El compás de Diego Urdiales abre la Puerta Grande

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LAS VENTAS. MADRID

Corrida de la Prensa

Redacción Ángel Estevez

 

La tradicional corrida de la Asociación de la Prensa de Madrid, presidida por su Majestad el Rey Felipe VI, nos dejó el triunfo de la clase y el toreo de compás de el riojano Diego Urdiales. Pero no solo con su toreo de muleta, por momentos incomprendido, sobretodo en su primero, si no por la completa tarde con capote, muleta y espada del de Arnedo. A su primero lo toreó primorosamente de capa a la verónica. Para ponerlo en las escuelas. Luego, cuajó al toro con la mano diestra en dos tandas sublimes, acompasadas, hondas y con toda la torería aplicable. Y luego dejó una de las estocadas de la feria. Porque además las tres estocadas de la feria las ejecutó Urdiales.

çPero luego llegó, en su segundo, la inteligencia natural de este torero. Un toro que embestía desde la distancia, Diego lo entendió a la perfección. Ya en el quite por verónicas, al que citó de largo en un quite largo e inmenso, rematadas con una media en la cadera con la plaza rugiendo y en pié. Misma receta aplicó en la muleta. Aprovechó las inercias que le ofrecía el de Juan Pedro Domecq y lo cuajó por ambas manos dejando una obra con sabor añejo. Naturalmente la estocada fue rotunda y de premio. Las dos orejas que cortó, una y una, son despojos que solo sirven para que la chavalería lo sacara por la Puerta Grande.

 

Pero en el cartel estaba el jaguar de Perú, que nunca se da por vencido en estas condiciones, y sacó la raza que le corre por las venas y le arrea en cada tarde de máxima responsabilidad. Le faltó chispa a su primero y Roca Rey intentó ponersela pero entre las condiciones del animal y el enfrentamiento entre partidarios y detractores, se diluyó todo. Pero el quinto si tenía lo que Roca necesita; quince o veinte embestidas, y el torero peruano no dudó. Ya con los estatuarios de inicio y después las series de manos baja por ambos pitones. Se volvió a enfrentar la gente pero Roca se mantuvo como su apellido. Lástima fue el pinchazo previo a la estocada, que le pudo haber privado de acompañar a Diego Urdiales en la salida a hombros.

 

No debemos olvidar a Bruno Aloi, que confirmaba alternativa y que tuvo la ausencia de dos toros válidos para la plaza de Madrid. Su primero tuvo buen aire, pero le faltó esa transmisión que necesitaba el joven mexicano para llegará a los tendidos. Aún así dejó una buena serie de derechazos y una obra que en otro ruedo hubiera sido mejor reconocida. En su segundo, el sexto y, seguramente el garbanzo negro de la buena corrida de Juan Pedro Domecq, fue un deslucido y rajado burel, trató Bruno de torearlo, pero no fue posible. Y no porque Aloi no sepa, que se vió que sabe, si no porque el de Juan Pedro nunca se prestó. Una pena.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Festejo fuera de abono. Feria de San Isidro. CXXVI Corrida de la Prensa. Lleno de ‘No hay Billetes’.

Toros de Juan Pedro Domecq. Le faltó potencia al primero; con son y ritmo el notable segundo; noble y de medido empuje el tercero; bravo y con clase el cuarto; bravo y con fondo el quinto; noble y apagado el sexto.

Diego Urdiales, de azul pavo y oro: Oreja y oreja tras aviso

Andrés Roca Rey, de berenjena y oro: Silencio tras aviso y oreja tras aviso

Bruno Aloi -que confirmaba alternativa-, de blanco y oro: Silencio tras aviso y silencio

INCIDENCIAS: Festejo en el que estuvo presente S. M. el Rey Felipe VI, acompañado por el ganadero Victorino Martín y por la secretaria de Estado de Política Territorial, Miryam Álvarez, en representación del Gobierno, amén de la periodista María Rey, Presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM). Al final el paseíllo sonaron los acordes del himno nacional.

CUADRILLAS: Saludó Pablo Gallego tras parear al sexto.

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