FOTOS: Tauro Nota / Juanelo Lopez
CRÓNICA: Eugenio Manzano
Morante de la Puebla volvía a Madrid un año después del gran festival que montó en homenaje a Antoñete y de quitarse la coleta por la tarde. Tras su «no retirada» prefirió (con acierto) no venir a Madrid en San Isidro y esperar hasta Otoño, a sabiendas de que la decisión de hacer una temporada normal después esa teórica despedida le podría pasar factura. Y el 7 le esperó.
Le midieron muchísimo, como ya sucedió con Marco Pérez, por ejemplo, la semana pasada. En el caso del salmantino creo que con razón, porque estuvo muy acelerado.
Pero Morante hoy sí que estuvo muy templado con el cuarto y se inventó la faena ante un toro al que no le veíamos nada y con el que en otro momento habría abreviado. Sin embargo, estuvo apático con su primero.
Aarón Palacio toreó con elegancia por ambos pitones al toro de su confirmación de alternativa, pero lo pinchó en varias ocasiones, perdiendo una oreja de peso. Poco pudo hacer con el sexto.
Héctor Gutiérrez mostró su gran concepto del toreo, tan puro y encajado, aunque no redondeó sus faenas, ni tuvo toros propicios para ello. Núñez del Cuvillo y Garcigrande lidiaron una corrida con varios ejemplares mal presentados y de poco juego. Solo fue bueno el abreplaza (de Garcigrande).
«Veraniego» fue el toro de Garcigrande con el que confirmó la alternativa Aarón Palacio. Se estiró el diestro a la verónica. Tras la ceremonia de cesión de trastos, ligó los pases por ambos pitones con naturalidad, sin descomponer la figura. Remató bien las series con los pases de pecho, varios de ellos cambiándose la muleta por la espalda para darlo con la izquierda cuando las series eran sobre la derecha. Realizó el tres en uno y destacaron los cambios de mano y pases de la firma. Lo mejor fue el final por bajo, con doblones de categoría, destacando especialmente el primero de los dos que dio por el pitón izquierdo. Larguísimo y al ralentí. Se atascó con la tizona.
Poco pudo hacer con el sexto, al que saludó con faroles de rodillas. Brindó a Curro Vázquez, presente en uno de los burladeros del callejón junto a Ramontxu y Victorino Martín. Fue un toro sin clase y sin entrega, que no descolgó. Aarón Palacio trató de ligar los pases, pero se quedaba fuera de sitio por la falta de repetición del toro, que no le ofreció ninguna opción.
Morante echó por delante al de Garcigrande, ganadería con la cual parece vivir un relación de amor-odio. Es una ganadería muy habitual en él, pero hace ya un lustro afirmó estar «cansado de garcigrandes», aunque tiempo después tuvo triunfos muy sonados con esta ganadería en plazas como Sevilla o, precisamente, Madrid. Pero este verano se ha caído de algunos carteles en los que estaba anunciado con la divisa charra o ha sido la ganadería la que se ha caído del cartel. Este toro, mansito, descastado y sin fuerza, claramente no gustó a Morante. El animal salió con muchos pies y no permitió a José Antonio lucirse con el capote. En cualquier caso, le gritaron «olé» en cuanto se abrió de capa sin ni siquiera haber dado el lance. No hay término medio con Morante: un sector fue totalmente predispuesto a exigirle como nunca, mientras que el resto de público le iba a aplaudir lo que hiciese, incluso antes de hacerlo. Estaba lleno de palmeros.
A ese toro le dio tres puyazos, lo probó con la muleta y lo despachó pronto. Sin ser una faena de esas en las que salía ya con la espada de matar, fue breve. Al natural ni se puso. Se salió descaradamente en la suerte suprema.
El castaño de Cuvillo, de ilustre nombre en la casa («Rosito»), fue una raspa. Los aficionados ya estaban a la contra y el toro tampoco apuntó nada bueno. Tampoco parecía que a Morante le gustase cuando le dieron tanto en el tercio de varas. Pero luego el cigarrero se inventó la faena. Esto (darle cera en el caballo y armarle faena después) es algo que ya hemos visto en otras plazas durante esta temporada, como por ejemplo, en Albacete. Brindó a Carlos Sainz (padre) y comenzó por ayudados por alto y uno por bajo antes del de pecho de remate. Fue haciendo un trasteo muy reunido, pasándose al toro muy cerca y llevándolo muy largo y en línea curva. Con mucha profundidad. No faltaron tampoco los adornos como el molinete invertido marca de la casa. Aunque, sin duda, lo mejor llegó al natural. Me encantó como esperó al toro para el embroque sin dar toques y tiró de su embestida con temple y suavidad. Hubo dos extraordinarios. Sin embargo, no se tiró a matar con verdad e hizo un metisaca. Algunos se pus ieron en pie igualmente, porque van predispuestos a aplaudirle todo. Ni vieron que no había dejado la espada. Lo mató con media estocada al segundo intento, también cuarteando. El saludo en el tercio de Morante incrementó la división de opiniones.
Héctor Gutiérrez entró en el cartel como triunfador de la Copa Chenel y es un torero que merece muchas más oportunidades en España, porque tiene un gran concepto del toreo. Se protestó de salida a sus dos toros. El primero de ellos fue el de Cuvillo, al cual le hizo una faena encajada y enseñando la pierna de salida, aunque el trasteo no llegó a romper. Cerró por bernadinas buscando la conexión con el tendido. La ovación fue un justo premio.
Estuvo más fuera de sitio con el quinto, pero tampoco el toro invitaba a cruzar la raya, porque no iba a dar ninguna opción de triunfo. De hecho, pudo ver el pañuelo verde por su poca fuerza. Héctor Gutiérrez debió matarlo antes.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Las Ventas (lleno de «No hay billetes»). Corrida de la Hispanidad. Toros de Garcigrande (bueno el primero, aunque justo de fuerzas, y muy deslucidos segundo y quinto, también este último sin fuerza) y Núñez del Cuvillo (escurridos y sin remate; manejable el tercero, descastado el anovillado cuarto y muy deslucido el sexto).
– Morante de La Puebla (de caqui y oro): silencio y ovación con protestas tras aviso.
– Héctor Gutiérrez (de blanco y plata): ovación y silencio.
– Aarón Palacio, que confirmaba alternativa (de blanco y oro): ovación tras aviso y silencio.
NOTA: La corrida sirvió para apoyar a Ceuta, por lo que hubo banderas en las gradas y andanadas y las rayas de picar se pintaron con los colores negro y blanco.
FOTOS: Tauro Nota / Juanelo Lopez
CRÓNICA: Eugenio Manzano







