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Hay tardes que dejan una oreja en el esportón y hay tardes que dejan algo mucho más importante: la certeza de que el camino vuelve a abrirse. Para José Carlos Venegas, Cuéllar ha sido una de esas tardes. El triunfo ante la exigente corrida de Saltillo, en la primera corrida de la Feria de Cuéllar, ha supuesto para el diestro de Beas de Segura mucho más que un balance triunfal de finales de agosto. Ha sido el reconocimiento de los aficionados, la emoción de volver a sentirse capaz y la necesidad íntima de recuperar la confianza encontraron respuesta frente a un toro de los que no regalan nada, un animal de nombre Cazarrato’, hermano del célebre ‘Cazarrata’, aquel Saltillo que en 2016 dejó su huella en Las Ventas y que terminó siendo condenado a banderillas negras.

 

Venegas sabía lo que tenía delante. Y, precisamente por eso, su actuación adquiere una dimensión especial. Ante un toro muy exigente, incierto y con tendencia a buscar la salida, el jienense se plantó con la firmeza de quien no está dispuesto a dejar escapar la oportunidad. Brindó al público cuellarano y llevó al animal a los medios, allí donde el torero se queda más solo y donde la verdad del toreo se hace inevitable. ‘Cazarrato’ se colaba especialmente por el pitón izquierdo y no permitía errores.

 

Venegas tuvo que imponerse a base de valor, oficio y raza. Hubo que tragar, aguantar y mandar. Hubo que jugarse los muslos. Y hubo, sobre todo, una determinación que terminó por convertir una faena de enorme exigencia en una actuación de impacto. La estocada fue el último capítulo de una tarde de entrega absoluta. Una estocada hasta la bola, ejecutada con esa mezcla de decisión y verdad que exige el toreo cuando el triunfo se encuentra al otro lado del miedo. Venegas salió comprometido, a punto de ser prendido, pero había puesto sobre la arena todo lo que llevaba dentro. La oreja, concedida con fuerza, fue el reconocimiento a una faena que tuvo el valor como argumento principal y la autenticidad como denominador común.

 

Pero quizá lo más importante no fue la oreja. Lo verdaderamente trascendente fue volver a sentir. Volver a sentir que el toro responde, que el público reconoce, que la muleta vuelve a hablar y que el torero sigue ahí. Que detrás de los silencios y de las dificultades existe todavía un hombre dispuesto a reivindicar su sitio. Porque José Carlos Venegas no ha dejado de creer. Y tampoco lo ha hecho su apoderada, Lidia Rodríguez Bermejo, que libra en los despachos del sistema una batalla tan firme y perseverante como la que su torero libra cada tarde en el ruedo.

 

La historia de José Carlos Venegas es también la historia de una resistencia. La de un torero que sabe que en las denominadas corridas duras no basta con estar anunciado: hay que demostrar, tarde tras tarde, que se merece estar. Cuéllar volvió a ponerlo delante de un examen de máxima exigencia y el jienense respondió como responden los toreros que conocen el precio de cada oportunidad.

La tarde tuvo además un segundo capítulo. Ante el cuarto de Saltillo, otro toro muy serio, Venegas volvió a buscar los medios y comenzó a torear al natural mientras la Banda de Música Municipal de Cuéllar acompañaba la faena. Hubo firmeza, capacidad y disposición de un hombre que ofreció su vida a la pasión del toro. Una media estocada puso fin a su actuación y, aunque la petición mayoritaria de oreja no encontró el respaldo del palco, el público reconoció su esfuerzo con una fuerte ovación. Dos toros distintos. Una misma actitud.

 

Y ahora, Madrid. El calendario apenas concede tiempo para saborear lo conseguido. El próximo domingo 13 de septiembre, José Carlos Venegas volverá – segundo paseíllo en una misma temporada tras su gran paso por San Isidro con este mismo hierroa pisar el ruedo de Las Ventas, esta vez dentro de los “Desafíos Ganaderos”, en un cartel de máxima exigencia junto a Pérez Mota y Alberto Lamelas, frente a toros de Valdellán y Juan Luis Fraile. Madrid no entiende de inercias. No regala nada. Exige llegar con la cabeza despejada, el corazón dispuesto y la confianza intacta. Venegas llegará a la Monumental con algo que quizá no pueda medirse en estadísticas ni en contratos: llegará con la sensación recuperada de volver a ser él mismo. La oreja de Cuéllar ya está en el esportón. Ahora Madrid tiene la palabra.

