Oreja para Jorge Isiegas, que se revela con firmeza y entrega en Zaragoza

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El novillero zaragozano Jorge Isiegas cortó la única oreja concedida en el festejo que abrió hoy la feria del Pilar de Zaragoza, en el que reveló su buena proyección profesional a base de firmeza y una total entrega con los dos astados de su lote.

FICHA DEL FESTEJO

 Novillos de Los Maños, de desigual remate y hechuras, algunos con trapío de toros, y casi todos de mucha alzada. Dieron un juego dispar, dentro de su justa raza, con un primero con calidad pero de medidas fuerzas. El resto, aun sin emplearse demasiado, resultaron manejables.

Pablo Aguado, de grosella y oro: estocada trasera y dos descabellos (ovación tras aviso); media estocada trasera (ovación).

Jorge Isiegas, de blanco y plata: bajonazo delantero (ovación tras petición de oreja); estocada desprendida atravesada (oreja).

Adrien Salenc, de corinto y oro: estocada (silencio); dos pinchazos, dos pinchazos hondos y descabello (silencio tras aviso).

En cuadrillas, destacó la templada brega de Rafael González con el primero.

El banderillero Azuquita fue atendido en la enfermería de una fuerte contusión en la espalda, pendiente de estudio radiológico, tras ser derribado y prendido por el cuarto en el segundo tercio.

Primer festejo de la feria del Pilar de Zaragoza, con algo menos de media entrada en los tendidos.

ENTRE MAÑOS ANDA EL JUEGO

Para el público local el mayor atractivo de la novillada que inauguró la feria del Pilar era observar el juego de los utreros de la ganadería aragonesa de Los Maños, que cuenta con muchos partidarios tras sus éxitos de los últimos años en esta misma plaza.

Pero si hoy hubo un “maño” realmente bravo sobre el ruedo de la Misericordia, ese fue el novillero zaragozano Jorge Isiegas, que, en un constante alarde de firmeza y entrega, se reveló como uno de los aspirantes de mayor proyección de cara a la próxima temporada.

A los novillos de la tierra, que salieron con divisa negra en señal de luto por la muerte de Víctor Barrio en las astas de un toro de su mismo hierro, les faltó en conjunto un punto más de raza y entrega ante los engaños, que fue precisamente lo que derrochó Isiegas para compensar esas carencias.

Ya se pidió para el aragonés la oreja de su primero, sólo que un feo bajonazo demeritó finalmente una faena en la que destacó sobre todo la firmeza con que Isiegas alargó con mando las embestidas de un cárdeno noble pero de poco celo.

Pero la faena realmente meritoria fue la que le premiaron ante un quinto novillo con trapío de auténtico toro y que empezó a embestir a su muleta con cabezazos y muy escaso recorrido.

Esta vez, la virtud de Isiegas, sumada al firme valor ya demostrado, fue evitar con temple que los pitones rozaran la tela y darle al animal los tiempos y la distancia adecuados para que los pases tuvieran más dimensión que la sospechada.

El zaragozano logró así tres excelentes series de naturales -citando con gran sinceridad, ajustándose mucho las embestidas a la cintura y sacando siempre los vuelos de la muleta por debajo de los pitones- que fueron la cumbre de una actuación muy sólida y que le sitúa claramente entre los novilleros a seguir en 2017.

El ejemplar de más clase y entrega de la esperada novillada de Los Maños fue el que abrió plaza, que desde los primeros lances de capa mostró tanto su calidad como también el defecto de sus medidas fuerzas.

Aun así, el novillo aguantó un intenso tercio de quites en el que su matador, Pablo Aguado, lo meció en unas soberbias verónicas, e Isiegas presentó su tarjeta de visita con unas valientes saltilleras capote a la espalda.

En el trasteo de Aguado el novillo respondió más y mejor por el pitón izquierdo, justo el lado por donde, a pesar de que no lo explotó por completo, se vio con claridad la mejor versión del sevillano en dos series de hondo temple y con un regusto muy clásico.

Ya con el cuarto, otro ejemplar de gran seriedad y que se aplomó pronto, Aguado se mostró solvente pero sin poder mostrar de nuevo sus mejores bazas como torero.

Por su parte, el francés Adrien Salenc lidió a su lote con una palpable inseguridad que le llevó a desplazar muy hacia afuera las embestidas de su primero y a torear con escaso asiento y mando al sexto.

Aunque amagó rajarse, este último utrero del encierro tuvo un pitón izquierdo con muchas más posibilidades de las que aprovechó Salenc en un dilatado trasteo durante el que, significativamente, recorrió todos los terrenos del ruedo.

 Agencia EFE

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