LAS VENTAS. MADRID
Vigesimocuarto festejo de la Feria de San Isidro
Redacción Ángel Estévez
Cuando se desea suerte no es solamente para que no pase nada; que no haya percances, que se corten orejas y se triunfe… La suerte está en muchos detalles en una corrida de toros, y en esta no hubo suerte; Ni para los toreros, ni para los toros, ni para el público. Los toros porque pedían dominio y el viento no lo permitió. Los toreros porque el público estuvo frío con sus actuaciones,y el público porque los toreros dejaron escapar algunos que trofeos. En plural. Pero también la suerte es lo que hemos dicho al principio, que te coja un toro de manera trágica y no pase nada, como le pasó a Víctor Hernández al recibir al sexto. Llegaba la corrida de Jandilla – cuatro animales con muchas posibilidades – remendada con dos toros de la ganadería de Santiago Domecq, anunciados en quinto y sexto lugar. Emilio de Justo se enfrentó a un primer toro de nota por su bravura y codicia. Pero no se acopló en varias fases de la faena hasta la última serie de naturales con la mano derecha, en la que la gente se entregó. Pero con la espada apuntó al sótano y con el descabello no lo vio. Un gran toro no merece morir así. Con el quinto, otro gran toro, Emilio se enfadó y se la echó pronto a la izquierda, por donde, tras dos series que no llegaron a romper, llegó una serie con más muletazos, por abajo y largos, a los que siguieron varias más con mucha emoción. Pero la espada se fue muy trasera y todo se enfrió mucho. Está vez el descabello se empleó bien.
Se estiró Borja Jiménez a la verónica con el precioso segundo, un jabonero de buen trapío y que derribó al jaco, arrancándose con bravura y galopando en banderillas. Pedía el de Jandilla dominio y trató Borja Jiménez de hacerlo desde el principio de faena, pero el viento es contrario al temple, y cuando Borja le sometió por el pitón izquierdo el toro echó la persiana. Con la espada Borja, fue Borja. Al quinto le sopló el sevillano dos pases cambiados en el inicio de faena pero el toro, un tío de Santiago Domecq, también pidió dominio y sometimiento. El toro sacó temperamento y Borja Jiménez no logró la limpieza en la series para que aquello cogiera vuelo, aunque hay que señalar que el público estuvo algo frío. Está vez Borja enterró el acero, aunque en colocación atravesada, teniendo que descabellar.
Víctor Hernández ya presentó credenciales en su quite en el segundo toro, con gaoneras ajustadas, colocándose el capote a la espalda, no echándoselo. Ya con el tercero, un toro justo de cabeza y que metió los riñones en el peto y medido en el castigo, tardó en cogerle las distancias al toro, que en las cercanías se aplomaba y en la media distancia repetía. Lo mejor, el valor al final de faena en los parones del toro en las bernardinas de cierre y una serie de derechazos. El sexto de Santiago Domecq cogió por la cadera en el primer capotazo a Víctor Hernández, levantándole varios metros por el aire y, en la caída, cogiéndole por la chaquetilla y llevándolo hasta el centro del ruedo hasta que la casaquilla se rompió. Luego brindó al respetable la faena sabiendo que el toro era todo complicaciones; reservón, dando arreones… Tiró la moneda y buscó la suerte. Cada muletazo era un trago, con el toro escarbando mientras Víctor se cruzaba al pitón contrario. En un natural, el toro perdió una mano y se quedó en la cadera y, en el derrote, el cogió por el chaleco colgándole del pitón. Más suerte. Y suerte también que el pitón estaba despuntado en ese momento. Desmenejado por tanto palizón, se tiró a matar de verdad. La espada se fue tendida, pequeño defecto que obligó a usar la cruceta. Con tan mala suerte que marró.
Por eso es que, cuando se desea suerte, ese deseo tiene muchos matices.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Las Ventas. Vigesimocuarto festejo de la Feria de San Isidro. Corrida de toros. No hay billetes.
Toros de Jandilla y dos de Santiago Domecq -quinto y sexto-. De encastada movilidad el bravo primero; áspero y geniudo el segundo; incómodo un tercero a la defensiva; bravo, encastado y codicioso el cuarto; se movió con más fiereza que entrega el quinto; reservón y orientado el peligroso sexto.
Emilio de Justo, de frambuesa y oro: silencio tras dos avisos en ambos.
Borja Jiménez, de malva y oro: silencio en ambos.
Víctor Hernández, de lila y oro: ovación tras aviso en ambos.















