El novillero Víctor Hernández protagonizó una importante e ilusionante actuación en la novillada de claro acento local celebrada hoy en Guadalajara, en la que otro alcarreño, Adrián Henche, también salió a hombros merced a dos faenas templadas y de notable oficio.

Víctor Hernández mostró pronto sus credenciales con un sorprendente y arrebatado saludo por caleserinas a su primero, novillo manso y con muy poca clase, haciendo todo por arriba, cruzado, sin entregarse.

El mérito del joven torero de los Santos de la Humosa fue el no afligirse, con asiento y disposición en todo momento para acabar toreando con gusto y componiendo muy bien la figura en una faena argumentada en la mano izquierda. Un final de cercanías donde no se guardó nada fue el corolario a una más que encomiable actuación, premiada con una oreja.

El quinto fue el más serio del envío tanto por hechuras como por arboladura. Un «pavo» que se dice en la jerga. Y a pesar de las pocas novilladas que lleva todavía a sus espaldas, Hernández refrendó que tiene unas aptitudes extraordinarias para funcionar, pues posee un valor natural, un gran sentido del temple, desparpajo y hasta finura a la hora de interpretar el toreo.

Así, tal cual, lo mostró con ese quinto, al que pegó muletazos cumbres por los dos pitones, con notable expresión, jugando muy bien la cintura y demostrando también aplomo para aguantar parones y tirar de las embestidas de su oponente, al que cuajó de cabo a rabo. Bernadinas finales, estocada al segundo envite y otra oreja de ley.

Andrián Henche estuvo muy templado con su primero, un novillo que colocaba muy bien la cara pese a su mansedumbre y a una descarada tendencia a desentenderse pronto de los engaños.

El secreto fue llevarlo siempre muy tapado, que solo viera muleta, y así se sucedieron las series por el derecho, toreando muy despacio, por abajo y hasta con cierto regusto. Y, aunque al natural no hubo el mismo acople, la eficacia con la espada fue clave para que cortara una oreja.

El cuarto fue un animal mansurrón y muy informal con el que el de Fuentelencina intercaló pasajes de nota con otros más deslavazados, evidentemente por culpa de la desabrida y desclasada condición del de Polo Sáiz. Faltó contundencia con la espada, pero, así y todo, sus paisanos le premiaron con otra orejita.

Álvaro Sánchez no pudo pasar de voluntarioso con un tercero manso y a la defensiva, de cortos y pegajosos viajes, al que el joven de Cabanillas del Campo trató de exprimir en una labor muy entregada, firme y valiente, pero de poco contenido artístico, quede dicho que por falta de oponente.

Y para abundar en su mala suerte, el sexto fue el peor de todos, un novillo gazapón, sin clase y, algo aun peor, de aviesas intenciones. Sánchez volvió a estar voluntarioso para, al menos, solventar la papeleta. La oreja que paseó al final fue más un premio de consolación que otra cosa.

FICHA DEL FESTEJO.- Novillos de Polo Sáiz, de buenas hechuras, sobre todo os dos últimos, desiguales por delante y de juego también variado. Destacó la calidad del mansito primero y el buen son del quinto por el derecho. Los otros, mansos y sin clase.

Adrián Henche, de verde botella y oro: media tendida y caída (oreja); y pinchazo y estocada baja (oreja).

Víctor Hernández, de blanco y oro: estocada trasera y desprendida (oreja tras aviso); y estocada delantera y nueva estocada (oreja tras aviso).

Álvaro Sánchez, de blanco, oro y remates negros: estocada atravesada que hace guardia (aviso y vuelta al ruedo tras leve petición); y pinchazo, estocada trasera y atravesada, y cuatro descabellos (oreja tras aviso).

En cuadrillas, Roberto Ortega saludó tras banderillear al quinto.

La plaza registró un cuarto de entrada (unas 2.000 personas) en tarde lluviosa, fría y con rachas de viento que, en ocasiones, molestó en el ruedo

Crónica de Javier López para Agencia EFE foto @cosodelascruces 

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