El diestro francés Sebastián Castella abrió hoy la última Puerta Grande de la Feria de la Virgen de los Llanos de Albacete 2019 tras desorejar al único toro con opciones de una descastada y muy deslucida corrida de Montalvo.

No se había desperezado casi la tarde y el palco ya había asomado el pañuelo verde para devolver al inválido primero. En su lugar saltó al ruedo un sobrero del mismo hierro sin casta alguna, un toro que se paró y se negó a embestir. Castella se empeñó en demasía en un larguísimo e insustancial trasteo, rubricado de una eficaz estocada. Saludó una ovación.

Pero el azar le tenía reservado a Castella al cuarto, un buen toro de Montalvo, noble y repetidor, al que el francés cuajó una faena muy bien compactada, de muletazos largos, limpios y ligados sobre ambas manos, mejor si cabe al natural.

La gente disfrutó de la actuación del de Beziers, al que, por su parte, se le vio también muy a gusto en todo momento. Finalizó la labor por manoletinas antes de agarrar otra buena estocada que le granjeó el doble trofeo.

Volvía Paco Ureña a la plaza donde hace un año sufrió aquella terrible cornada que le acabó costando la pérdida del ojo izquierdo. La gente aguardaba con ganas esta reaparición, y así quedó demostrado con la calurosa ovación que le tributó tras el paseíllo.

A los médicos de la plaza se fue Ureña a brindar la faena de su primero, un toro que no contribuyó a que pudiera corresponder a tanto cariño por su manifiesta falta de raza y empuje. No obstante, el de Lorca puso todo de su parte, e, incluso, logró pasajes de buena firma en una labor a la que le faltó rúbrica con los aceros.

El quinto fue otro toro que se paró enseguida y no colaboró lo más mínimo con un Ureña muy voluntarioso pero que, nuevamente, no pudo lograr prácticamente nada en lo artístico.

Pablo Aguado se estrelló con el primero de su lote, un «montalvo» muy descastado con el que no pudo pasar de los detalles sueltos a lo largo de un trasteo de poco relieve y refrendado de manera deficiente en la suerte suprema.

El sexto fue otro manso sin paliativos, que, por si fuera poco, se defendió una barbaridad y embistió a oleadas. Mal asunto para Pablo Aguado, que, aunque trató de ponerse por los dos pitones, volvió a pasar de puntillas.

FICHA DEL FESTEJO

 Toros de Montalvo, el primero como sobrero, bien presentados, descastados y parados, de juego muy deslucido, a excepción del buen cuarto, ovacionado en al arrastre.

  • Sebastián Castella, de lila y oro: estocada (ovación); y estocada (dos orejas tras aviso).
  • Paco Ureña, de grana y oro: pinchazo y media (ovación); y pinchazo, media y seis descabellos (silencio).
  • Pablo Aguado, de nazareno y oro: dos pinchazos y media (silencio tras aviso); y estocada y descabello (silencio).

En cuadrillas, Iván García y Pascual Mellinas saludaron tras banderillear al sexto.

La plaza rozó el lleno en tarde nublada y calurosa, y con lluvia a partir del tercer toro.

AGENCIA EFE

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