San Fermín le echa el capotillo a Javier Jiménez

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El valor natural del sevillano Javier Jiménez, que le puso sinceridad y temple a su lote de una mala corrida de Cebada Gago, aun a costa de sufrir un serio percance, fue la nota más destacada del cuarto festejo de los sanfermines celebrado hoy en Pamplona.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Cebada Gago, en general de buena y seria presencia, aunque con dos excepciones: el zambombo quinto y el feo y amoruchado sexto. En cuanto a juego, fue corrida de mal y duro juego, por su actitud de mansos a la defensiva, incluso con peligro y sentido en algunos casos.

Eugenio de Mora, de carmín y oro: estocada enhebrada, estocada desprendida perpendicular y descabello (silencio); estocada trasera desprendida y cuatro descabellos (silencio).

Pepe Moral, de gris plomo y oro: estocada y tres descabellos (silencio); estocada caída atravesada (vuelta al ruedo tras leve petición).

Javier Jiménez, de blanco y oro: cuatro pinchazos y dos descabellos (gran ovación tras aviso); pinchazo y estocada honda (ovación).

Cuarto festejo de abono de la feria de San Fermín, con lleno total en los tendidos, en tarde calurosa.

PELIGRO EN LA CALLE Y EN LA PLAZA

Foto EFE/Jim Hollander
Foto EFE/Jim Hollander

Los famosos toros de Cabada Gago, que en la mañana de hoy hicieron honor a su fama de peligrosos a lo largo de toda la calle Estafeta, lo fueron también donde de verdad ha de valorarse su comportamiento, en la seriedad y la formalidad de la arena de la plaza.

Volvían los “cebadas” a Pamplona tras tres años de ausencia y no hicieron méritos para repetir, tanto por las feas hechuras de algunos ejemplares como, sobre todo, por su mal y duro juego, siempre a la defensiva y, en algunos casos, con un creciente sentido como respuesta al reto que les planteaban los toreros.

En ese sentido, lo más destacado y meritorio de la tarde lo hizo el sevillano Javier Jiménez, que dio toda una lección de sinceridad y temple ante un lote impropio de tanta verdad.

La actitud de Jiménez llegó pronto a los tendidos pues, desde la larga cambiada de rodillas con que recibió al colorado que se hartó de pegar cornadas en el encierro, hizo todo lo posible por atemperar con la suavidad de su muleta la mala actitud de su lote.

Ese primer toro problemático sobre los adoquines lo fue también sobre la arena, pues no hizo más que responder a secos cabezazos ante la verdad torera de Jiménez, que sin dejar nunca que los pitones tocaran la tela logró hasta algún natural reposado y de largo trazo.

Crecido y creyéndose vencedor del duelo, aún quiso redondear con unos pases de rodillas en los medios, justo el momento en que el toro, como si esperara su venganza, se le vino encima, le prendió y le zarandeó violentamente en varias ocasiones, tras las que el torero quedó inerte sobre la arena.

Cundió en la plaza la sensación de que el percance era de mucha gravedad, pero, pasados un par de minutos, Jiménez salió de la enfermería para rematar su trabajo y dar muerte al toro, aunque necesitó de varios pinchazos que negaron toda posibilidad de trofeo.

Aun así se llevó una fuerte ovación de una plaza, esta vez emocionada, y que no suele tributarlas cuando se distrae tras el arrastre de los astados.

Y otra ovación más se llevaría Jiménez tras la lidia del sexto, un toro feo y amoruchado que se comportó tal y como correspondía a sus hechuras. Pero el sevillano empleó la misma fórmula, sin un solo enganchón, ante las rebrincadas y cortas embestidas del “cebada”.

Eugenio de Mora también se salvó milagrosamente de una cornada con los dos toros de su lote, un primero que siempre embistió con los pitones por encima del estaquillador de la muleta y un cuarto rajado que buscaba las tablas y acabó desarrollando sentido.

Con muy buen oficio, el toledano se impuso a los dos, pero cuando más se confió con ambos sufrió una fea colada en busca de su femoral, la primera de las cuales le destrozó la taleguilla.

Por su parte, Pepe Moral también se mostró por encima de sus “cebadas”, pues incluso le sacó algún pase estimable a un tercero, que siempre protestó y estuvo mucho rato con el quinto, un torancón con físico y comportamiento de buey, después de lo cual se dio una reconfortante vuelta al ruedo.

Paco Aguado/Agencia Efe

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