Influencia de las Escuelas Taurinas

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No cabe duda de que las Escuelas Taurinas están desarrollando una gran labor, enseñando a los chavales, que quieren ser toreros, la técnica  del toreo y, sobre todo, ahora en que hay muy pocas novilladas, permitiéndoles torear durante su formación como novilleros sin caballos.

Labor que, en la mayoría  de las ocasiones, la llevan a cabo  los profesores de forma altruista,  desinteresadamente , quitándole tiempo a sus propias  obligaciones,  a  su familia, al ocio. Lo hacen solo por su enorme afición.

Por tanto los aspectos positivos de las Escuelas son muchos, sin embargo creo que hay una parte,  no  tan  favorable. Me refiero a que los niños  tienden a torear todos, más o  menos, igual, lo cual es lógico porque entrenan juntos y todo lo aprenden juntos. Cualquier ser humano tiene tendencia natural a hacer lo que ve.

Me consta, sin embargo, que los profesores tienen mucho cuidado en dejar libertad a cada alumno para que se exprese como desee, pero aun así es inevitable que se copien unos a otros y, en general,  actualmente hay menos variedad, entre los toreros, de  la que había en los años 1950  a 1980.

Creo que deberíamos hacer todo lo posible para evitarlo, lo que se lograría, a nuestro  modo de entender, procurando que en la Escuelas solo se les enseñase la técnica y los conceptos básicos, sin más.

Jamás decirles que esta u otra forma de interpretar el toreo es mejor que las demás. Hoy todos quieren citar con la muleta muy adelantada, planchada, por delante, y llevar al novillo muy largo, por abajo , porque oyen decir que ese es el toreo  bueno,  caro, pero eso no se puede hacer a todos los animales y, si no lo sienten así, les saldrá mal. Me pregunto, ¿es mejor la música de Mozart que la de Falla? ¡No!, es diferente. Mozart no hubiera podido hacer el “Amor Brujo” de Falla, y Falla no hubiera podido hacer una “Sonata” de Mozart.

El toreo es un arte y el “arte no es perfección, es sentimiento, inspiración, diferencia, estética y creación”.  Que cada uno lo exprese como lo sienta, y luego gustará más o menos, como cualquier arte.

Particularmente creo que no es mejor el toreo con el compás abierto que con el compás cerrado, que no es mejor citar adelantando la muleta que con la muleta retrasada, que no es mejor citar dando el medio pecho que de perfil, etc. Simplemente son formas diferentes que se aplicaran según el momento y el intérprete. Que cada uno haga lo que siente y si emociona a mucha gente pues será bueno para los que se emocionan.

El 95 % de los aficionados decían, en los años sesenta, que Manuel Benítez “El Cordobés” era muy mal torero, pero su toreo emocionaba al 98 %  de los que llenaban las plazas,  y ahora, después de tantos años aquellos que le llamaban payaso  dicen que fue un gran torero, y lo fue pero ellos no se enteraron.

De Miguel Mateo “Miguelín” decían, los puristas, que era solo un tremendista, mientras que   todos los profesionales y buenos aficionados, siempre han dicho de él que fue un grandioso torero, y lo fue.

Refiriéndonos a otras artes, por ejemplo, a mí me gusta la pintura de Velázquez, de Zuloaga, de Zurbarán, de Antonio López, de Ricardo Macarrón, de Ricardo Sanz, etc., por poner algunos ejemplos, y me gusta menos la del Greco, poco la  Fernando Botero y nada la de Picasso o Miquel Barceló, pero eso no quiere decir que los que no me gustan sean malos pintores.

En música, igualmente podríamos poner muchos ejemplos. A mí me gusta toda la clásica y, de la actual, Barbra Streisand, Leonard Cohen, etc., pero no me gusta la de Sabina o Serrat que gustan a casi todos.

El arte es un sentimiento y cada uno lo debe expresar como lo sienta, y cada uno lo percibirá según su sensibilidad y según su estado anímico. La  variedad es buena y necesaria.

 Rafael Comino Delgado

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