La primera oreja

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En el Reglamento taurino queda claro que la concesión de la primera oreja, de un toro o novillo, “se realizará por el/la presidente del espectáculo, a petición mayoritaria del público mediante la exhibición de pañuelos blancos o elementos similares“, sin embargo en la realidad las cosas resultan algo más complejas.

Viene esto a colación porque, con frecuencia, vemos como el presidente es abroncado porque el público, o parte de él, entiende que no ha cumplido con el reglamento, negando una oreja, pero también a veces, aunque menos, puede recibir los pitos del respetable por conceder un trofeo que entiende no merecido.

Sin remontarnos mucho en la memoria el pasado 25 de Agosto, en la corrida de Bilbao, el presidente negó una oreja, de su segundo toro, al matador José Garrido, lo cual causó enfado importante de los que la pidieron.

Vi la corrida en TV y los comentaristas decían que la petición fue mayoritaria claramente, y por tanto el presidente se equivoco, opinión compartida por otros críticos de diferentes medios según he podido leer. A mí me pareció que no era mayoritaria (por número de pañuelos, aunque algunos la piden a gritos sin sacar pañuelo), lo que también piensa Iñigo Crespo y  dice en su crónica de Aplausos.

Vemos pues que la cosa no es tan fácil, puesto que valorar si la petición es o no mayoritaria resulta  algo subjetivo, y por tanto sometido a valoraciones diversas, influidas por  múltiples factores que están en la conciencia, o incluso en el subconsciente, de quien solicita el trofeo y de quien debe sacar el pañuelo.

Tales factores pueden ser, entre otros, gusto de cada cual, posible relación con el torero, conocimientos taurinos, conjunto de la actuación, emotividad del momento, etc. Pero, en definitiva, podemos resumir diciendo que el aficionado, o persona, que compra una entrada tiene libertad para manifestarse, dentro de un orden, en un sentido u otro. Naturalmente también el presidente tiene libertad para actuar según su saber y entender, pero a éste hay que exigirle unos conocimientos en materia taurina de notables para arriba, y desde luego debe conocer perfectamente el reglamento y cumplirlo, aunque  siempre existirá el factor humano.

A nuestro entender, y teniendo en cuenta todos, o casi todos, los posibles factores que pueden influir en el público y en el presidente, aunque el reglamente diga que la primera oreja es potestad del público, la realidad es que, salvo contadas ocasiones, al final decide el presidente, pues siempre puede argumentar que para él la petición  fue o no mayoritaria, y como no es  posible contar los pañuelos, prevalecerá su opinión, aun  a riesgo de llevarse una monumental bronca, que en ocasiones es su forma  de hacerse notar, de ser protagonista.

Pero volviendo al festejo de Bilbao, con oreja o sin oreja en ese toro, José Garrido estuvo inmenso; dio una gran dimensión como torero poderoso, capaz, preparado para grandes empresas.

Rafael Comino Delgado

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