Álvaro Serrano mostró una gran disposición y buen toreo en su encerrona truncada en Las Ventas. Estuvo muy bien con un novillo de Domingo Hernández noble y repetidor, pero al que le faltó un punto de raza y de fuerza; pudo hacer poco con un fuenteymbro parado y desclasado y, tras un gran inicio por bajo al de Conde de Mayalde, resultó herido grave. En ese tiempo mostró un gran repertorio en quites: por caleserinas en el primero, por orticinas en el segundo y faroles invertidos en el tercero. Así debe ser una encerrona: variada.
Los dos sobresalientes se encargaron de dar muerte a los cuatro novillos restantes. Destacó un buen inicio y otra serie de derechazos de Aitor Fernández con el jabonero de Julio de la Puerta antes de que todo se viniese abajo tras un desarme.
Tanto Aitor Fernández como Héctor Roberto brindaron a Álvaro Serrano, al que deseamos una pronta recuperación, dejando la montera en la enfermería.
Álvaro Serrano echó por delante al de Domingo Hernández, un colorado ojo de perdiz muy en el tipo de la casa. Un punto cornicorto. Le permitió estirarse a la verónica y realizar el posterior quite echándose el capote a la espalda por caleserinas. Brindó al cielo en memoria de su abuelo e hilvanó una faena bien estructurada y medida. Toreó encajado, pero natural. Cargando la suerte. La espada cayó un punto atravesada y algo trasera y pudo impedir que cortarse la oreja, que se pidió, pero el presidente optó por no concederla. Estaba en el límite, pero teniendo en cuenta lo que se ha devaluado Madrid en este aspecto en las últimas temporadas creo que acierta subiendo el listón.
Para el segundo y quinto lugar dejó los novillos de Fuente Ymbro y Montealto, quizás, porque era las ganaderías en las que más confiaba, ya que en esas posiciones había una cuadrilla sensacional: Iván García, Víctor del Pozo y Fernando Sánchez (este último ya en horas más bajas).
Al de Fuente Ymbro le faltó cuello y no humilló. Sin clase y sin movilidad, Álvaro Serrano tan solo pudo lucirse en ese inusual quite por orticinas que venía a decir que había preparado muy bien la encerrona para poder ser variado.
El tercero de Conde de Mayalde traía mejores hechuras. Empujó bien en el caballo, pero se repuchó en el segundo encuentro. Álvaro Serrano había realizado el quite por faroles invertidos y su comienzo de faena fue primoroso: todo por bajo, con dos armónicas trincherillas sensacionales. Templadísima la última y sacando muy poco los brazos. En la primera serie en redondo el encastado novillo ya le avisó con varios derrotes por el pitón derecho hasta que en uno de ellos hizo presa, clavando el pitón en el muslo de Álvaro Serrano algo por encima de la rodilla. Quedó en el suelo tendido y rápidamente se lo llevaron a la enfermería. Serrano ofreció durante toda la tarde la femoral y acabó con una grave cornada que la contusionaba.
Mató (como pudo) al novillo el segundo sobresaliente Héctor Roberto. Esto es algo que ya debían tener apalabrado.
El cuarto (al igual que el sexto) sí fue para el primer sobresaliente: Aitor Fernández. Lo recibió bien a la verónica rematando con una torera media. El de Luis González Conde (que sustituyó al de Torrehandilla) tenía apariencia de toro. Muy serio. No dijo gran cosa, pero menos dijo el novillero, a pesar de que saludó una ovación. Pienso que seguramente a Álvaro Serrano le habría valido más el novillo.
Manso de libro el chorreado de Montealto. Llegaron a asomar pañuelos rojos entre algunos aficionados solicitando las banderillas negras, pero no fue tanto como para ello. Es cierto que no iba al caballo, por lo que Pedro Iturralde debió cruzar la raya (en estos casos está más que justificado, aunque algunos lo hubieran pitado), pero luego derribó. Aprovecharon esta circunstancia y su condición de manso pregonado para picarlo acertadamente en la querencia y, con una carioca también entendible en esta situación, meterle las cuerdas y pegarle en este puyazo todo lo que no se le pudo dar en el primero. Y el montealto no se repuchó.
Es más, dio opciones en la muleta y no se fue a tablas como podría ser previsible. Esta ganadería tiene un gran fondo y el animal fue a más, pero Héctor Roberto dejó claro porqué va de sobresaliente. En cualquier caso, tampoco entendí los aplausos al manso novillo en el arrastre. Se aplaude todo. Sí que fue de ley la ovación que unos minutos antes recogió Víctor del Pozo tras colocar un soberbio par exponiendo mucho.
Fue gacho, pero cuajado y con caja el jabonero de Julio de la Puerta. Acudió presto al caballo y a la franela de Aitor Fernández cuando le cambió el viaje a última hora para un cambio por la espalda de infarto. La primera serie de derechazos fue ligada y se presagiaba que podía haber una faena importante, pero acto seguido el enrazado novillo desarmó a Aitor Fernández y estuvo muy cerca de cogerlo. Aitor Fernández ya no se confío más y erró en el planteamiento. Se empeñó tras esa colada en cambiar de pitón, pero por el izquierdo el utrero no tenía la misma condición. La faena se diluyó y la tarde terminó con otra encerrona que, por unas cosas u otras, no es triunfal. Ya van unas pocas desde aquella de Ferrera de 2019. Hoy fue por una inoportuna cogida a Álvaro Serrano por ponerse en el sitio a pesar de los derrotes del novillo de Conde de Mayalde. Le tocó vivir la cara más amarga de la fiesta. Madrid espera a Álvaro Serrano y debería ser con una alternativa de lujo en San Isidro.
Plaza de toros de Las Ventas (21.864 espectadores). Novillos de Domingo Hernández (noble, repetidor y enclasado, aunque le faltó algo de fuerza), Fuente Ymbro (desclasado y deslucido), Conde de Mayalde (encastado, pero soltando derrotes), Luis González Conde (potable), Montealto (manso encastadito, que fue a más) y Julio de la Puerta (con raza y prontitud, de mejor pitón derecho que izquierdo). Estuvieron bien presentados.
– Álvaro Serrano, en solitario (de púrpura y oro): ovación tras petición, silencio y herido.
*Se hicieron cargo de los demás los sobresalientes:
– Aitor Fernández (de coral y oro): ovación tras aviso y silencio tras aviso.
– Héctor Roberto (de gris perla y oro): silencio en ambos.
TEXTO: Eugenio Manzano