Festejos sin público

Se está contemplando, por parte de los distintos colectivos del mundo del Toreo, la posibilidad de dar espectáculos taurinos sin público, televisados, ya que la pandemia por el COVID-19 impide la concentración de gran número de personas, sin embargo, creo que la mayoría de los taurinos no acabamos de ver claramente que eso pueda hacerse realidad y, sobre todo, que llegue a tener un mínimo éxito. Es más, puede ser un fracaso grande, que haría más mal que bien a la Tauromaquia.

La intención de los promotores de este proyecto es buena, según dicen, y yo les creo. Pretenden, mediante ello, ayudar a los profesionales (ganaderos, matadores, banderilleros, etc.) que lo están pasando muy mal económicamente, mantener viva la llama de la Fiesta entre los aficionados y mantener el nexo de unión de la TV con su clientela taurina.

Hasta aquí todo muy bien, y nosotros apoyamos la buena intención, porque es mas que lógica, sin embargo, cuando imaginamos un torero en el ruedo, ante el toro, jugándose la vida, levanta la cabeza, tras una buena serie de naturales, y no ve un solo aficionado sentado en los tendidos, nos preguntamos, ¿cómo va a reaccionar anímicamente?, me refiero.

 El Toreo es un arte, y el artista necesita sentir el calor del público, más que en ningún otro arte, pensamos nosotros. Naturalmente que el cantante, el músico, el actor de teatro, el humorista, necesitan del público, pero no tanto como el torero, porque este se está jugando la vida, pero de verdad. Y cuando él sabe que  se está entregando al máximo, incluso cruzando la línea roja tras la cual hay muchas posibilidades de que el toro le pegue una cornada, y además sabe que aquello es muy bueno, se está sintiendo, porque  lo que hace  tiene  mucha verdad, le sale de lo más profundo de su alma, y no oye un solo ¡olé!, una sola ¡palma!, puede ser que influya muy negativamente en su subconsciente, en definitiva, en su mente. Muy reciente mente, el maestro Cesar Rincón, declaraba, en una entrevista, qué si no hubiera sido por el público de Madrid, no le hubiese pegado ni un pase al toro Bastoncito, de Baltasar Iván-año 1994, en las Ventas-al que le cortó una oreja tras un pinchado y estocada. El toro fue muy encastado y enrazado, pero tenía mucho que torear, y el maestro estuvo cumbre con él. Está claro que la presencia del público y la responsabilidad de la plaza motiva mucho al  torero.

En el Toreo hay tres actores imprescindibles para que la obra de arte pueda a ser completa, redonda, que son: Toro, torero y afición. Si alguno, de los tres, falta aquello pierde parte de su esencia, le falta algo, y nunca podrá llegar a ser la gran obra de arte que buscamos y deseamos se haga realidad.

Incluso en el campo, en un tentadero, o cuando se torea un toro a puerta cerrada, están los banderilleros, el ganadero, el mayoral, el apoderado, algún aficionado, los chavales que hacen tapia, a los que se les escapa, constantemente, un ¡bien!, un ¡torerazo!, unas “palmas! que animan, e influyen, para bien, en el torero.

En definitiva, una corrida de toros sin público sería un espectáculo desangelado.

Creo que fue Manolo Caracol, aunque no estoy seguro, quien dijo, refiriéndose a las corridas de toros televisadas, que, “en la TV no sale el duende”, que sí se percibe en la plaza.  Pues igual decimos que ocurriría en las corridas sin público. El duende, el embrujo, el “ángel” falta, y ese duende, embrujo, ángel es fundamental, para que la obra de arte sea completa.

Por tanto, hagamos todo lo posible para que se den festejos televisados, pero con público, al menos con un tercio de la totalidad del aforo de la plaza. Se permite que los restaurantes abran, siempre que no superen el 50 % de su capacidad, pues permítanlo también en el toreo, que además se está al aire libre.

Rafael Comino Delgado

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