San Sabastian 2018

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Roca Rey se lleva un forzoso y largo mano a mano con Ponce en San Sebastián

El diestro peruano Andrés Roca Rey, que cortó tres orejas y salió a hombros de la plaza, se impuso en el mano a mano que, durante casi tres horas, mantuvo hoy en San Sebastián con el veterano Enrique Ponce, y que vino forzado por la caída de cartel de Cayetano unas horas antes del paseíllo.

Y fue precisamente el lote que estaba destinado al torero ausente, que presentó parte médico una vez celebrado el sorteo de la corrida, el que propició los momentos más brillantes y destacados de la corrida, pues, jugados en cuarto y quinto lugares, ambos toros embistieron con bravura y nobleza a los engaños de los «duelistas».

El cuarto, precisamente el de más armónicas y finas hechuras del encierro de Victoriano del Río, mostró esa buena condición ya desde su salida al ruedo, acudiendo pronto y al galope, con una entrega absoluta.

Tras cuidarlo en los primeros tercios, Roca Rey le abrió la faena de muleta con un pase cambiado por la espalda con las dos rodillas en tierra, levantando gritos de angustia que prologaron una fuerte ovación una vez que el peruano remató la soberbia serie de derechazos que, sin levantarse de la arena, le cuajó a tan gran animal sin solución de continuidad.

El resto del trasteo ya tuvo menos nivel emocional, con ligazón, disposición y variedad por parte del torero, pero siempre la evidente calidad del toro destacaba por encima de unos muletazos a los que faltó mayor calidad y hondura para apurar la clase de un toro que puso tanto como el torero para el corte de esas dos orejas.

Otro apéndice le había cortado Roca antes al segundo de la tarde, un cinqueño con hechuras y comportamiento de toro viejo y al que él se empeñó en llevar la contraria queriéndole torear en los medios, justo donde más protestaba un animal que se lo ponía mucho más fácil hacia la querencia de tablas, donde, finalmente, el peruano remató con más holgura su azaroso trasteo.

La tarde, y el cara a cara, parecían írsele de vacío a Enrique Ponce al morir el tercero, un torancón al que no pudo ponerle más que voluntad pues el animal no hizo más que moverse desordenadamente y doliéndose al esfuerzo que le planteaba la muleta del valenciano, aunque ya antes había rematado con un feo bajonazo su desigual muleteo al manejable primero.

Pero fue ese quinto destinado en principio para Cayetano el que permitió que Ponce lograra lo que llevaba buscando no sin cierta ansiedad toda la tarde, esa oreja que no dejara en blanco su «marcador» en el mano a mano con el torero de moda.

Fue este otro toro grandón y de exagerada hondura, solo que también noble y apacible en su comportamiento para obedecer cada cite y cada trazo de los muchos pases que le pegó el veterano espada en una faena variada y vistosa, de mejor envoltorio en las formas que rotundidad en el fondo. Y premiada con esa solitaria oreja, a pesar de que tampoco la remató bien con los aceros.

Ya cuando el festejo rondaba las tres horas de duración, Roca Rey se fue a hombros de la plaza, aplaudido por el rey emérito Juan Carlos, pero sin poder redondear con un sexto toro que, rajado y huido a chiqueros, se negó a sumarse a la fiesta.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Victoriano del Río, el 1º con el hierro de Toros de Cortés y el sexto como sobrero, al devolverse el segundo por partirse una pata en el tercio de varas. Salvo primero y cuarto, la corrida tuvo una muy voluminosa presencia, aunque de «agradables» cabezas. Entre el desigual, complejo y poco encastado conjunto, destacaron por su nobleza y clase los lidiados en cuarto y quinto lugares.

CRONICA DE PACO AGUADO PARA AGENCIA EFE

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Curro Diaz oreja en la primera de San Sebastian

La oreja que paseó Curro Díaz, de tan escaso peso como la petición que la motivó, fue el único trofeo concedido hoy en la segunda corrida de la Semana Grande de San Sebastián, en la que un público amable apenas pudo vibrar con el poco toreo de calidad que se vio realmente sobre la arena.

