La oreja que paseó Curro Díaz, de tan escaso peso como la petición que la motivó, fue el único trofeo concedido hoy en la segunda corrida de la Semana Grande de San Sebastián, en la que un público amable apenas pudo vibrar con el poco toreo de calidad que se vio realmente sobre la arena.

Aunque repetían los dos triunfadores de la pasada edición, la ganadería de El Parralejo y el joven diestro mexicano Luis David, el cartel era también el de menor nivel de la feria, lo que se notó en una menor presencia de espectadores en los tendidos.

Pero aun así, la gente tenía ganas de aplaudir y se mostró dispuesta a celebrar y a agradecer desde el primer momento cuanto hicieran los toreros, que al final fue menos de lo que les ofreció la desigual corrida de la divisa sevillana, en la que hubo toros de poca raza pero casi todos manejables.

Y más que manejables, sino bravos y con claras posibilidades fueron los dos que compusieron el lote de Luis David, que salió decidido con ellos a repetir ese triunfo en el coso donostiarra que los dos astados le sirvieron en bandeja.

Desde que saludó al primero con una larga cambiada de rodillas, el mexicano bulló con el capote, tanto a la verónica como en los quites y galleos, llevando el engaño por delante o a la espalda, o incluso haciéndolo volar como en las vistosas zaponinas que le instrumentó al sexto.

Quiso hacer de todo Luis David, aunque siempre con un punto de ligereza y ansiedad que fue de lo que tuvieron especialmente sus faenas de muleta, tanto al tercero, que se vino arriba en banderillas, como al sexto, que resultó tan noble que hasta pecó de cierta sosería.

Ambos trasteos fueron variados, con muletazos y adornos de todas las marcas, como decían los clásicos, incluidos los repetidos y manidos circulares por la espalda, solo que al toreo fundamental del azteca le faltaron matices tan importantes para calar en el tendido como son el reposo, el ajuste y la sinceridad en los cites.

De todas formas, a Luis David le pidieron la oreja del sexto con más fuerza que antes se había solicitado otra para Curro Díaz en el cuarto, sólo que esta vez el presidente, que antes se pasó de generoso, no tuvo el pañuelo tan suelto.

Ese único trofeo concedido al torero de Linares vino a premiar en exceso un trabajo más aparente que sólido ante un toro voluminoso y tosco en sus embestidas, pero que se movió por la periferia de la figura del veterano diestro, que se manejó con más habilidad que entrega.

Antes, Díaz había estado más compuesto al torear al natural al toro que abrió plaza, un animal noble pero algo afligido por su falta de fuerza en los cuartos traseros y que por eso mismo agradeció los muletazos más pulseados que el torero le salpicó en una faena con altibajos.

Por su parte, el madrileño López Simón mantuvo dos pulsos excesivamente largos con sus dos toros, dos empeños voluntariosos y de poco criterio, sin llegar casi nunca a cogerles el aire ni al segundo, que se movió tras los engaños sin gran clase, ni al quinto.

Fue este último un toro bastote y rajado, aunque aguantó lo suficiente en la pelea para facilitar un par de estimables tandas de naturales de su matador, las únicas realmente asentadas y con intención de llevar enganchadas las embestidas.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de El Parralejo, muy desigualmente presentados, desde los bastos y voluminosos a los escurridos y caídos de riñones. En conjunto, corrida justa de raza pero manejable, con dos toros especialmente destacados por bravos lidiados en tercer y sexto lugares.

Curro Díaz, de grana y oro: dos pinchazos y media estocada desprendida delantera (ovación); estocada tendida y escabello (oreja).

López Simón, de canela y oro: media estocada tendida trasera y dos descabellos (ovación tras dos avisos); estocada baja (ovación tras aviso).

Luis David, de blanco y plata: pinchazo, bajonazo y descabello (ovación); estocada trasera desprendida y dos descabellos (vuelta al ruedo tras petición de oreja y aviso).

Entre las cuadrillas, Yelco Álvarez saludó tras banderillear al quinto y buen brega de Juan Carlos García con el primero.

Segundo festejo de abono de la Semana Grande de San Sebastián, con un tercio del aforo cubierto (unos 3.500 espectadores).

CRÓNICA DE PACO AGUADO PARA AGENCIA EFE

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