Ángel Téllez ofreció hoy ante sus paisanos de Mora de Toledo un importante triunfo cortando cuatro orejas y un rabo, y salió a hombros junto a Eugenio de Mora y Toñete, que pasearon dos trofeos cada uno 

El joven diestro Ángel Téllez ofreció hoy ante sus paisanos de Mora de Toledo una importante dimensión con un triunfo rotundo de cuatro orejas y un rabo, y salió a hombros junto a Eugenio de Mora y Toñete, que pasearon dos trofeos cada uno.

Dos matadores de Mora de Toledo, una localidad de algo más de 9.000 vecinos, hacían el paseíllo en el ruedo de su pueblo. Tiene mérito, aunque sólo sea estadístico.

Uno de ellos, Eugenio de Mora, casi atisbando la luz al final del túnel, y otro, Ángel Téllez, que acaba, como aquel que dice, de echar a andar el camino; y puede que éste sea largo y fructífero, a juzgar por el éxito cosechado hoy y en las dos corridas que lleva como matador de toros. El tiempo, juez supremo para estas cosas, tendrá la última palabra.

Eugenio de Mora bajó los humos al encastado primero, un toro que tuvo disparo, como se dice ahora en terminología taurina, aunque no el temple necesario para gustarse toreando. Le habría cortado una oreja -al menos- si lo hubiera matado bien. Todo ello entre una polvareda que a veces solo dejaba entrever lo que el torero estaba haciendo delante de su antagonista.

Las ganas dominaron un trasteo digno pero sin brillo a un toro descastado con el que se las vio el toledano en cuarto lugar. Se la dejó en la cara para conseguir ligar muletazos que llegaron a los tendidos de menos a más. Tan a más que le fueron concedidas dos orejas, a pesar de matar a la segunda.

El primero de Toñete se dejó a secas, y el madrileño puso ganas y pocas sutilezas a la hora de manejar la muleta, porque con el capote quedó prácticamente inédito. Se jaleó él mismo, como para darse ánimos, pero hubo más ruido que nueces, además de fallo a espadas.

Las dos orejas le concedieron del quinto, a pesar de que razones para ello no hubo. No por demérito del torero, que pegó los pases que pudo, sino por la condición deslucida del de Alcurrucén. El hecho de fallar en el primer intento con la tizona y de que la estocada cobrada al segundo viaje cayera baja tampoco fueron obstáculo para el doble trofeo.

Ángel Téllez se presentó como matador de toros en la plaza de su pueblo rebosante de firmeza ante un toro muy justo de raza que embistió sin continuidad. En contra de su costumbre lo mató, y bien, a la primera, abriéndose para él ya la puerta grande.

Tuvo mando el inicio de faena al sexto, doblándose con el toro con garbo por abajo; tanto fue el mando que ahí se acabó la mecha del toro. Pero si se acabó la del toro, la del torero estaba intacta. Le buscó las vueltas, derrochando apostura y decisión, sin aspavientos y con verdad, cerrando con unas ceñidísimas bernadinas y una estocada de libro. Y a sus manos fue el rabo. No se puede sacar más de menos. Este torero quiere de verdad.

FICHA DEL FESTEJO

Toros de Alcurrucén, de correcta presentación, justos de raza y entrega, a excepción del encastado primero, ovacionado en el arrastre.

  • Eugenio de Mora, ovación y dos orejas.
  • Antonio Catalán «Toñete», ovación y dos orejas.
  • Ángel Téllez, dos orejas, y dos orejas y rabo.

La plaza registró media entrada en los tendidos.

AGENCIA EFE  FOTO DE ARCHIVO

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