Ginés Marín, Garrido y Luis David Adame se reparten nueve orejas en Zafra

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2019

Los diestros Ginés Marín, José Garrido y el mexicano Luis David Adame (éstos dos últimos en sustitución de Enrique Ponce y Cayetano Rivera) salieron hoy a hombros en la localidad pacense de Zafra, tras repartirse un total de nueve orejas.

FICHA DEL FESTEJO.- 6 toros de Zalduendo, terciados pero en tipo, que dieron juego desigual. Falto de raza y con tendencia a distraerse el primero; noble el segundo; con buen son pero a menos el tercero; soso aunque noble el cuarto; sin fuelle y parádote el quinto; enclasado el sexto.

José Garrido, de sangre de toro y oro: media estocada y descabello, se echó el animal (ovación tras aviso); y pinchazo y estocada desprendida (dos orejas).

Ginés Marín, de burdeos y oro: estocada (dos orejas); y estocada y dos descabellos (oreja).

Luis David Adame, de grana y oro: golletazo que hace guardia, pinchazo y estocada (oreja); estocada (dos orejas).

José Garrido y Luis David Adame sustituyeron a Enrique Ponce y Cayetano, que presentaron parte médico para justificar su ausencia.

La plaza registró tres cuartos de entrada en los tendidos.

LO MEJOR LLEGÓ DE LA MANO DE GINÉS MARÍN

En una tarde de distinta graduación en cuanto a la importancia de lo que ha ocurrido en el ruedo, tres toreros jóvenes abrieron la puerta grande. Importante fue lo que hizo y dijo Ginés Marín, con el toro bueno y con él menos bueno.

Cómoda y agradable la corrida de Zalduendo, dejó estar a los toreros e hizo posible el triunfo de los tres. Con distintos lotes, el mejor se lo llevó Luis David Adame. También el lote de Ginés Marín tuvo dulzura, aunque también sosería, mientras que los toros que le cayeron a José Garrido adolecieron de falta de raza.

Además de abrir plaza, el primero de Garrido decía poco porque salía distraído del engaño. Lo toreó con gusto con el capote y con la muleta tapó sus carencias cuando lo llevaba largo y le dejaba puesto el engaño en la cara.

Al cuarto le faltaba codicia y decía poquito. Bien el torero, puso las ganas de las que adolecía el animal en la que fue una faena larga, templada siempre y al final en la corta distancia.

Ginés Marín dio una buena tarde de toros. Al bueno suyo, que fue el segundo, un burel que tuvo nobleza aunque le faltó transmisión, le cuajó naturales de hondo sabor. Toreaba con los vuelos y la belleza de su toreo brotaba de la conjunción, la naturalidad y la cadencia.

Al quinto se lo inventó él porque era un animal desrazado. Por alto para no obligarlo en el inicio de faena, después y siempre sin un mal gesto, lo fue llevando, a tono con las condiciones del astado, obligándolo lo justo y corriendo la mano con mucha suavidad. Faena de las que calan, de las que dicen que todo tiene un porqué.

Los dos toros de Luis David Adame fueron los más potables. A su primero le hizo un trasteo en el que primó la cantidad sobre la calidad, además con falta de ajuste.

El sexto fue el mejor de la tarde, pues rompió a embestir por abajo en la muleta. Fue también esa una faena con altibajos porque el toreo en línea del mexicano no le dejaba quedarse bien colocado para ligar los muletazos. Al final en la corta distancia, con el público muy metido en ese tipo de toreo de cercanías y con su generosidad latente, empató a trofeos con Marín.

Agencia EFE

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