El joven diestro Javier Jiménez ha saludado la única ovación del festejo inaugural de la Feria de San Isidro en Las Ventas, una tarde agria marcada por el áspero juego de los de La Quinta y por el percance sufrido por David Galván.

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de La Quinta, con más cara que hechuras, y de poco juego en general. Solamente ha destacado la calidad del afligido primero y la transmisión del quinto por el pitón izquierdo. Manso y con peligro, el primero; incierto y deslucido, el tercero; sin raza, el cuarto; y a la defensiva, el sexto.

Alberto Aguilar, de turquesa y oro: estocada desprendida y dos descabellos (silencio tras aviso); y pinchazo y casi entera contraria y seis descabellos (silencio tras aviso).

David Galván, de azul noche y oro: cogido por su primero al que estoqueó Aguilar de cuatro pinchazos, otro hondo y dos descabellos (silencio).

Javier Jiménez, de azul rey y oro: cuatro pinchazos (silencio tras aviso); y estocada tendida y contraria (ovación tras aviso); y estocada trasera, tres descabellos, tres pinchazos, otro hondo y media atravesada (silencio tras dos avisos en el que mató por Galván).

En la enfermería fue atendido David Galván de «puntazo corrido en tercio en tercio inferior, cara externa del muslo derecho; ligera conmoción cerebral y traumatismo en codo izquierdo con probable fractura, pendiente de estudio radiológico. Pronóstico reservado».

La plaza registró un tercio de entrada en tarde entoldada y desapacible.

UN OASIS ENTRE TANTA ASPEREZA

Pasado por agua, al menos en los prolegómenos, ha arrancado hoy el primer San Isidro de la era Simón Casas al frente de Las Ventas. Un festejo con el toro como principal protagonista al echar ya de primeras una ganadería de las «toristas» como La Quinta.

Y, lo que son las cosas, lo que no ha funcionado ha sido, precisamente, la corrida, sin raza, muy a la defensiva y con malas intenciones como ha sido el caso de varios de los «grises» de Martínez Conradi, como el segundo, entre otros, que ha dejado pronto fuera de combate a David Galván. Qué mala suerte tiene este torero con los percances.

En el otro extremo hay que alabar la solidez y los arrestos de Javier Jiménez frente al quinto, toro con peligro por el pitón derecho, embistiendo directamente al bulto y haciendo pasar las de caín a las cuadrillas en los primeros tercios.

Pero por el izquierdo el animal era otra cosa, más franco y, sobre todo, con transmisión, y por ahí el de Espartinas ha obrado el milagro de la tarde.

Muy sólido el torero, le acabó pegando pases impensables, algunos muy buenos, lo que ha propiciado que los tendidos despertaran del sopor en el que estaban inmersos; de ahí que, tras la estocada, le llegaran a pedir la oreja, que, sin embargo, se ha traducido finalmente en una merecida ovación. Un oasis entre tanta aspereza.

Su primero, tercero de corrida, no ha sido tampoco oponente claro por incierto y reservón. Jiménez ha hecho también la apuesta, sin amilanarse, primero a base de paciencia para tratar de ahormar unas embestidas poco francas y después para quedarse en el sitio y tirar de él con seguridad y aplomo en un largo y laborioso trasteo.

Y ya con el sexto, que ha tenido que matar en lugar del compañero herido, un animal muy a la defensiva, con la cara siempre por encima del palillo, Jiménez pasó un quinario en la suerte suprema, tanto que estuvo a segundos de dejárselo vivo.

El toro que ha abierto corrida y feria lucía hechuras para embestir, sin embargo, se ha afligido enseguida. No tenía mal aire, sobre todo por el izquierdo, pero le costaba un mundo perseguir los engaños, durmiéndose a mitad del muletazo. Aguilar, casi en labores de enfermero, le ha extraído muletazos muy templados al natural, mas al conjunto le ha faltado continuidad.

El cuarto no ha tenido la más mínima raza para plantar batalla a Aguilar, que ha andado con voluntad para tratar de sacar algo en claro; no obstante, se ha acabado encontrando con la frialdad de unos tendidos más pendientes de cualquier cosa menos de lo que pasaba en el ruedo.

El primero y, a la postre, único enemigo de David Galván «ha cantado» pronto su mansedumbre. Huido y remiso, ha marcado enseguida la querencia, donde ha cobrado las dos varas, saliendo suelto nada más notar el hierro.

Se ha dolido también el manso en banderillas, poniéndose imposible para la muleta, tanto que ha acabado cogiendo de muy malas maneras al gaditano, que ha acabado sufriendo una importante lesión de codo.

Agencia EFE

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Manolo Herrera comenzó hace mas de dos décadas en la información taurina. Sus comienzo fueron radiofónicos, pasando luego a TV y desde hace tiempo en distintos portales de información taurina.

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