 

“Cuéllar me ha dado mucha moral y energía para volver a estar en el sitio que quiero”

La oreja conquistada por José Carlos Venegas en Cuéllar ante una corrida de Saltillo tiene para el torero un significado que trasciende el propio trofeo. Apenas unos días después de aquella tarde y con Madrid nuevamente en el horizonte, el diestro jienense reconoce el valor especial de ”Un triunfo en un escenario de máxima exigencia y ante un encaste que, por su propia condición, nunca permite concesiones”.

 

El jiennense recuerda su primera comparecencia en Cuéllar como “Una tarde bonita, Cuéllar me ha dado mucha moral y energía para volver a estar en el sitio que quiero”, aunque admite que el encierro no puso las cosas fáciles. Los toros, acusaron algunas carencias y ante esas dificultades cuando aparecieron sus principales argumentos: “Dentro de las complicaciones, sacamos nuestras armas, nuestra fe y nuestras ganas de querer torearlo y de estar por encima de las circunstancias”.

 

El primer toro, además, tenía un componente añadido. José Carlos se encontró con Cazarrato, hijo de la madre del célebre Cazarratas, “Desde el primer momento que vi cómo se llamaba el toro dije: ‘verás cómo me toca”. Aun así, procuró no dejarse condicionar por la historia de su hermano. “No le di muchas vueltas y fui a jugármela

 

con autenticidad”. La faena exigió firmeza, disposición y, especialmente, una estocada de máxima verdad. “Hay veces que los toreros debemos darlo todo en unas décimas de segundo. Y eso fue lo que hice, me jugué los muslos entrando a matar de verdad”. La oreja adquiere así un valor especial no sólo por el resultado, sino por las circunstancias en las que fue conseguida. “Lo importante es que el aficionado lo vio, la prensa lo vio y que lo que se hizo está ahí, se ha quedado firmado ahí”.

 

Y esa huella tiene ahora una consecuencia inmediata: Madrid. Después de la buena impresión dejada durante San Isidro, el regreso a Las Ventas supone una confirmación y al mismo tiempo, una nueva oportunidad para seguir reivindicando mí sitio”. Venegas admite que “Volver a pisar la plaza más importante del mundo me produce una enorme satisfacción porque significa que lo realizado anteriormente ha dejado poso y te das cuenta de que caló lo de San Isidro”.

 

Y esa constatación se transforma en “Mucha moral, mucha energía y mucho oxígeno”, especialmente después de tantas horas de entrenamiento y de incertidumbre sobre cuándo llegaría la siguiente oportunidad. Volver a verse anunciado supone, por tanto, Una recompensa al trabajo silencioso y una nueva posibilidad de sumar y recuperar el sitio que uno desea ocupar”.

 

En ese camino tiene también un papel fundamental su apoderada, Lidia Rodríguez, cuya labor en los despachos necesita del respaldo de los triunfos en la plaza. Venegas es consciente de ello y entiende que su responsabilidad pasa por ofrecer argumentos suficientes para que su representante pueda seguir llamando a las puertas: “El torero soy yo, el que tengo que dar esa motivación y esa fuerza para que cuando Lidia llame a los sitios no le digan que no”. Por eso considera imprescindible que “Hay que estar todas las tardes por encima de todo y dejar muy buenas sensaciones, que la gente se quede con ganas de verte en las ferias y de querer verte más”.

 

Así afronta Venegas su nueva cita con Madrid: con la experiencia acumulada, con las sensaciones recuperadas y con la ilusión renovada. El torero siente que llega a esta nueva comparecencia en un momento diferente, más maduro y con la confianza que otorgan los hechos. Ante el nuevo Desafío Ganadero de Las Ventas, todas sus perspectivas apuntan en la misma dirección. “Todas las perspectivas que tengo son esas”, concluye José Carlos Venegas, convencido de que Cuéllar no sólo le dejó una oreja en el esportón, sino también algo quizá todavía más valioso: moral, energía, reconocimiento y la certeza de que vuelve a tener una oportunidad para demostrar quién es”.

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