Pliegos a concurso de plazas de toros

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Es excepcional que salga una plaza de toros a concurso mediante un pliego que, aparentemente, se considere sensato, lógico, adecuado a los tiempos que corren. Lo habitual, o frecuente, es que sea disparatado, que se pida un canon prácticamente imposible de cumplir con mínimas ganancias para el empresario, que trabaja para ganarse un sueldo y poder vivir.
Como consecuencia muchos empresarios serios ni siquiera consideran la posibilidad de concursar y, por el contrario, acuden otros, aun a sabiendas de que les resultará imposible cumplir, pero piensan: “bueno por el camino se arreglarán las cosas, quitaremos de aquí , pondremos allí y tal vez cuadren las cuentas”. Si después de todo no cuadran siempre podremos negociar con el ayuntamiento o la diputación para que rebajen lo estipulado; siempre se puede recurrir al, “donde dije digo, digo Diego”. Y efectivamente, como las cuentas no cuadran se recurre a mil argucias, todo lo cual repercute finalmente en que al aficionado se dará pésima calidad a cambio de precios por encima de lo que pueden pagar. La consecuencia final: Plazas medio vacías, y el aficionado que hace el esfuerzo y va no repite al año siguiente.
Recientemente ha salido el pliego de la plaza de toros de Zaragoza (de la diputación) y, sin entrar en análisis profundo, porque no es el momento ni el lugar , es especialmente disparatados en opinión de los profesionales.
Es también frecuente que, a veces , salgan los pliegos y se resuelvan cuando queda muy poco tiempo para la celebración de los posibles festejos, lo cual impide al empresario organizar una feria y/o temporada de forma rigurosa, meditada, teniendo reuniones con las peñas, etc., y presentar a la afición los carteles con bastante tiempo de antelación.

Ante esta situación uno se hace algunas preguntas: a) ¿Quién hace los pliegos?; b) ¿Quién los aprueba? c) ¿Por qué no lo hacen todo con mucha más diligencia?

Pues los hacen, en general, políticos (aunque pidan más o menos asesoramiento), que la mayoría no saben nada o casi nada de cómo funciona todo este tema, e incluso puede que no les guste el toreo (o que sean antis), pero en su mente está el que, “a los empresarios hay que sacarles la máxima cantidad dinero pues, ya se sabe , ellos siempre se quejan pero ganan mucho”. No digo que todos los políticos sean iguales pero muchos corresponden al perfil que hemos descrito, y se olvidan de que los empresarios son hombres honrados, con una familia, que trabajan para defender un sueldo y poder vivir, lo cual no quita que pueda haber alguna oveja negra, como en todos los colectivos.
Y se aprueban en un pleno del ayuntamiento o diputación, donde cada partido político ya tiene su voto decidido de antemano según quien gobierne. Así es la política, se trata de ir siempre en contra de lo que diga el adversario político y hacerle el máximo daño posible. Y, además, en el tema taurino ya sabemos que muchos partidos son antitaurinos declarados y otros más o menos ocultos, por tanto para ellos cuanto peor mejor.
¿Por qué no son más diligentes? Pues porque trabajar cuesta trabajo, y si además paga el erario público la diligencia brilla por su ausencia. Además, lo taurino hoy, generalmente, está mal visto, por lo que se suele colocar en último lugar. En primer lugar se colocará aquello que el político cree le reportará más votos, y lo que más pueda fastidiar al adversario.

En conclusión , tenemos la impresión de que las propiedades de las plazas, en demasiados casos, solo piensan en el aspecto económico de la Fiesta, en los votos que pueda rentarles (si son propiedad pública), ignorando totalmente el aspecto cultural, y sin duda ignorando, cuando no despreciando, a los aficionados.
Rafael Comino Delgado

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