Tres orejas, una por coleta, fue el balance de la quinta y última novillada del “Zapato de Oro” de Arnedo (La Rioja), una tarde muy completa y en la que se vieron cosas muy interesantes, sobre todo a cargo de Rafael González y Manuel Diosleguarde.

Rafael González protagonizó dos actuaciones diametralmente opuestas. Con su noble y blando primero, el madrileño anduvo tesonero pero sin decir absolutamente nada a lo largo de un trasteo innecesariamente largo y en la que únicamente pudo andar en labores de enfermero, es decir, sujetando al utrero a media altura.

Pero con el cuarto cambió el panorama. Se le vio con muchísimo más compromiso ya desde el saludo capotero, en el que intercaló verónicas de hinojos, otras de pie, gaoneras y faroles, además de un ajustado quite de frente y por detrás.

De rodillas volvió a iniciar la faena de muleta, con dos series en redondo muy bien ejecutadas. Recuperada la vertical siguió por el derecho toreando muy encajado, muy de verdad, pasándoselo (al novillo) muy cerca. Al natural le costó algo más, pero tras dos desarmes volvió por ese lado para pegarle varias tandas muy templadas y de mano baja,

A todo esto, el animal, encastado y con transmisión, dio también importancia a la labor de González, que acabó faena con un epílogo de cercanías y una buena estocada. Oreja de ley.

Francisco de Manuel cortó una orejita muy amable a su primero, un novillo que colocaba muy bien la cara y con un punto de casta, aunque acabara aburriéndose al final. Quizás esto se debió a la falta de concreción del madrileño, perdido entre series por el derecho sin rematar y otras al natural también sin romper. Labor intermitente, finiquitada de un pinchazo y un soberbio espadazo.

No mejoró el panorama con el quinto, un novillo manejable con el que se volvió a ver a un De Manuel demasiado despegado y ventajista a lo largo de otra faena llena de desigualdades.

Manuel Diosleguarde demostró tener un concepto muy bien, muy puro y clásico. Se vio ya en su noblote primero, al que toreó primorosamente bien sobre ambas manos. Compone muy bien la figura este salmantino, que también tiene temple, encaje y gusto en la interpretación, amén de una muñeca prodigiosa. Importante toque de atención, que le valió para pasear un merecido trofeo.

Lástima que no pudiera rematar con el sexto, un novillo que quedó muy tocado de los cuartos traseros tras su paso por el caballo, lo que condicionó que la faena de Diosleguarde, de largo metraje, no pasara de los detalles sueltos.

FICHA DEL FESTEJO.- Novillos de Fernando Peña, de desiguales hechuras y remates, algo pobres por delante y de juego también variado. El mejor, el encastado cuarto, ovacionado en el arrastre. Noble pero sin fuerzas, el primero; encastadito y a menos, el segundo; noble pero medido de raza, el tercero; manejable sin más, el quinto; y deslucido el sexto, que se lastimó en el caballo.

  • Rafael González, silencio tras aviso y oreja.
  • Francisco de Manuel, oreja y silencio.
  • Manuel Diosleguarde, oreja y ovación.

En cuadrillas, Jarocho clavó dos pares muy buenos al primero, aun sin llegar a saludar, algo que sí hizo Elás Martín tras banderillear al tercero.

La plaza registró algo más de un cuarto de entrada

AGENCIA EFE><>< FOTO CLUB TAURINO DE ARNEDO

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