aparente nobleza pero muy medido de casta y de escasa movilidad.
El toro le persiguió de tal manera que lo cazó en el aire, en un salto conjunto que hicieron hombre y animal hacia el interior del callejón. La estampa fue tremenda, como también lo fue el topetazo que se pegó el astado contra el burladero interior. El hombre de plata fue llevado a toda prisa a la enfermería, aunque pronto llegarían noticias alentadoras sobre su estado.
Como lo que propuso el rubio de Getafe al desabrido sexto, con el que volvió a estrellarse ante otro toro vacío por descastado.
En la enfermería fue intervenido Ruben Pinar de: «cornada en tercio superior, cara interna del muslo derecho con dos trayectorias: Una de 25 centímetros hacia arriba que contusiona el isquion y otra hacia atrás de 20 que bordea el fémur y produce destrozos en músculos adductores y contusiona el paquete vasculonervioso, de pronóstico muy grave».
Fácil y desigual en banderillas, el alcarreño brindó al personal una faena tan aseada como ligera y despegada a un animal de clase y temple en sus embestidas. Quizás le faltó algo más de motor, de transmisión, pero no fue excusa para que Sánchez Vara hubiera estado de otra manera con él. Hubo más toro que torero.
No quiso nunca pelea. O directamente no pudo afrontarla. Tanto en el caballo, donde su paso fue un mero trámite, como en el último tercio, se negó en redondo el astado, que acabó finalmente derrumbándose para desesperación de los tendidos.
Y, al igual que su hermano anterior, tuvo calidad en la muleta, desplazándose con buen son por los dos pitones, aunque también le faltara ese plus de emoción. El joven galo anduvo con algunos altibajos en lo fundamental, alternando pasajes de nota como una primera tanda al natural extraordinaria con otros más deslavazados.



De todas formas, el «marketing» de la empresa, tan cogido por los pelos y desmedido ante la escasa fama de amabas ganaderías, no logró cubrir más que la mitad del aforo de una plaza donde, en un ejercicio de artificioso torismo, se pintaron unas rayas añadidas a las habituales para graduar la distancia a la que los toros debían acudir a los caballos.
El director de lidia, Iván Vicente, protagonizó la actuación más compacta. Primero, con un noble ejemplar de Rehuelga, flojito y descoordinado, al que «sobó» hasta asentarlo y ayudó a que desarrollara su buen fondo. Y como premio a su paciencia y sutileza obtuvo tres ligadas y más que estimables series de naturales, aunque poco valoradas por el público.