La tercera de abono de la Feria de San Fernando de Cáceres reunió un encierro compuesto por reses de La Ventana del Puerto (1º), El Pilar (2º, 5º y 6º) y Puerto de San Lorenzo (3º y 4º), una corrida desigual de presentación, desrazada y falta de fondo, con toros que se agotaron pronto y ofrecieron escasas opciones para el lucimiento.
La tarde tenía un marcado carácter especial por la alternativa de Julio Méndez, que compartía cartel con Alejandro Talavante y Emilio de Justo.
Abrió plaza el recién doctorado Julio Méndez, que saludó a su primer enemigo con templadas verónicas. El toro manseó en varas y el extremeño de adopción respondió con un ajustado quite por chicuelinas. Inició la faena en los medios con un pase cambiado por la espalda para, posteriormente, arrodillarse y ligar una tanda diestra de gran entrega. Sin embargo, el astado comenzó pronto a quedarse corto, buscando los terrenos de chiqueros y pasando de la pelea a la mera defensa. La rotura de una mano terminó por condicionar definitivamente la lidia. Méndez abrevió con acierto y dejó una media estocada suficiente para cortar una oreja.
En el que cerró plaza, el joven matador se fue a portagayola. La larga cambiada no resultó limpia y estuvo a punto de ser alcanzado, aunque se rehízo con unas airosas chicuelinas. Ya con la muleta, comenzó en los medios llamando al toro por el pitón derecho, por donde logró una tanda de calidad. Durante toda la faena mostró quietud, firmeza y un concepto muy definido del toreo, ligando muletazos por ambos pitones. Quizá faltó templar algo más la embestida y bajarle revoluciones al toro para llevarlo más despacio, detalles que llegarán con la experiencia. Una estocada y posterior descabello dieron paso a la concesión de dos orejas y a una triunfal salida a hombros.
Alejandro Talavante se enfrentó en primer lugar a un toro recibido con protestas por parte del público debido a sus hechuras de novillo y escasa presencia. El diestro pacense intentó lucirse a la verónica, pero el animal evidenció pronto su condición mansa. Con suavidad y mimo lo llevó desde el tercio hasta los medios, construyendo una faena basada en el temple y los detalles de torería. Por el pitón derecho logró momentos estimables, aunque fue por el izquierdo donde llegaron los pasajes de mayor calidad. La falta de transmisión y codicia del toro impidió que aquello alcanzara mayores cotas. Mató de media estocada y escuchó palmas.
En el segundo de su lote, Talavante volvió a dejar destellos de su personalidad capotera, estirándose a la verónica con el compás abierto y rematando con una bella media. Tras el paso por el caballo, el toro perdió aún más movilidad. El extremeño supo entenderlo a la perfección, administrando tiempos y distancias para sostener una embestida cada vez más apagada. Una estocada en lo alto, de efecto fulminante, le valió una oreja.
Emilio de Justo recibió a su primero con templadas verónicas. El toro empujó en el caballo y permitió un vistoso quite por chicuelinas. El torero de Torrejoncillo brindó la faena a Julio Méndez y a varios alumnos de la Escuela Taurina de Badajoz. En los primeros compases de muleta, el animal tomó los engaños con buen son, aunque se agotó rápidamente. Por el pitón derecho embistió con cierta entrega, mientras que por el izquierdo mostró más dificultades. Tras un pinchazo y una estocada, Emilio obtuvo una oreja.
El quinto fue protestado desde su salida por su escasa caja. Emilio lo recibió con una larga cambiada y después se recreó a la verónica con el compás abierto. Destacó en banderillas Chacón, que saludó una ovación desmonterándose. Cuando comenzaba la faena de muleta, el toro se partió una mano de forma evidente. El presidente ordenó acertadamente la devolución del animal con el pañuelo verde.
Salió entonces un sobrero de El Pilar. Emilio de Justo volvió a contar con el lucimiento de Chacón en banderillas. El matador comprendió rápidamente las virtudes del nuevo toro y lo aprovechó especialmente por el pitón derecho. Por el izquierdo, el animal tomó la muleta con alegría y clase, permitiendo una tanda de gran calidad que elevó el nivel de la tarde. Una estocada trasera puso fin a la obra. El presidente concedió una sola oreja, decisión que provocó una sonora bronca desde los tendidos, que reclamaban la segunda.
En definitiva, una tarde marcada por el escaso juego del encierro, pero también por la ilusionante alternativa de Julio Méndez, que dejó una excelente imagen y salió a hombros tras sumar tres orejas. Talavante y Emilio de Justo mostraron oficio y recursos ante un lote de pocas posibilidades, en una corrida donde el triunfo hubo que construirlo a base de esfuerzo y capacidad.
Foto y Crónica: Ismael Rodríguez




































