Roca Rey corta dos orejas y un rabo en la corrida de toros de Cieza (Murcia)

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FOTO PRENSA ROCA REY

Lidiaba su primera corrida de toros el Torero Talavante, que ya había lidiado con anterioridad novilladas

El diestro peruano Andrés Roca Rey, que ha cortado dos orejas y un rabo, y Rafael Rubio ‘Rafaelillo’, que ha conseguido un total de tres orejas, han sido los triunfadores de la corrida de toros celebrada hoy en Cieza (Murcia), en la que el tercer espada, Alejandro Talavante, se ha ido de vacío.

Se han lidiado seis toros de la ganadería del propio Talavante, desiguales de presentación y juego, destacando por su nobleza y buen juego primero y cuarto.

La plaza ha registrado algo más de media entrada en una tarde soleada pero con rachas de viento que, en ocasiones, han molestado a los espadas.

Antes de deshacerse el paseillo se ha guardado un minuto de silencio en memoria del rejoneador Angel Peralta, fallecido ayer, y al cumplirse el primer aniversario de la muerte de Adrián ‘El niño torero’.

Rafael Rubio ‘Rafaelillo’, oreja y dos orejas.

Alejandro Talavante, silencio y pitos tras aviso.

Andrés Roca Rey, silencio tras aviso, y dos orejas y rabo.

‘Rafaelillo’ ha mostrado total entrega y predisposición ante un lote que ha sido el mejor del encierro y al que ha exprimido a fondo con su personal forma de interpretar el toreo, en la que domina el valor, pero que esta tarde ha ido acompañada de un toreo desmayado en varias tandas de muletazos y de naturales a ambos astados.

Talavante ha estado con poca suerte en el segundo de la tarde, que no llegó a emplearse en ningún momento y que fue de los más deslucidos.

El torero de Badajoz estuvo desangelado en el segundo de su lote que también ha estado falto de clase y al que ha rematado mal al necesitar cuatro pinchazos antes de dejar una estocada y cuatro descabellos.

Roca Rey no tuvo ocasión de lucirse en el tercero, que ha sido un toro muy parado y deslucido, y el que el diestro peruano no ha tenido suerte con los aceros al contabilizar para darle muerte dos entradas a matar y una docena de golpes de verduguillo.

El peruano se sacó la espina con el que cerraba plaza, un astado de mejor condición que, aunque nunca fue un buen toro sí le ha dado la oportunidad de lucirse en series de muletazos por el compás abierto y de naturales, en los que ha parecido que paraba el tiempo.

Un público, básicamente joven, que siempre ha estado con él ha insistido en la petición de trofeos hasta conseguir que la presidencia le concediera las dos orejas y el rabo.

Agencia EFE

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