Los diestros Ricardo Torres y Alberto Álvarez tampoco consiguen resultados brillantes en un encierro disparde La  La Quinta

Plaza de toros de Zaragoza

Ganadería: Seis toros de La Quinta, desiguales de cuajo y hechuras, aunque todos seriamente armados. Dieron un juego muy dispar, desde la clase del tercero al genio defensivo de primero y segundo. También los hubo manejables junto a otros justos de raza.

Rafaelillo :Estocada contraria y cinco descabellos (silencio); metisaca en los bajos (silencio).

Ricardo Torres Estocada caída (leve división de opiniones); estocada trasera (silencio).

Alberto Álvarez Estocada contraria y tres descabellos (ovación); pinchazo, media estocada trasera desprendida y estocada (ovación tras aviso).

Dos horas después de que arrancara el paseíllo, las mulillas arrastraban al último toro de una seria corrida de La Quinta que tuvo algún que otro ejemplar con posibilidades de triunfo en la tarde de este domingo. Pero, pese a ello, las escasas ovaciones que se escucharon en todo ese tiempo no llegaron a alcanzar nunca un alto nivel de decibelios.

Y es que la terna de espadas que se enfrentó a los ‘santacolomas’ cordobeses puso durante su lidia bastante más empeño que aciertos técnicos, haciendo que todos los esfuerzos se fueran diluyendo hasta quedar sin recompensa.

Sucedió, como ejemplo más palpable, con el tercer toro, un precioso y armónico ejemplar de pelo cárdeno salpicado, que evidenció ya la calidad y la profundidad de sus embestidas desde que Alberto Álvarez lo recibió con dos largas cambiadas de rodillas en las tablas.

Puso empeño el aragonés con el capote, mientras que el toro se arrancaba con alegría y empujaba con fuerza en el peto sin que su brava calidad aminorara, hasta el punto de que llegó al último tercio exigiendo una muleta que le sometiera siempre a ras de arena.

La faena de Álvarez fue un breve intento por acoplarse a tan bravo animal, lo que no siempre sucedió por falta de mando y de pulso del torero, que se conformó con algún detalle antes de irse a por la espada demasiado pronto.

Fue exactamente al revés de lo que le sucedió con el desrazado sexto, con el que se alargó en un trasteo que no pasó de voluntarioso y correcto aunque pusiera una mayor ambición.

Genio defensivo

Rafaelillo, el más curtido de los tres espadas, sorteó con habilidad el genio defensivo del primero, un serio cinqueño que, con poca fuerza en los cuartos traseros, se quedó siempre muy corto pero sin perder su temperamental carácter.

En cambio, el cuarto le dio mayores facilidades al murciano, que quizá por ello se relajó demasiado en varias series de muletazos en los que hubo más oficio que verdadera apuesta por el toreo de mano baja que agradecía el de La Quinta.

Ricardo Torres, el otro diestro aragonés del cartel, abrevió sin contemplaciones con el segundo, después de que, nada más coger la muleta, el cárdeno se le colara dos veces por el pitón derecho con aviesas intenciones.

Intentó Torres compensar tanta brevedad dilatando excesivamente la faena al quinto, un toro con casta pero con poca entrega al que muleteó con altibajos, pues se alternaron los enganchones a la tela con pases de buena compostura pero insuficientes para sostener su trabajo.

Agencia EFE

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