Manzanares y Roca Rey cierran la feria de Olivenza a lo grande

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Manzanares y Roca Rey comenzaron la temporada en España de la mejor manera posible, saliendo a hombros por la Puerta Grande de la plaza de toros de Olivenza (Badajoz). El peruano aseguró el triunfo en el primer toro de su lote, un astado de Victoriano del Río, bravo y con transmisión.

 Dos orejas cada uno pasearon hoy los diestros José María Manzanares y el peruano Andrés Roca Rey en el quinto y último festejo de la feria de marzo de la localidad pacense de Olivenza, en una tarde en la que Morante de la Puebla rayó también a buen nivel pero sin obtener ningún trofeo.

FICHA DEL FESTEJO.- Seis toros de Victoriano del Río, desiguales de presentación y de poca raza. Reservón el primero; noble pero sin empuje el segundo; sin picar y con buen son el tercero; sin clase el cuarto; a menos el quinto y desrazado el sexto.

José Antonio «Morante de la Puebla», de naranja y azabache: estocada atravesada, descabello, pinchazo hondo y nuevo descabello (silencio tras aviso); y estocada y dos descabellos (ovación).

José María Manzanares, de burdeos y oro: estocada caída (oreja); y estocada recibiendo (oreja).

Andrés Roca Rey, de lila y oro: estocada (dos orejas); y estocada caída y atravesada (silencio).

En cuadrillas, Jesús Miguel González «Suso» y Luis Blázquez saludaron tras banderillear al segundo.

La plaza registró lleno de «no hay billetes» en los tendidos.

VALOR SIN LÍMITES

José María Manzanares y el peruano Roca Rey salieron a hombros del coso oliventino al término de su quinta y última corrida de feria, y, si bien hay paridad en el resultado y triunfo, lo cierto es que lo que uno y otro hicieron en el ruedo no fue precisamente comparable.

El joven peruano metió el miedo en el cuerpo a un público que llenó los tendidos, en una faena de mucha disposición y entrega. Por su parte, el alicantino cortó sendos trofeos un punto ligeros, en lo que tuvo mucho que ver la benevolencia del público.

También es verdad que le faltó raza a la corrida de Victoriano del Río. Ese fue el denominador común de un encierro al que sólo salvó el comportamiento del tercero, gracias también a que Roca Rey no lo picó. Lo demás fueron embestidas sin transmisión, muy nobles, sí, pero de escasa emoción.

Morante toreó a su primero con primor a la verónica. Fueron tres lances, con el remate de la medía, mecidos y de gran belleza. Con la muleta, sin redondear, construyó una faena llena de detalles en su toreo en redondo y en los remates de las series. El toro, muy reservón, no permitió más.

Pareció no gustarle al sevillano el cuarto porque dejó que lo picaran a conciencia. Pocas esperanzas había pero Morante se inventó a ese toro, al que cuajó muletazos sueltos de mucho contenido, llevándolo y acompañando con la cintura. En uno y otro oponente el mal uso de los aceros le impidió cortar trofeos.

Manzanares tuvo dos astados de poco empuje y entrega. Lo mejor de su actuación, el capote ante su primero, especialmente el quite por chicuelinas torerísimas, y la estocada recibiendo cobrada ante el quinto. Por lo demás, poco se prodigó el alicantino en sus faenas de muleta, algún pase estimable, con su empaque tan particular, y poco más.

El que sí tuvo una tarde estimable fue el peruano Roca Rey, del que hay que decir que no pica sus toros. Tampoco es que les hiciera mucha falta a los del ganadero madrileño.

Al tercero le hizo una gran faena, de las suyas, puesto en ese sitio tan especial y difícil, en el que todos los toros embisten. Dos orejas paseó en la que fue una faena de mucha exposición, con tandas de mano baja y largo trazo.

Poco pudo hacer ante el muy parado sexto, solo llevarlo con suavidad, mimarlo, sin que aquello levantara el vuelo.

Concluyó una feria en la que se han vivido momentos muy estimables en cuanto a toros y toreros, con una asistencia de público más que generosa.

Agencia EFE

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