Los “Banderilleros de Oro” firmaron una tarde de gran éxito al repartirse nueve orejas, dos rabos y protagonizar el indulto del quinto toro, “Gorrión”, en una destacada corrida de Manuel Blázquez, con ejemplares bravos y de gran calidad, uno de ellos premiado también con la vuelta al ruedo. Antonio Ferrera brilló especialmente al cortar dos orejas y rabo al cuarto, mientras que El Fandi conectó con fuerza con el público, logrando los máximos trofeos simbólicos tras una faena de gran intensidad. Manuel Escribano completó el triunfo con una actuación sólida y completa, sumando tres orejas. En conjunto, una tarde rotunda marcada por el buen juego del ganado y el alto nivel de la terna.
La tarde comenzó con la salida de “Colchonero”, toro de la ganadería de Manuel Blázquez, encargado de abrir plaza para Antonio Ferrera. El diestro extremeño lo recibió en el tercio con una larga cambiada, dando paso a un lúcido saludo capotero compuesto por un templado ramillete de verónicas. El astado, serio y de presencia ofensiva, mostró desde el inicio movilidad y bravura. Acudió con prontitud al caballo, donde tomó dos puyazos, uno en cada encuentro. En el primero de ellos empujó con los riñones, evidenciando su empuje, y en el segundo volvió a acudir con brío al peto. El tercio de banderillas adquirió un tono especialmente vistoso gracias a la participación conjunta de la terna. Ferrera invitó a sus compañeros a intervenir en un quite variado y dinámico: El Fandi ejecutó su intervención de fuera hacia dentro, Manuel Escribano se lució desde los medios hasta el tercio y el propio Ferrera completó la serie desde las rayas de picar, prolongando su recorrido más allá del tercio. En este capítulo destacó especialmente la labor del picador Diego Pajito, cuya vara fue reconocida por su eficacia. Tras brindar al público, Ferrera planteó una lidia basada en la paciencia y la inteligencia. Fue construyendo la embestida del toro poco a poco, llevándolo de uno en uno y abriéndole los caminos por bajo, sin forzarlo, para respetar la longitud de su viaje. El torero puso gran parte de su experiencia y oficio para suplir las limitaciones del animal, logrando momentos de transmisión por ambos pitones en una labor exigente y de cercanías. Con las zapatillas firmemente asentadas en la arena, Ferrera se mostró seguro y entregado, citando con la muleta siempre adelantada y permaneciendo en terrenos comprometidos, metido entre los pitones y demostrando la serenidad que otorgan los años de alternativa. La faena concluyó con una estocada efectiva, siendo premiada con una oreja.
El segundo toro de la tarde, de nombre “Campanito”, abrió el turno de lidia para el primer espada del lote. El diestro granadino recibió al ejemplar, un colorao de confirmación, veleta y alto de agujas, con una larga cambiada ejecutada en el interior del tercio que ya despertó la atención del público. A continuación, desplegó un ramillete de verónicas cargadas de expresión y temple, dejando constancia de su disposición desde los primeros compases. El tercio de varas se resolvió con una única entrada, suficiente para cumplir con el trámite reglamentario. Fue entonces cuando tomó protagonismo el tercio de banderillas, convertido en uno de los momentos más destacados de la lidia. La terna de especialistas firmó una actuación sobresaliente, clavando los palos con precisión, espectacularidad y sentido del espectáculo, lo que fue ampliamente reconocido por los tendidos. Ya en la faena de muleta, David Fandila «El Fandi» se enfrentó a un toro que presentaba dificultades para humillar, condicionado por una morfología despegada del suelo que complicaba la transmisión. Sin embargo, el animal terminó por mostrar un fondo de nobleza que el torero supo aprovechar con inteligencia. Haciendo gala de su oficio y madurez, fue construyendo la faena a base de muletazos de gran expresividad, imponiendo su voluntad y tirando de raza para sacar partido a un oponente nada sencillo. La labor fue creciendo en intensidad y conexión con el público, culminando con una estocada efectiva que puso fin a la lidia. Como reconocimiento a su esfuerzo y entrega, el diestro fue premiado con una oreja.
