David Galván volvió a hacer el paseíllo en una de sus plazas talismán, Los Barrios, y lo hizo para protagonizar una tarde para la historia. El Coso de La Montera volvió a abrir sus puertas tras quedarse sin toros en la pasada Feria de Mayo, y lo hizo con gran ambiente en los tendidos, que registraron 3/4 de entrada.
Al abreplaza, de Las Ramblas, Galván lo cuajó desde el capote. Lo recibió con una larga cambiada de rodillas, seguida de un ramillete de verónicas de gran expresión y dos ajustadísimos delantales mirando al tendido que pusieron al público en pie desde el primer minuto del festejo. Ya con la muleta, inició la faena por alto, muy templado. Galván toreó a placer, gustándose y mostrando su sello en una apasionada faena de gran personalidad, muy asentado y entregado por ambos pitones. Los mejores momentos llegaron al natural, llevando al toro cosido a la franela. Culminó la obra de una gran estocada. Dos orejas.
Al quinto, de Loreto Charro, le cuajó de principio a fin. Volvió a mostrarse roto y apasionado, toreando al toro con la mano muy baja en una faena que fue creciendo en intensidad a medida que avanzaba. Así como también fue a más el de Loreto Charro, y Galván supo aprovecharlo exigiéndole, en una obra marcada por la inspiración. Una extraordinaria tanda al natural desató la locura en los tendidos. La plaza entera, puesta en pie, se entregó a un Galván que volvió a levantar al público hasta en cuatro ocasiones durante una faena de enorme intensidad. La conexión entre torero y afición alcanzó su punto culminante cuando los tendidos comenzaron a pedir de forma clamorosa el indulto. El presidente atendió la petición y el toro fue indultado. Dos orejas y rabo simbólicos para David Galván, que cerró así una tarde histórica en Los Barrios.