Tras dos intervenciones para fijar las vértebras C4 y C5 y después de dos meses en el Hospital de Parapléjicos de Toledo, este joven venezolano, de 24 años, no pierde la fe en recuperarse

Apenas un segundo es suficiente para que la vida de un giro inesperado, a veces para bien y otras para mal, como el caso del torero Manolo Vanegas, inmerso en una dura lucha por resucitar su cuerpo, prácticamente inmóvil desde que un toro se lo llevara por delante el pasado mayo en Ledesma (Salamanca).

Pero tras dos intervenciones para fijar las vértebras C4 y C5 y después de dos meses en el Hospital de Parapléjicos de Toledo, este joven venezolano, de 24 años, no pierde la fe en recuperarse y poder, al menos, llegar a hacer una vida normal. Su evolución a día de hoy es bastante positiva, ya que, tal y como asegura en una entrevista con EFE: “Cada día noto cómo algo nuevo va despertando en mi cuerpo”.

Pregunta (P): ¿Cómo se encuentra después de dos meses de aquel terrible percance?

Respuesta (R): “Pues viendo cómo estaba hace pocas semanas, me encuentro bastante bien. He notado mucho la evolución porque cuando me operaron sólo podía mover los hombros, y ahora ya tengo movilidad en las manos y las piernas; ya me puedo ir levantando en la barra y voy sujetándome también. Es muy gratificante ver cómo cada día algo nuevo va despertando en mi cuerpo”.

P: ¿Qué dicen los médicos?

R: “Están muy sorprendidos. No se explican cómo he podido mejorar tanto. Hace nada estaba prácticamente inmóvil, y ahora, aunque me falta todavía mucho, puedo decir que me encuentro a un sesenta por ciento”.

P: Imagino que tiene que ser durísimo todo por lo que está pasando, más todavía al ver cómo cada paciente que está en el Hospital de Parapléjicos de Toledo pasa por una tragedia similar a la suya.

R: “Aquí cada uno está atravesando un drama personal brutal. Pero también hay mucho compañerismo y solidaridad. Somos una gran familia en la que unos nos apoyamos en los otros. Y qué decir de los grandísimos profesionales que hay aquí. Ya entiendo por qué este centro está catalogado como el mejor de Europa”.

P: ¿Quienes son sus principales apoyos en todo este proceso?

R: “Además de los compañeros que están ingresados, la que no se separa de mi lado es mi pareja. Es increíble la fuerza que tiene y lo mucho que me quiere para sacrificarse de esta manera por mí”.

“También me abriga la infinidad de mensajes, de visitas, de llamadas que he recibido de compañeros de profesión. Desde David de Miranda, que el año pasado estaba aquí pasando por algo muy parecido, a los maestros Padilla y Talavante; y muchísimos más. El mundo del toro es maravilloso. Hay una solidaridad, un respeto y un compañerismo extraordinario”.

P: Y espíritu de sacrificio, de eso sabéis mucho los toreros…

R “Lo que tenemos es mucho amor propio. Esta profesión es muy dura y para llegar arriba no puedes bajar los brazos. Eso es precisamente lo que les transmito a la gente que está aquí. Que jamás hay que tirar la toalla, que en los momentos malos no hay que desistir. Solo así podremos salir del agujero”.

P: Imagino que, en su caso, pensar en el toro, en su posible vuelta a los ruedos tiene también que ayudarle.

R: “Así es. Aquí hay muchos que me tachan de loco o masoquista precisamente porque no se explican cómo puedo pensar en volver a torear después de lo que me ha pasado. Pero es que, como dice el maestro José Tomás, ‘vivir sin torear no es vivir’.

“Pero esto es una ayuda mental. Algo que me da alas para trabajar día a día. Pero también soy realista, y, si por algún casual no pudiera volver a torear, también tendré que darle gracias a Dios, pues con que me permita poder hacer vida normal también le estaré eternamente agradecido”.

P: Hay mucha sensatez, realismo y madurez en sus palabras a pesar de su juventud…

R: “Aquí ves la cruda realidad. Sin disfraces. Los psicólogos nos hacen mucho hincapié en eso. Pero es que, además, mi propia forma de ser también es así. No se puede pensar en marcar el segundo gol sin haber anotado el primero. Hay que ir paso a paso. Me centro primero en recuperar a la persona y después, si Dios quiere, al torero”.

P: Volviendo a su recuperación, ¿cómo es el día a día de Manolo Vanegas?

R: “Desde el 30 de mayo que ingresé la rutina es prácticamente la misma. De 9:00 a 14:00 horas hago terapia ocupacional, donde nos muestran la realidad de lo que sufrimos, además de enseñarnos cosas tan básicas como comer, vestirnos, pasar de la silla a la cama…”

“Y de 17:00 a 20:00 trabajo en el gimnasio para ir cogiendo la fuerza en los músculos. Me siento como un bebé que tiene que volver a aprender todo desde cero”.

P: ¿Cuál es la lesión exacta que padece?

R: “Tuvieron que fijarme la médula entre la C4 y la C5, reventadas a raíz del percance. Desde ese momento ya no supe más de mi cuerpo hasta ahora que voy notando cómo va despertando poco a poco”.

P: ¿Recuerda algo de aquel día en Ledesma?

R: Recuerdo cuando el toro me echó mano. Luego perdí el conocimiento y cuando desperté estaba ya en el helicóptero camino del hospital. Fueron horas de mucha confusión, también por la cantidad de medicamentos que me dieron”.

“Luego me acostaron en una cama rígida, me pusieron dos tornillos en la cabeza y unas pesas de 15 kilos alrededor para estabilizar la médula y poder operarme. Lo pasé muy mal. Verte inmóvil, sin que tu cuerpo reaccione, es algo horroroso. No se lo deseo a nadie”.

P: Da miedo pensar cómo en un segundo puede cambiar tanto la vida…

R: “Con esto te das cuenta del verdadero valor que tiene. Lo mucho que hay que agradecerle a Dios porque te permita mover un solo dedo. Comienzas a valorar cosas que antes ni recababas en ellas. Y eso no es más que aprender a vivir de verdad”.

JAVIER LÓPEZ, AGENCIA EFE

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