LAS VENTAS. MADRID
Vigesimosegunda de la Feria de San Isidro 2026
Redacción Ángel Estevez
Llegaban los toros de José Escolar a Las Ventas y, como siempre, se generó la expectación del aficionado torista. Corrida encastada, correosa y dura, con muchos matices y que no permitieron el consumo de pipas y sí de oxígeno. Quizás el toro más facilón, por llamarlo de alguna manera, fue el preciso cárdeno claro que abrió plaza. Un toro soso y que embestía dormidito con el que Pepe Moral extrajo alguna serie de naturales templada al final de su labor muletera. Tampoco tuvo excesiva maldad el cuarto, un animal muy asaltillado de tipo pero que no tuvo nada de entrega y menos casta, llegando a ser insulso en su embestida siempre defensiva.
Luego hubo dos alimañas lidiadas en segundo y tercer lugar respectivamente. Animales con mucho peligro que recordaron a aquellas alimañas de los que echaba Victorino Martín en los años sesenta. Toros medidores, probones, gazapones y rebañadores, con los que jugarse el tipo iba más allá de la temeridad y con los que Damián Castaño y Gómez del Pilar se justificaron de sobra. A Noé tuvieron el «detalle» de pitarle.
Luego en quinto lugar saltó la alimaña encastada, pero que si apuestas puedes salir reforzado. Y así fue como salió Damián Castaño tras una obra en la que cada muletazo era una aventura. El de José Escolar venía siempre midiendo y, lo que es peor y raro en este encaste, sin humillar. Por si esto fuera poco, el viento, intermitente toda la tarde, hacía acto de presencia cuando Damián trataba de apretar al de Escolar. Pero el torero salmantino, tocado con la montera, se puso, aguantó parones, rebañones y miradas, y lo llevó todo lo largo que permitía la siempre dudosa embestida del cárdeno burel. Una lucha a Toma y Daca en la que Damián Castaño salió vencedor. Al final de la faena al torero le sobraba todo, menos el aire. Lástima fue el fallo a espadas, que evitaron que el torero tocara pelo, pero la vuelta al ruedo fue unánime.
Y salió el sexto, un cárdeno claro que recordaba a los toros bonitos de Albaserrada, sin tanta arboladura de pitones pero muy en tipo, y con un nombre de grato recuerdo en la casa de Victorino Martín; «Buenacara». Buena cara fue la que puso el torero, Gómez del Pilar, cuando un aficionado le gritó desde el tendido 7 que tenía un buen toro delante; qué guasa… Pero Noé, conocedor de este encaste y, particularmente, de esta ganadería, apostó al todo o nada. Primero por el toro, que era encastado, más humillador que sus hermanos, y que se abría un poquito más. Al principio lo fue sobando Noé, desengañándole, de uno en uno, con la mano derecha. Luego le apretó y el toro respondió algo, pero nunca con entrega y sin irse. Luego volvió el viento, muy inoportuno, y la obra cayó en un punto muerto en el que la gente estaba en ponerse a favor del toro o del torero. Entonces Noé se la echó a la izquierda y, ayudándose con la espada, recetó la misma medicación que con la mano derecha. De uno en uno lo fue sobando, llevando un poquito más, hasta que en la siguiente serie le apretó y rugió Madrid. Hubo dos tandas de naturales más, la última muy cruzado y de uno en uno con el público entregado a la faena del diestro toledano, pero Noé quiso más y, mientras sonaba el aviso, trató de pegarse un arrimón de nuevo con la diestra. Pero era tarde y el toro ya había dado lo que quería dar. La espada no entró entera y tuvo que descabellar Noé, perdiendo también el premio tangible. La ovación del público fue sincera, así como la actuación de los tres toreros que dieron más de lo que la gente pudo percibir.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Las Ventas. Vigesimosegunda cita de la Feria de San Isidro 2026. Corrida de toros. Más de tres cuartos de entrada.
Seis toros de José Escolar. Se quedó corto y no terminó de entregarse el primero; desarrolló sentido el segundo; complicado el gazapón tercero; muy reservón el cuarto, que tuvo peligro sordo; peligroso y muy avisado el quinto, uno de los toros más complicados de la feria; con viaje largo y humillado el sexto, que fue el único toro bueno del envío.
Pepe Moral, de canela y oro: silencio tras aviso y silencio.
Damián Castaño, de pizarra y oro: silencio y vuelta al ruedo.
Gómez del Pilar, de azul pavo y oro: pitos tras dos avisos y ovación tras dos avisos.















