Bilbao no es una plaza más en la carrera de Borja Jiménez. Es uno de sus buques insignia. En Vista Alegre comenzó a cambiar definitivamente su dimensión cuando, en su debut en las Corridas Generales de 2024, cortó tres orejas y salió a hombros dejando la sensación de que aquella tarde no era un episodio aislado, sino la irrupción de un torero dispuesto a ocupar otro lugar en el escalafón. El año pasado, consiguió el hito de indultar por vez primera en la historia de la plaza un toro, el bravo “Tapaboca” de La Quinta. Este sábado, nuevamente anunciado en uno de los carteles de máxima categoría del ciclo, Morante de la Puebla, Daniel Luque y Borja Jiménez se medirán a la corrida de Garcigrande.
El de Espartinas vuelve a Vista Alegre después de una temporada en la que el resultado estadístico no alcanza a explicar la dimensión de su toreo. Sevilla fue probablemente el primer gran aviso. Rozó la Puerta del Príncipe después de cuajar faenas de enorme importancia. Algo semejante ocurrió en Madrid, donde asumió el reto de encerrarse en solitario en Las Ventas y volvió a demostrar gusto, capacidad, poder y una madurez lidiadora que ya forman parte de su identidad.
Después llegaron otras tardes que han ido construyendo una temporada de plenitud artística. En El Puerto de Santa María dejó una actuación de enorme madurez y en Málaga alcanzó algunos de los momentos más profundos de su campaña, especialmente al natural, toreando con largura, despaciosidad y un abandono que hizo crujir La Malagueta. Y esta misma semana, en Cuenca, volvió a salir a hombros, culminando frente al sexto una faena de enorme expresión ante Sonsonete, de Domingo Hernández. Otra demostración de que Jiménez atraviesa un momento en el que capacidad y sentimiento comienzan a caminar definitivamente de la mano.
Porque quizá esa sea la principal diferencia respecto al Borja Jiménez que conquistó Bilbao por primera vez. Ya no llega como el torero que pretende abrirse paso, sino como un matador instalado en las grandes ferias y capaz de resolver registros muy diferentes. Puede imponerse a un toro exigente, sostener al que necesita ayuda, administrar las embestidas y, cuando aparece la materia prima, abandonarse a un concepto clásico y profundo.
Ahora vuelve al lugar donde todo adquirió otra velocidad. Vista Alegre conoce a Borja Jiménez y Borja Jiménez sabe lo que significa Bilbao. Este sábado comparte cartel con Morante y Daniel Luque, dos toreros de máxima jerarquía, en una corrida de enorme responsabilidad. Dos años después de aquella irrupción de las tres orejas y un año después de confirmar su especial relación con esta plaza, el sevillano regresa en el momento de mayor madurez de su carrera. Bilbao fue el escenario que terminó de descubrirlo; ahora le toca comprobar hasta dónde ha llegado aquel torero.
















