Hay una gran diferencia entre profesión y vocación. La primera es, “el empleo u oficio que alguien ejerce y por el que le pagan”, en cambio la vocación es, “la inspiración con que Dios llama a alguien a un estado (generalmente religioso), o la inclinación que se tiene o siente hacia un determinado estado o profesión”. La profesión no siempre es vocacional, pero en los toreros si lo es, y mucho.
Ser torero (incluyo los de oro y los de plata) es una profesión con características muy especiales que la hacen diferente a todas las demás: a)El toreo es un arte; b) Antes que la profesión, y sustentándola, hay una vocación; c)Tiene grandísimo riesgo.
Todo el mundo admite (salvo los antitaurinos perturbados), sin discusión, que el torero es un artista y que ser toreo conlleva gran riesgo, incluso de muerte, por ello queremos centrarnos en la otra característica que hemos señalado, la de ser una vocación. Y lo destacamos porque, como dijimos, no todas las profesiones se ejercen por vocación o, en todo caso, no tan fuerte como esta. Creemos que las dos profesiones más vocacionales son, sin duda, la religiosa y la de torero. Nadie, si no fuera vocacional, sería capaz de hacer lo que hizo la Madre Teresa de Calcuta, por poner un solo ejemplo. Y por supuesto, nadie sería capaz de jugarse la vida toreando si no fuera por vocación.
En el caso de los toreros esa vocación es un sentimiento que nace en lo más profundo del alma, intenso, noble, fuerte, hasta el extremo de arriesgar la vida con tal de expresarlo, de torear.
Víctor Mendes decía en 1994, “Los toreros lo somos obedientes a un destino, impulsados por una fuerza misteriosa que nos ha llevado a serlo” ; Agustin Parra, Parrita pensaba que, “Torear es veneno único, que sólo conocemos los que somos toreros” ; André Viard declaraba a Aplausos en 2007, “Para todos los toreros, la sensación única de cuajar unos buenos naturales; ¡ dominas el universo entero!”.
Nosotros pensamos que, “el torero se siente atraído, arrastrado hacia el toro por una profunda e intensa fuerza, de la que no puede librarse” porque este Arte ritual, el Toreo, se experimenta por el torero como una gran pasión, como una necesidad vital. ¡Torear es una gran PASIÓN!
Quien no tenga ese sentimiento no puede comprender lo que hacen los toreros, ni que su vida es el toreo, sin el cual no pueden vivir. Es como un enamoramiento ciego. Es más fuerte que el instinto de conservación al cual supera.
Efectivamente, todos tenemos un primer instinto básico que es el de conservación, conservar la vida, y luego hay otro instinto básico cual es el de reproducción. Una vez que la conservación de la vida está asegurada se desarrolla el instinto de reproducción, para perpetuar la especie.
Por eso cuando los animalistas, los antitaurinos hablan demasiado a la ligera de los toreros, y también de los aficionados, calificándoles de asesinos, barbaros, etc. solo están expresando la gran ignorancia y soberbia que hay detrás de ello.
Sin conocer, y menos entender, el toreo se atreven a calificarnos de asesinos, lo cual demuestra por una parte su infinita ignorancia, que les lleva a despreciar algo que desconocen, y por otra su más grande aun soberbia, que les impide intentar comprendernos y les induce a imponer su pensamiento por la violencia, que es lo que pretenden, a pesar de que tantas personas de las ciencias, de las artes, intelectuales, todas con gran inteligencia y formación reconocen, disfrutan con este arte sin par, y enaltecen la Tauromaquia. Pues ellos se creen superiores a todos hasta el punto de despreciarnos e incluso agredirnos. Su actitud da la razón a Arturo Graf (escritor y poeta italiano) y a Goethe (escritor, poeta y dramaturgo alemán). El primero pensaba que “la sabiduría y la razón hablan, la ignorancia y el error ladran”, y el segundo que “nada es más terrible que la ignorancia activa”.
Quienes desprecian y atacan al Toreo son ignorantes activos, soberbios y, en muchos casos, violentos.
Rafael Comino Delgado

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