El novillero Rafael González ha cortado “in extremis” una oreja del sexto utrero del festejo celebrado hoy en Arnedo (La Rioja), segundo de su tradicional Zapato de Oro, el único pasaje lucido en una tarde marcada por el descastado y deslucido juego de la corrida del Conde de la Maza.

FICHA DEL FESTEJO.- Novillos del Conde de la Maza, correctos de presentación, mansos, sin recorrido, la gran mayoría sin humillar tampoco y algunos, como el segundo, rajándose también enseguida. El rebrincado quinto tuvo, además, peligro sordo. La excepción a tanta ruina ganadera fue el buen sexto.

Guillermo Valencia: tres pinchazos y el novillo se echa (silencio); y pinchazo y estocada desprendida (silencio).

Leo Valadez: pinchazo hondo y el novillo se echa (silencio); y dos pinchazos y once descabellos (pitos tras dos avisos).

Rafael González: estocada tendida (ovación); y estocada (oreja).

En cuadrillas, Raúl Cervantes saludó tras banderillear al tercero.

La plaza registró un cuarto de entrada en los tendidos.

SOBRE LA BOCINA

La tarde ya arrancó cuesta arriba con un primero manso sin disimulo, un animal agarrado al piso, remiso a cualquier frente y siempre con la cara natural. Valencia inició faena de rodillas y, ante la imposibilidad de poder armar una faena lucida, optó por coger pronto la espada.

No tuvo suerte tampoco el colombiano con el cuarto, que se movió rebrincado, topando más que embistiendo, de lo más incómodo. Valencia se dio cuenta pronto que había que hacer mucho esfuerzo para muy poco beneficio y eligió también no alargarse en demasía con su quehacer.

Leo Valadez fue obligado a salir a saludar una ovación por aquello de ser el triunfador del Zapato de Oro del año pasado. Fueron los únicos aplausos que se llevó durante su primera labor, pues el utrero, igual de manso que el anterior, ni se empleaba ni humillaba, además de buscar con insistencia la huida. El mexicano no le quedó otra que abreviar. Fue imposible “meterle mano”.

El quinto fue otro mansurrón y deslucido con el que el Valadez únicamente brilló con un vistoso quite por lopecinas. Lo que vino después apenas tuvo poso. Se juntó la pésima de condición del utrero con la apatía y la falta de ánimo de un Valadez, que acabó pegando un “sainete” con el descabello, tanto que estuvo a punto de que le echaran el toro al corral. Música de viento.

El primero de Rafael González fue un novillo de casi cuatro años, que, sin ser un dechado de virtudes, sin embargo, fue más toreable que sus hermanos. Con él, el joven madrileño llevó a cabo una faena de más a menos o, lo que es lo mismo, de esperanzadora a anodina. Hubo un par de buenas series a derechas, pero lo que vino después fue una sucesión de pases tropezados y deslavazados.

Hubo que esperar al sexto para ver lo más importante y rotundo de la tarde. Fue este novillo el más noble, enclasado y con mayor motor de todo el envío, y González, que manejó muy bien el capote, llevó a cabo una faena medida y muy bien estructurada por el derecho, por donde toreó con mucho temple y encaje.

Unas ceñidas manoletinas y otros alardes en el epílogo antecedieron a una eficaz estocada, que le valió para cortar una oreja sobre la bocina.

Agencia EFE

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