Roca Rey se corona el día del Santo Patrón

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Andres Roca Rey  ya se ha ganado a Pamplona, .sufrió una fea cogida y cortó tres orejas tras una demostración de temple y valor

El joven torero peruano Andrés Roca Rey continuó su racha de éxitos de esta temporada conquistando hoy también la plaza de toros de Pamplona, de la que salió a hombros tras cortar tres orejas y resultar herido leve en la corrida del día de San Fermín.

Ficha del día de San Fermín

Fotos Agencia Efe
Fotos Agencia Efe

Seis toros de Fuente Ymbro, desiguales de volumen y cuajo, pero todos con serias, astifinas y aparatosas cornamentas. Corrida de muy poca raza y con varios ejemplares rajados, aquerenciados y a la defensiva. Los mejores, por manejables y nobles fueron segundo y sexto, éste último premiado con una injustificada vuelta al ruedo en el arrastre.

Miguel Abellán, de verde hoja y oro: cuatro pinchazos y estocada desprendida (silencio); pinchazo y estocada baja (silencio).

Paco Ureña, de azul rey y oro: pinchazo y estocada caída (palmas); estocada atravesada perpendicular y tres descabellos (silencio).

Roca Rey, de corinto y oro: estocada desprendida (oreja); estocada baja (dos orejas). Salió a hombros por la puerta del encierro.

Tras la lidia del tercer toro, el diestro Roca Rey fue intervenido en la enfermería de un puntazo en la región escrotal y policontusiones, que no le impidieron salir a matar al sexto.

ENTREGA TOTAL

La entrega y la ambición juvenil de Andrés Roca Rey no parecen tener fondo en la temporada de su consolidación en ruedos españoles, que hoy tuvo un huevo hito con la conquista de los tendidos de la plaza de toros de Pamplona, sin que le frenara ni un serio percance, aunque de menores consecuencias.

Y es que el peruano puso toda la carne en el asador para sacarle jugo a un lote de la divisa de Fuente Ymbro en principio de escasas opciones pero que acabó rindiéndose y entregándose a la determinación y al valor del suramericano.

El primero de su lote se rajó casi desde su salida, negándose a la pelea, pero no así Roca Rey, que le buscó en la misma querencia de chiqueros ya para hacerle allí mismo un quite por tafalleras.

Abrió luego la faena de muleta con las dos rodillas en tierra bajo los terrenos de sol, donde quería refugiarse el manso, y al segundo pase, cuando lo llamó por el pitón derecho, el de Fuente Ymbro se le coló con aviesa violencia a la altura del pecho y le volteó de manera escalofriante, con la sensación generalizada de que había sido herido de consideración.

Pero una vez restablecida la calma, se apreció que Roca “sólo” estaba herido en el escroto, por lo que volvió a la cara del marrajo para hacerle una larga faena por el único pitón potable, el izquierdo, aguantando con firmeza las protestas y mala clase del animal, hasta matarlo de una estocada fulminante y pasear, tapándose las “vergüenzas” con una toalla, la primera oreja de la tarde.

Después de que le cosieran de nuevo la bolsa escrotal en la enfermería, volvió al ruedo el peruano para redondear con el sexto, que salió acusando ya alguna lesión en sus patas delantera, síntoma que se tornó en debilidad en el último tercio.

Esta vez la mayor virtud del joven espada fue templar con mucha suavidad cada muletazo, para lograr así equilibrar a un animal de cierta clase y voluntad y sacarle dos estimables series de naturales y un final de alardes en la distancia corta ante unos tendidos entregados.

Una sola oreja hubiera sido el merecido y justo premio para su esfuerzo, pero en tarde populista el alcalde de Bildu, Joseba Asirón, que presidía la corrida, decidió también ganarse a la masa concediendo una excesiva segunda oreja y, lo más reprochable, también una delirante vuelta al ruedo en el arrastre al toro de Fuente Ymbro.

El resto de la corrida estuvo marcado por la escasa raza o la mansedumbre de los astados gaditanos, entre los que sólo el segundo ofreció más posibilidades, por una sosa nobleza de la que Paco Ureña no llegó a sacar partido brillante. Con el quinto, de poca clase y escasas fuerzas en los cuartos traseros, el murciano tampoco pasó de tesonero.

Por su parte, Miguel Abellán lidió con buen oficio y sin mayores apreturas a un primero facilón y destazado y a un jabonero desrazado que no paró de puntear su muleta entre la indiferencia de quienes a esas alturas estaban más pendientes de sus meriendas.

Paco Aguado para Agencia EFE

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