Barcial, joya genética del Campo Charro

A un puñado de kilómetros de Salamanca capital, y mientras nos dirigimos hacia el pueblo de Las Veguillas, nos topamos con una señal que indica que estamos en territorio bravo, territorio de los «patasblancas».

Está la mañana ventosa y fría y, al entrar en Barcialejo, escuchamos los primeros reburdeos con el correspondiente eco de sus antagonistas buscando pelea. Sonidos característicos de una época con climatología adversa -durante toda la semana había llovido mucho- lo cual, se traduce en buenas noticias para la próxima primavera (si todo sigue así). Una bendición, tras la escasez de agua años anteriores, para aquellos que viven por y para el campo; quienes se dejan la piel a diario, haga el tiempo que haga, únicamente con la intención de alimentar yen  preservar el bienestar de los animales.

Una de esas personas es Beli, que nos atiende con el carisma y la amabilidad que le caracteriza. Un tío incansable e insaciable del toro bravo que, habiendo estado dedicado al mundo de la hostelería y restauración, en su corazón cuenta con un rincón especial para tan majestuoso animal.

Nuestra primera parada son los utreros para 2020, todos entipados y característicos de este encaste tan particular: luceros, calceteros, coleteros, bragados, meanos, gargantillos, axiblancos, girones, berrendos y un largo etcétera de motas y manchas en su pelaje. Además, siguen siendo fieles a su procedencia: bajos de agujas, con caja, astifinos y, como se suele decir en el argot taurino, con las patas pegadas al suelo, aspectos propios del encaste Vega-Villar. Reses que, en su conjunto, no se salen del tipo, puesto que no es una ganadería que se adapte al mercado para ser vendida sino que, más bien, mantiene este tesoro genético desde sus orígenes a imagen y semejanza de cómo era entonces.

En esta casa todo se hace como manda la tradición, sin las modernidades actuales de fundas, correderos y demás menesteres que implican un manejo del ganado «desnatural» y excesivo.

Hasta en los tentaderos, las vacas se tientan a partir de 4 años, dando más seriedad e importancia a esta labor que llevan a cabo en la otra finca, situada en Beleña, donde pastan las madres de la ganadería.

Pero volvamos al campo, que para eso hemos venido. En Barcialejo es momento de sanear las ramas de las encinas, lo que se convierte en un auténtico sitio de recreo para los bureles, pues les sirve de alimento y de rascador, aunque también aprovechan algunos troncos viejos ya caídos para frotarse y, así, aliviar sus picores.

En cuanto notan nuestra presencia, empiezan a medirse con sus astas, como si de una demostración de fiereza, valentía y prestigio se tratara. Aunque otra de las características de este encaste es que es muy peleón y, entre este tipo de toros las disputas son algo cotidiano, no obstante, de un tiempo a esta parte han reducido su agresividad y se pegan menos que antes, según nos comenta Beli.

Por último, nos detenemos en el cercado de los cuatreños para 2020, y atisbamos las mismas características típicas de este encaste pero con más volumen. Les quedan solamente seis, dado que actualmente su prioridad es cubrir las novilladas y no las corridas. Asimismo suele ser habitual encontrar más cuatreños negros que berrendos, debido a la propia vistosidad para lidiar una novillada completa e igualada de capas (además de que ya lo sea por sus hechuras).

No queremos terminar sin agradecer a Jesús que nos haya abierto las puertas de su casa para poder realizar este reportaje.

Texto y Fotos: Andrés Gete

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