Oreja para Colombo y Gardel en la tercera del Zapato de Oro de Arnedo

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Foto de Archivo

Una oreja cada uno han paseado hoy los novilleros Jesús Enrique Colombo y Alejandro Gardel al término del tercer festejo del prestigioso certamen del Zapato de Oro, de la localidad riojana de Arnedo.

FICHA DEL FESTEJO.- Novillos de Los Ronceles, muy bien presentados: segundo y tercero aplaudidos de salida, y de juego desigual. Sin clase y a menos, el primero; exigente, el segundo; con genio, el tercero; encastado y a menos, el cuarto; áspero y deslucido, el quinto; y muy deslucido el sexto.

Jesús Enrique Colombo: estocada arriba (silencio); y gran estocada (oreja tras aviso).

Diego Carretero: estocada delantera y perpendicular (vuelta al ruedo tras petición); y tres pinchazos, media y descabello (silencio).

Alejandro Gardel: pinchado y estocada (oreja); y estocada delantera y atravesada, y descabello (silencio).

En cuadrillas, Raúl Cervantes saludó tras banderillear al tercero.

La plaza ha registrado un tercio de entrada en los tendidos.

APUNTAR SIN DISPARAR

No tuvo demasiada tela que cortar Colombo con su primero, un novillo serio y cuajado, que apenas se empleó en el último tercio, muy incierto y a menos. El venezolano, vistoso con el percal y con facultades en banderillas, no lo vio claro en la muleta. Después de dos extraños por el derecho, Colombo se puso también a la defensiva en una labor de pases de uno en uno y sin apenas limpieza.

El cuarto fue un novillo encastado y con transmisión con el que Colombo exhibió lo puesto que está. Muy bien con el capote, volvió a meterse a la gente en el bolsillo con los palos. Pero luego, en la muleta, y tras un inicio muy torero por bajo, el venezolano anduvo tan fácil y seguro como frío y, por momentos, mecánico. Le faltó hacer la apuesta de verdad. Gran estocada y una oreja.

Diego Carretero dio muy buena imagen en su primero, novillo nada fácil con el que el manchego anduvo muy dispuesto, tratando siempre de imponerse y provocar las embestidas de su enemigo, al que se impuso a lo largo de una labor pulcra y correcta. No hubo el lucimiento deseado, pero sí mucha entrega, de ahí la petición de oreja que hubo y la vuelta al ruedo que acabó dando.

El quinto fue un animal bronco y áspero con el que Carretero volvió a mostrarse muy animoso pero sin poder resolver prácticamente nada en lo artístico. No fue agradable estar delante de semejante “prenda”.

Alejandro Gardel estuvo muy voluntarioso y decidido con el tercero, primero de su lote, al que cortó una orejita después de una faena en la que en ocasiones pecó de hacer las cosas demasiado rapidito. Se le nota demasiado bisoño todavía, de ahí que no acabara de cogerle el aire lo suficiente a su exigente oponente. Dio igual. La entrega de la gente con él fue total. Ahí se explica el trofeo.

El sexto fue un toro bronco, agarrado al piso, sin humillar… un “regalo”. Gardel nada más que pudo tirar algunas líneas por el derecho y probarlo brevemente por el izquierdo para, al menos, justificarse antes de desistir e ir a por la espada.

Agencia EFE

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