Vuelta para Fortes en la sexta de abono

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Fortes dio una vuelta al ruedo en el segundo de la tarde de Lagunajanda. Fue tras una faena de mucha quietud, valor y serenidad que convenció al público que le pidió la oreja pero no fue concedida por el presidente. A Román le tocó el mejor toro, el tercero, por el que fue cogido en el final de faena. Quedó a merced del animal pero se escapó de la cornada. Juan del Alamó dejó un buen quite en el último toro, después de dos faenas sobrias

 Ficha de la sexta de San Isidro

 Plaza de toros de las Ventas, Madrid, Media entrada. Más de media entrada. Toros de Lagunajanda, todos cinqueños, muy serios.

Juan del Álamo, de tabaco y oro. silencio y silencio.

Fortes, de azul pavo y oro.  vuelta al ruedo y silencio.

Román, de azul marino y oro.  saludos y silencio.

Se guardó un minuto de silencio por el 97 aniversario de Joselito el Gallo en Talavera.

 Fortes dio una vuelta al ruedo en el segundo de la tarde de Lagunajanda. Fue tras una faena de mucha quietud, valor y serenidad que convenció al público que le pidió la oreja pero no fue concedida por el presidente. A Román le tocó el mejor toro, el tercero, por el que fue cogido en el final de faena. Quedó a merced del animal pero se escapó de la cornada. Juan del Alamó dejó un buen quite en el último toro, después de dos faenas sobrias.

“Luchador” hizo hilo en banderillas. Fortes se fue a los medios para citar de lejos de rodillas. Al tercer muletazo se levantó para continuar la serie, en lo que fue un inicio con mucha transmisión. El toro que tuvo raza y poder, no permitía ni un error y el malagueño ajustó mucho los muletazos, en una labor muy reunida y de riesgo. Finalizó con bernadinas y con ellas el público terminó de convencerse. Hubo petición de oreja tras la estocada. Con el quinto, cuesta arriba, serio y con volumen, sin embargo, estuvo largo rato hasta que comenzaron a recriminarle desde el tendido y pedirle que abreviara. 

“Piragüista”, lidiado en tercer lugar, tuvo fijeza, humillación y velocidad. La faena de Román se cimentó sobre series cortas en las que dejó ver las virtudes del animal. El toro se vino a menos, quizás cuando la labor todavía no había alcanzado su esplendor. En el cierre por bajo fue arrollado sin consecuencias aparentes. Mató de un pinchazo hondo y varios descabellos. Para el sexto la tarde ya se contaba con largo metraje y el lucimiento se desvaneció con las condiciones del animal, que no se desplazó y comenzó a defenderse pronto. 

Abrió plaza Juan del Álamo que también quiso lucir al toro en los medios. El toro no contó con la opinión favorable del público y pese a tener calidad, no convenció por su falta de fuerza. Con el cuarto desrazado tampoco pudo tomar vuelo la faena. 

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