Aunque repetían los dos triunfadores de la pasada edición, la ganadería de El Parralejo y el joven diestro mexicano Luis David, el cartel era también el de menor nivel de la feria, lo que se notó en una menor presencia de espectadores en los tendidos.

Pero aun así, la gente tenía ganas de aplaudir y se mostró dispuesta a celebrar y a agradecer desde el primer momento cuanto hicieran los toreros, que al final fue menos de lo que les ofreció la desigual corrida de la divisa sevillana, en la que hubo toros de poca raza pero casi todos manejables.

Y más que manejables, sino bravos y con claras posibilidades fueron los dos que compusieron el lote de Luis David, que salió decidido con ellos a repetir ese triunfo en el coso donostiarra que los dos astados le sirvieron en bandeja.

Desde que saludó al primero con una larga cambiada de rodillas, el mexicano bulló con el capote, tanto a la verónica como en los quites y galleos, llevando el engaño por delante o a la espalda, o incluso haciéndolo volar como en las vistosas zaponinas que le instrumentó al sexto.

Quiso hacer de todo Luis David, aunque siempre con un punto de ligereza y ansiedad que fue de lo que tuvieron especialmente sus faenas de muleta, tanto al tercero, que se vino arriba en banderillas, como al sexto, que resultó tan noble que hasta pecó de cierta sosería.

Ambos trasteos fueron variados, con muletazos y adornos de todas las marcas, como decían los clásicos, incluidos los repetidos y manidos circulares por la espalda, solo que al toreo fundamental del azteca le faltaron matices tan importantes para calar en el tendido como son el reposo, el ajuste y la sinceridad en los cites.

De todas formas, a Luis David le pidieron la oreja del sexto con más fuerza que antes se había solicitado otra para Curro Díaz en el cuarto, sólo que esta vez el presidente, que antes se pasó de generoso, no tuvo el pañuelo tan suelto.

Ese único trofeo concedido al torero de Linares vino a premiar en exceso un trabajo más aparente que sólido ante un toro voluminoso y tosco en sus embestidas, pero que se movió por la periferia de la figura del veterano diestro, que se manejó con más habilidad que entrega.

Antes, Díaz había estado más compuesto al torear al natural al toro que abrió plaza, un animal noble pero algo afligido por su falta de fuerza en los cuartos traseros y que por eso mismo agradeció los muletazos más pulseados que el torero le salpicó en una faena con altibajos.

Por su parte, el madrileño López Simón mantuvo dos pulsos excesivamente largos con sus dos toros, dos empeños voluntariosos y de poco criterio, sin llegar casi nunca a cogerles el aire ni al segundo, que se movió tras los engaños sin gran clase, ni al quinto.

Fue este último un toro bastote y rajado, aunque aguantó lo suficiente en la pelea para facilitar un par de estimables tandas de naturales de su matador, las únicas realmente asentadas y con intención de llevar enganchadas las embestidas.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de El Parralejo, muy desigualmente presentados, desde los bastos y voluminosos a los escurridos y caídos de riñones. En conjunto, corrida justa de raza pero manejable, con dos toros especialmente destacados por bravos lidiados en tercer y sexto lugares.

Curro Díaz, de grana y oro: dos pinchazos y media estocada desprendida delantera (ovación); estocada tendida y escabello (oreja).

López Simón, de canela y oro: media estocada tendida trasera y dos descabellos (ovación tras dos avisos); estocada baja (ovación tras aviso).

Luis David, de blanco y plata: pinchazo, bajonazo y descabello (ovación); estocada trasera desprendida y dos descabellos (vuelta al ruedo tras petición de oreja y aviso).

Entre las cuadrillas, Yelco Álvarez saludó tras banderillear al quinto y buen brega de Juan Carlos García con el primero.

Segundo festejo de abono de la Semana Grande de San Sebastián, con un tercio del aforo cubierto (unos 3.500 espectadores).

CRÓNICA DE PACO AGUADO PARA AGENCIA EFE

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