Zaragoza: Los utreros de los maños lucen por encima de la terna en la primera de feria

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El buen juego, en distintas versiones, de cuatro de los utreros de la divisa local de Los Maños ha sido la nota más destacada del festejo que ha abierto hoy la feria del Pilar de Zaragoza, por encima incluso de los trofeos cortados por los novilleros Jorge Isiegas y Ángel Téllez.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis novillos de Los Maños, de desiguales hechuras y cuajo y de cuerna nada aparatosa. Salvo segundo y sexto, los otros cuatro dieron muy buen juego, en distintas modalidades, desde la clase del primero a la bravura encastada y desbordante del cuarto, “Palmero” de nombre, que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.

Jorge Isiegas, de celeste y oro: estocada desprendida perpendicular y ocho descabellos (ovación tras dos avisos); estocada caída delantera (oreja).

Toñete, de corinto y oro: media estocada y estocada (silencio); estocada trasera tendida (palmas).

Ángel Téllez, de blanco y oro: estocada contraria y descabello (oreja tras aviso); bajonazo trasero (silencio).

Entre las cuadrillas destacó picando al cuarto Francisco Javier Sánchez, y Raúl Ruíz, Juan Navazo y Niño de Santa Rita saludaron en banderillas.

Tras el paseíllo se guardó un minuto de silencio por dl ganadero Victorino Martín.

Primer festejo de abono de la feria del Pilar, con medio aforo cubierto.

DE TODO, EN BUENO

Hubo de todo, y casi siempre bueno, en la novillada de la divisa zaragozana de Los Maños, que abrió, a gran nivel ganadero, el abono pilarista. Y sobre todo lo bueno, un cuarto utrero, cárdeno, abierto de cuerna, alto y hondo, que se ganó los honores de la vuelta al ruedo en el arrastre tras derrochar su bravura sobre la arena.

Bravo en varas, aunque cediera sucesivamente en empuje en los tres puyazos que, cono nota excepcional en estos tiempos, acabó tomando, “Palmero” se creció en banderillas, con dos soberbios pares Raúl Ruiz, y llegó a la muleta pidiendo mando para sus francas, entregadas y desbordantes embestidas, que repitió sin descanso.

El también aragonés Jorge Isiegas hizo el esfuerzo de intentarlo, al menos, pero sin llegar a conseguirlo más que en una excelente serie de naturales en la que, aun sin gran aplomo, enganchó y llevó sometidas las largas y encastadas arrancadas del de Los Maños.

Pero el acople con el bravo santacolomeño no volvió a producirse en un trasteo a menos y con el novillo a más, y que se premió con una oreja que pareció premio menor frente a la aclamada vuelta al ruedo que las mulillas le dieron al astado.

El primero de la tarde fue otro de los destacados utreros del buen encierro de la divisa aragonesa, solo que éste, más medido de raza, lució una refinada clase en sus embestidas, siempre con el hocico a ras de arena y sin apretar a su lidiador, sino abriéndose en cada embroque.

En este caso, Isiegas ligó, con la facilidad que proponía el animal, muchas tandas de muletazos por ambas manos, aunque mucho mejores las ejecutadas con la zurda y sostenidas en los vuelos de la tela que las más desiguales de temple que dio con la derecha.

Claro que, de tan larga, la faena sobrepasó la medida exacta para que el toro se cuadrara bien para la estocada, haciendo perder a Isiegas un tiempo precioso que acabó echando de menos cuando necesitó de hasta ocho golpes de descabello y estuvo a punto de escuchar los tres avisos en vez de pasear algún trofeo.

Los otros dos lotes se compusieron de un novillo deslucido y otro con claras posibilidades de triunfo. Ángel Téllez le cortó la oreja al mejor de los suyos, que, con más movilidad que celo y más nobleza que entrega, le permitió relajarse y componer con la derecha para, sin exigir demasiado al animal, cortar la otra de las dos orejas concedidas.

No pudo repetir ya triunfo con el sexto, pese a su empeño, pues el de Los Maños se paró pronto y no se empleó en sus cortas y tardas embestidas. Tampoco fue claro el segundo, que comenzó pronto a ceñirse y a buscar tras la muleta de un dubitativo Toñete.

No obstante, el navarro tuvo ocasión de desquitarse con el suave y más que manejable quinto, al que amontonó pases con una falta de temple, compromiso y criterio impropia de un novillero que llegaba a Zaragoza sobradamente placeado.

 PACO AGUADO/AGENCIA EFE

 

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