Roca Rey, de nuevo a hombros, se reafirma como triunfador de los Sanfermines

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La apuesta a todo o nada de Roca Rey tuvo finalmente premio de cinco orejas en dos tardes que le convierten en indiscutible triunfador de la feria.

El diestro peruano, que cortó dos orejas y salió de nuevo a hombros en su segunda comparecencia de la feria, se reafirmó hoy como gran triunfador de los Sanfermines, seis días después de su triunfal debut en la plaza de Pamplona.

FICHA DEL FESTEJO

Seis toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados y con mucha seriedad en las cabezas, aunque dispares de volúmenes y también de juego, desde los deslucidos, tal que el quinto, a los de áspera violencia, como el sexto, pasando por el bravo y entregado cuarto, aunque todos dentro de las pautas de la casta.

Sebastián Castella, de grana y oro: media estocada trasera caída y descabello (silencio tras aviso); media estocada desprendida y descabello (oreja tras aviso).

Miguel Ángel Perera, de verde hoja y oro: pinchazo, media estocada desprendida y dos descabellos (gran ovación tras aviso); pinchazo y estocada desprendida perpendicular (ovación).

Roca Rey, de negro y oro: estocada desprendida (dos orejas tras aviso); media estocada desprendida y dos descabellos (silencio). Salió a hombros por la puerta del encierro.

Noveno y penúltimo festejo del abono de la feria de San Fermín, con lleno en los tendidos en tarde nublada y fresca.

TODO FIRMEZA

La corrida de Núñez del Cuvillo, ganadería supuestamente “fácil y comercial” acabó siendo una de las más exigentes de la feria, hasta el punto de obligar a la terna a poner una sobredosis de firmeza y seguridad en su lidia.

Salvo el cuarto, que tuvo una larga y entregada embestida a la muleta de Sebastián Castella, casi todos pidieron mucho mando y un gran temple para solventar los problemas derivados de fuerza, a veces la aspereza y cuando no la seca violencia con que tomaron los engaños.

En ese sentido, resultó ejemplar la faena de Miguel Ángel Perera al segundo, en la que el poder de su muleta y su férrea plomada de piernas consiguieron no sólo atemperar las en principio descompuestas arrancadas sino también encauzarlas y alargarlas con temple y hondura.

Gracias a la seguridad y a la buena técnica del torero, el toro acabó sacando su mejor fondo, aunque aún se guardó una bala en la recámara que usó, sin conseguir su objetivo, cuando Perera le levantó la mano para adornarse con un molinete, por lo que sufrió una espectacular voltereta.

Pero ni aun así se arredró el extremeño, que todavía le cuajó al de Cuvillo una soberbia tanda de derechazos al volver al sitio del peligro, justo antes de fallar con la espada y dejar sin premio el que puede ser el trasteo de mayores méritos del abono sanferminero.

En cambio, con el quinto, grandón, basto, deslucido y sin clase, tanta firmeza y poder resultaron hasta incoherentes.

Por eso el triunfador de la tarde volvió a ser el peruano Roca Rey, que se ha mostrado arrollador en su debut en Pamplona como matador de toros.

Aunque no pudo sumar una tercera oreja con el violento y rajado “cuvillo” que cerró plaza para igualar así el balance del día 7, sí que se llevó las dos del incierto tercero.

Vareado de carnes, aunque con una impresionante y ofensiva cornamenta, ese castaño tuvo un comportamiento cambiante desde su salida, que se evidenció sobre todo cuando, en una inesperada colada, arrolló con dureza a Roca al abrir un quite por tafalleras.

Se cernía amenazadoramente el toro en casi todos los envites que le planteó el suramericano, que siempre le aguantó con valor natural, sin alardes, con un impávido aguante y esa obligada firmeza que marcaba el guión de la corrida, aun sufriendo por ello algún momento de apuro más.

Fue así como le pudo ligar series de muletazos con trazo y temple sobre ambas manos. Y, buscando el doble trofeo, aún echó la moneda al aire para adornarse con unas arriesgadas manoletinas, en pie y de rodillas.

La apuesta a todo o nada de Roca Rey tuvo finalmente premio tras una contundente estocada a un tiempo para sumar ese total de cinco orejas en dos tardes que le convierten en indiscutible triunfador de la feria.

También le puso firmeza y seguridad Sebastián Castella a la lidia del primero, que atacó sin celo y con la cara arriba para acabar soltando unos tornillazos que tampoco llegaron nunca a alcanzar la tela del francés.

Para compensar, el cuarto fue el mejor de la corrida, con notable diferencia. Ya cantaban sus buenas hechuras -largo, serio de todo y de poca alzada- que tenía una buena aptitud física para la embestida, lo que se vio ya en banderillas, cuando empezó a galopar y a poner el hocico en el suelo en cada arrancada.

Castella le cortó la oreja gracias a una larga faena, correcta técnicamente, pero también monótona y desapasionada, sin llegar a apurar tan francas y hondas embestidas, especialmente por el pitón izquierdo.

PACO AGUADO; AGENCIA EFE

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