Una cosa es ser mal aficionado, otra es ser ignorante, otra ser demente y otra es ser mal nacido. Pues todo ello y peor son algunos individuos que acuden habitualmente a las Ventas, dispuestos a   reventar faenas de aquellos toreros que a ellos no les caen bien,  a pedir al torero que se cruce (no saben que cruzado corre menos peligro), mientras que si el torero es de su agrado todo lo que hace, sea lo que fuere, está bien. No sé cuantos serán, pero seguro que no son muchos, y seguro que no solo están  en el  tendido 7.

Las características de tales  individuos quedan reflejadas en algunas frases, por ellos dichas, y que pasamos a exponer. Algunas las oí yo mismo y otras las he  leído en el diario el Mundo.

El domingo de Resurrección, estaba yo en una barrera del 9; salió un toro con más de 570 Kilos, no recuerdo si eran 574 o 576, con una arboladura impresionante, que no cabía en la muleta, y un señor de unos 50 años, que había a  2 metros de mi localidad,  exclamo, ¡este se tapa por la cara, si no sería una rata! ¡Llama rata a un toro de más de 570 kilos!

El día de San Isidro yo ocupaba una localidad en la fila 3 del 9, y durante el tercio de banderillas del tercer toro, que correspondía a Miguel Ángel Perera, el maestro Finito de Córdoba se encontraba, ocupando su lugar en los medios, detrás del banderillero de turno, cuando el toro , en su ir de un lado para otro, pasó a unos  10 o 15 metros de Finito, y un señor que estaba  justo detrás de mi (unos 45-50 años) gritó: ¡Mírale ahí tienes a Finito, cógele!

 En artículo publicado, en el diario el Mundo,  por María Vallejo y titulado «Una tarde en el tendido 7″, se recogen frases de asistentes  a la corrida del 30 de mayo,  que estaban en dicho tendido, tales como: ¡Fíjate como se vence  el toro, ojalá le salga a Roca Rey uno igual de cabrón»; » ¿Uno solo? «Los dos y que le metan para dentro». ¡Te  ha cogido por tu culpa. Por no ponerte en el sitio!» (se refería a la cogida de Manuel Escribano).

Después de conocer todas esas expresiones convendrán conmigo en que quienes las decían eran muy malos aficionados, ignorantes, dementes y mal nacidos, por  lo menos. Sin duda confirman  la afirmación hecha por Miguel de Cervantes, de que «cada uno es como Dios le hizo  y aun  peor». Estos son bastantes peores, son perturbados, y hay que acabar con ellos en las Ventas, plaza más importante del mundo. La forma de acabar con ellos es que los buenos aficionados no les permitan vomitar semejantes frases, mandándoles callar enérgicamente, con autoridad, todos los que estén a su alrededor. Cuando perciban el desprecio de todos los buenos aficionados se callarán.

Tales energúmenos, descerebrados, desprestigian cualquier lugar donde se encuentren, y en este caso a la plaza de las Ventas, donde tan buenos aficionados acuden, y durante la feria de San Isidro pone su mirada y atención todo el orbe taurino. Una cosa es que un torero te guste más o menos, que tenga un mal día, que quieras aplaudirle o pitarle, pero decir esas barbaridades es propio de seres muy perturbados mentalmente.

Rafael Comino Delgado

1 Comentario

  1. INSULTAR Y FALTAR EL RESPETO ESTE AFICIONADO SABE MUCHO. DE TRAPIO LO JUSTO, EL PESO O LOS KILOS NO MIDE EL TRAPIO DEL TORO.ESPERO QUE DE MEDICINA SEPA ALGO MAS.

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