Diego Silveti a hombros en Juriquilla

Diego Silveti

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La noche de este viernes, la plaza de toros de Juriquilla agotó su boletaje y registró un entradón para la corrida extraordinaria en la que hicieron el paseíllo el español Alejandro Talavante, los mexicanos Joselito Adame y Diego Silveti además del peruano Andrés Roca Rey.

 

Se jugaron cinco toros de la ganadería guanajuatense de La Estancia y cuatro de la dehesa hidrocálida de San Isidro. De La Estancia destacó el corrido en tercer lugar por su calidad y recorrido mientras que el resto cumplió cabalmente. En cuanto a los de San Isidro, dos fueron manejables, uno complicado y el cuarto que no se pudo ver por ser devuelto injustamente a las corraletas, Fue sustituido por uno de La Estancia.

Diego Silveti se alzó como el máximo triunfador al cortar dos orejas mientras que Joselito Adame cortó un apéndice. El español Alejandro Talavante y el peruano Andrés Roca Rey se fueron de vacío.

Así las incidencias de este festejo en el día de La Candelaria.

Abrió plaza, “Coloso”, de San Isidro, correspondiendo a Alejandro Talavante, que manejó las telas con mucha cadencia y ritmo. Un brindis plagado de sentimiento a la afición mexicana en este emotivo reencuentro. Un toro emotivo de San Isidro embistió con ritmo y transmisión en la muleta del extremeño que se fundió con naturalidad y clase en las primeras series firmadas por el pitón derecho. Bajo la inspiración que siempre le brota, la faena ha sido bajo ese encuentro personal, un Talavante maduro que disfruta y hace disfrutar.

Cuando tomó en engaño por el izquierdo, surgieron también los muletazos profundos, tan despacio y a compás. Cuanto empaque aquilatado en sus manos, las mismas que continuaron trazando los muletazos por el derecho en una faena donde la colaboración del toro reinó. Aunque la estocada ha sido defectuosa, fue suficiente para que el toro doblara. Quizá la petición no cobró la fuerza necesaria y por ello no llegaron los trofeos. Palmas al toro en el arrastre. Talavante fue ovacionado en el tercio.

“Colega”, de 496 kilos, de San Isidro, segundo de la noche, para Joselito Adame, que saludó con lances a pies juntos rematando con pinturera media. El quite, vistoso, en el centro del redondel con ceñidas chicuelinas que fueron ovacionadas. Joselito también brindó a la afición, y comenzó a estructurar una faena esforzada ante un toro complicado que regateaba las embestidas. Poco a poco lo fue llevando Adame, que terminó por hacer romper la faena, pulso y temple por el derecho, pausado, sin forzar al toro, y lo mismo fue por el izquierdo, llevándolo largo. Faena variada, con entrega y pundonor, llenando de emoción los tendidos. La rúbrica fue una gran estocada.

 

El tercero de la noche, “Culebrillo”, de 475 kilos, fue para Diego Silveti, que toreó con lances a pies juntos con el capote y en la muleta se encontró con un gran toro de La Estancia, con mucha nobleza y calidad que humillaba de manera extraordinaria. Por el izquierdo, una sinfonía de naturales, con la muleta muy baja, y así fue creciendo la dimensión de una faena entregada, determinada, con ese sentimiento que se lleva a flor de piel, que se siente y se transmite, así es el toreo de Silveti, de transmisión, de reflejar en el ruedo lo que vive y hace. Mató recibiendo y tras una mayoritaria petición cortó dos orejas.

 

El cuarto de la tarde, “Siete Mares”, de 482 kilos, de la ganadería de La Estancia, el primero del lote del peruano Andrés Roca Rey. Estoico comenzó con pases por alto, firmando dos cambiados por la espalda. El toro fue muy exigente, brusco, pero el peruano midió bien la distancia y se puso en el sitio correcto. Bajo las notas del Cóndor Pasa, buscó el punto medular de la faena, y por la derecha firmó dos series con mucha calidad, siempre él por encima. Continuó por ese pitón, enfibrándose, con trazos largos, deletreados los derechazos firmados en los pasajes finales. Dos pinchazos y estocada. Silencio.

 

El quinto de la noche, “Corre Sierras”, de 510 kilos, segundo del lote de Alejandro Talavante, que de nueva cuenta dejó la tersura con el capote. Pocas opciones dio el toro, abrevió y se retiró en silencio.

 

“Lobo”, de 530 kilos, sexto de la noche, ha sido para Joselito Adame que hizo vibrar a la afición con su quite por zapopinas. El brindis al empresario “El Pollito” Torres Landa, para comenzar de rodillas toreando. El toro no ha tenido esa calidad, muy parado, regateando las embestidas. Joselito no se queda con nada, y fue paciente frente al toro, y así logró sacar buenos muletazos. Mucho poderío tuvo Joselito que arrancó con determinación los muletazos y así lo metió en vereda por el derecho. Falló con la espada y se retiró entre palmas.

 

“Don”, el séptimo de la noche, de San Isidro, para Diego Silveti, con faena variada, cuajó series por la diestra con mando y determinación, corriendo la mano, en el trazo largo. La faena se desarrolló por ese pitón y continuó en esa tesitura. El buen toreo y el sentimiento plagado en todo momento. Pesado con la espada, se retiró entre palmas.

 

“Centenario”, de 570 kilos, de La Estancia, octavo bis, para Andrés Roca Rey, que comenzó su faena con cambiados por la espalda. La faena se desarrolló con la entrega del peruano que apostó por el pitón derecho, series cortas pero con profundidad. Faena variada con los esfuerzos finales ante un toro que no terminó por romper. Escuchó palmas.

 

Fotógrafo: Manolo Briones.

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