El francés El Rafi, que salió a hombros tras cortar sendas orejas de su lote, sacó algo más de provecho que sus compañeros de cartel de una lujosa novillada de Zacarías Moreno que no fue exprimida tanto como mereció.

Los «domecqs» de la nueva ganadería madrileña fueron los mayores protagonistas del festejo, pues a su buena y fina presentación añadieron un generalizado buen comportamiento en el último tercio, que, con mayores o menores exigencias, puso en bandeja un triunfo rotundo a una terna a la que faltó más ambición para cuajarlos.

El más dulce de los seis, el más suave y noble, fue ya el primero, precioso de hechuras además, que no escatimó ni una sola embestida al joven francés, aunque éste lo toreó con una mecánica corrección, sin recrearse en las suertes tanto como el utrero permitía.

Con todo, tras una buena estocada en la suerte de recibir, El Rafi pudo pasear ya la primera de las dos orejas que le abrieron la puerta grande del coso valenciano, aunque fue la segunda la que tuvo mayor peso y calado.

Y todo porque con este otro astado, de más volumen y raza, el diestro galo, que también lo banderilleó, se aplicó con mayor fibra y entrega en una faena a más, ya que, sin volver la cara cuando el animal se le violentaba, acertó finalmente para mandar sobre las arrancadas y así hacer florecer el verdadero fondo del de Zacarías Moreno, al que mató de otra contundente estocada, esta vez al encuentro.

El primero de Borja Collado fue un novillo que pasó una y otra vez sin excesivo celo pero con mucha claridad ante los engañós, lo que hubiera exigido del novillero local algo más de chispa de y entrega en una labor que no pasó de una formal pulcritud.

Como a El Rafi, también a Collado le exigió más el segundo de su lote, en este caso un quinto que se vino arriba en banderillas y que, por falta de mando y ciertas inconcreciones técnicas, acabó volteándole continua y aparatosamente, hasta propinarle una tremenda paliza.

Aunque en principio fue trasladado a la enfermería, Collado volvió al ruedo minutos después para, más que por los resultados, acabar llevándose otro trofeo por la voluntad y el amor propio demostrados tras el percance, antes de volver de nuevo a manos de los médicos.

También una oreja cortó de su primero el local Miguel Polope, que debutaba con picadores con expectación y entre el calor de muchos partidarios. De maneras e intenciones amanoletadas, el espigado valenciano abundó más en las formas que en el fondo, luciendo más pausado en la distancia que en la cercanía del enemigo.

Y, tanto con un tercero de poco fondo como con un sexto enclasado pero con las fuerzas justas, se le echó en falta un punto mayor de pulso en los muletazos, interpretados con más empaque formal que temple o trazo de fondo.

FICHA DEL FESTEJO

Seis novillos de Zacarías Moreno, de buena presencia y finas hechuras, aunque algo desiguales de volúmenes. Sin celo en varas, todos acabaron dando buen juego en el último tercio, en distintas versiones desde la dulzura del primero a la exigente casta del cuarto.

  • El Rafi, de plomo y oro: estocada (oreja); estocada (oreja tras aviso). Salió a hombros.
  • Borja Collado, de rosa y oro: dos pinchazos, estocada delantera y descabello (ovación tras aviso); estocada tendida (oreja tras aviso). Fue atendido de una herida inciso contusa de 3 centímetros en el cuero cabelludo, así como de contusiones y varios varetazos en el muslo derecho, de pronóstico reservado.
  • Miguel Polope, de salmón y oro, que debutaba con picadores: estocada contraria (oreja); sartenazo (silencio tras leve petición de oreja).

Entre las cuadrillas, josé Fernando Arévalo saludó tras banderillear al quinto.

Primer festejo de la feria de Julio de Valencia, con algo más de un cuarto de entrada (unos 3.500 espectadores), en tarde-noche de brisa que molestó en algunos momentos de la lidia.

 Cronica de Paco Aguado para Agencia EFE (foto TAUROEMOCION)

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