En tercer lugar saltó al ruedo “Utrerino”, un toro de la ganadería de Blázquez, de capa colorada y pitones acucharados, que fue recibido con variedad y gusto por parte de Manuel Escribano. El diestro de Gerena abrió su actuación con una larga cambiada en el tercio, seguida de un saludo capotero muy completo que combinó verónicas, chicuelinas, lances mirando al tendido y remates a una mano, logrando arrancar los primeros aplausos del público. En el tercio de varas, el toro cumplió sin excesivo castigo tras una única entrada al caballo. Posteriormente, Escribano firmó un vistoso quite por delantales que elevó la temperatura en los tendidos. El protagonismo pasó después a los “Maestros Banderilleros de Oro”, que ofrecieron un brillante tercio de banderillas, caracterizado por la variedad y el poderío, ante un animal que, pese a mostrar cierta debilidad al perder en varias ocasiones las manos, fue lidiado con gran cuidado. Manuel Escribano brindó al público desde los medios e inició su labor con el pase de las flores, seguido de una serie de muletazos firmes y dominadores, ejecutados con los pies asentados en el albero. El torero mostró una gran conexión con el astado, que, aunque tendía a abrirse en las embestidas, lo hacía con obediencia y nobleza, permitiendo un lúcido trasteo. El matador construyó una faena de notable profundidad, enlazando tandas por ambos pitones con largura y temple, lo que tuvo una destacada repercusión en los tendidos. La obra, de gran calidad y equilibrio, fue rubricada con una estocada efectiva hasta la empuñadura, suficiente por sí sola para asegurar el éxito. Manuel Escribano fue premiado con dos orejas, mientras que el toro recibió una ovación en el arrastre.
Para la cuarta lidia de la tarde se soltó el número 8, de nombre “Gorrión”, perteneciente a la ganadería de Manuel Blázquez como el resto de sus hermanos. El astado mostró cierta desigualdad en los pitones, aunque destacó por su amplitud de hechuras. Desde el inicio, Antonio Ferrera lo recibió con una variada y personal propuesta capotera, desplegando un amplio repertorio que incluyó afarolados, recortes, chicuelinas y verónicas ejecutadas con sello propio. Lo mismo que para sacarlo del piquero. Tras un único puyazo, administrado sin emplearse a fondo en las cuerdas, se dio paso al segundo tercio. Ferrera compartió la lidia de banderillas con Miguelín Murillo, protagonizando ambos un momento vibrante que encendió los ánimos del público local. El toro, justo de fuerzas pero de buen comportamiento, mantuvo una condición que invitaba al lucimiento si se le trataba con medida. Ya en el último tercio, Ferrera brindó la faena al respetable desde los medios del Coso de San Albín. A partir de ahí, construyó una labor basada en la inteligencia y la sensibilidad, entendiendo que las distancias y los tiempos eran fundamentales ante un animal que tendía a blanquear y no admitía brusquedades. Con extrema suavidad, el diestro extremeño fue tejiendo tandas ligadas, en las que la compostura y la estética se impusieron, evocando un toreo de corte clásico y sabor añejo. La faena fue creciendo en intensidad a medida que el toro, bien administrado, sacaba a relucir un fondo de nobleza inesperado. Naturales y derechazos fluyeron con armonía, impregnados de un virtuosismo delicado y una personalidad inconfundible. En el momento de la suerte suprema, Ferrera se perfiló desde larga distancia, citando al toro que acudió con prontitud para recibir una estocada efectiva, sin necesidad de descabello. La actuación fue premiada con dos orejas y rabo para el torero, mientras que “Gorrión” fue reconocido con la vuelta al ruedo, en homenaje a su notable comportamiento durante la lidia.
En quinto lugar saltó al ruedo el número 11, también de nombre “Gorrión”, perteneciente a la ganadería de Manuel Blázquez y de hechuras similares a las de sus hermanos de camada. El encargado de su lidia fue David Fandila “El Fandi”, quien lo recibió con una larga cambiada muy ajustada en el tercio, rematada ya en pie con un ramillete de verónicas en las que destacó la expresión y el exquisito manejo de las muñecas, imprimiendo temple y personalidad a cada lance. En el tercio de varas, el toro recibió un único puyazo, correctamente medido, que permitió cumplir con el reglamento sin castigar en exceso al animal. Ya en banderillas, El Fandi actuó en solitario, firmando un tercio acorde a su estilo y condiciones físicas, mostrando dominio y facultades al colocar los palos con solvencia, encontrando siempre al toro en todos los terrenos y levantando la ovación del público. Tras el brindis al respetable, el diestro granadino inició una faena de muleta marcada por la intensidad y la entrega. Desde los primeros compases, planteó una labor basada en series muy ligadas ante un toro con transmisión, al que exigió por abajo con firmeza, llevándolo largo y profundo en cada muletazo. La muleta arrastrada sobre el albero y el recorrido del animal, que seguía con codicia los vuelos del engaño, permitieron construir una obra de gran poder y emoción. La faena fue creciendo en temperatura, conectando con unos tendidos entregados ante la rotundidad del trasteo. El torero, completamente metido en su obra, toreó con soltura y mando por ambos pitones, alcanzando momentos de gran hondura. Tal fue el nivel de compenetración entre toro y torero que, antes incluso de empuñar la espada, el público ya solicitaba el indulto del astado. Finalmente, el quinto, un toro bravo y encastado que se ganó la vida en el ruedo, fue reconocido por su calidad, mientras que El Fandi obtuvo los máximos trofeos simbólicos, culminando una actuación rotunda que dejó una profunda huella en la tarde.
El sexto toro de la tarde, de nombre “Aponderoso”, fue un ejemplar colorado, alto de agujas y muy despegado del suelo, con badana marcada y un cuello de buena expresión. Desde su salida mostró ímpetu y viveza, lo que permitió un inicio lucido por parte de Manuel Escribano, quien lo recibió con una larga cambiada en el tercio. A continuación, el sevillano ejecutó varias verónicas de rodillas, demostrando buen manejo del capote y una notable intención de someter al astado desde los primeros compases. En el tercio de varas, el toro recibió un único puyazo, medido y suficiente para cumplir con el trámite sin castigar en exceso al animal. Llegado el turno de banderillas, Escribano volvió a destacar, al igual que sus compañeros de terna, por su portentosa condición física, la variedad en la ejecución y su solvencia como rehiletero. Mostró facilidad para cuadrar al toro en cualquier terreno y dejó los palos con gran precisión, evocando la expresión clásica de colocarlos “en una perra gorda”. Antes de iniciar la faena de muleta, brindó su labor a un joven aficionado, gesto que precedió a un trasteo lleno de dificultades. El toro desarrolló un comportamiento complicado, con múltiples “teclas”, mostrándose arisco, siempre a la defensiva, refugiándose y soltando la cara con violencia en cada embroque. Lejos de venirse abajo, Escribano tiró de raza, oficio y firmeza. Con determinación y entrega, logró imponerse a las adversidades, construyendo una faena de gran mérito basada en su capacidad técnica e inteligencia. Supo limar las asperezas de un toro reservón que nunca terminó de entregarse, extrayendo muletazos de notable valor y contenido a base de insistencia y colocación. Culminó su actuación con una estocada efectiva en lo alto, lo que le valió la concesión de una oreja, premio que reconoció el esfuerzo, la actitud y el compromiso del torero sevillano ante un oponente exigente.
FICHA DEL FESTEJO
Sábado 25 de abril de 2026
Coso de San Albín – Plaza de toros de Mérida
1ª Feria de Primavera 2025 – Corrida de Toros
Entrada: Algo menos de media entrada
Toros de D. Manuel Blázquez, bien presentados y de gran juego en su conjunto con toros enclasados y bravos que ayudaron al éxito del festejo. Una importante corrida del ganadero de Antequera, con un toro premiado con la vuelta al ruedo 4º y otro, 5º indultado, ambos del mismo nombre “Gorrión” nº 8 y nº 11
ANTONIO FERRERA: Oreja y Dos orejas y el rabo y vuelta al ruedo al toro
DAVID FANDILA ‘EL FANDI’: Oreja y Dos orejas y el rabo simbólicos (indulto)
MANUEL ESCRIBANO: Dos orejas y Oreja
Observaciones:
Se guardó un minuto de silencio al finalizar el paseíllo en memoria del ganadero D. Santiago Barrero San Román, propietario del hierro Toros de San Román y del mayoral de la ganadería de Fuente Ymbro, D. Alfonso Vázquez.

















