El Príncipe reivindica su Puerta

Ya la ha rozado varias veces, pero nunca tanto como hoy. Casi se podía oir de fondo el sonido seco del cerrojo que se iba descerrajando. De fondo, por debajo del clamor unánime de la Maestranza pidiendo para él la segunda oreja del quinto y, por tanto, esa Puerta del Príncipe que ya ha rozado varias veces, aunque nunca tanto como hoy. Se fue Andrés Romero, como siempre en Sevilla, a hombros por la Puerta Grande, pero sabiendo que algo muy importante y necesario se dejaba por detrás. Y no porque dependiera de él, sino porque, quien decide, así lo decidió. Uno frente a miles, pero decide uno. Con todo, nada acalla ni empaña la sensación, la impresión, la certeza, la constancia de que Andrés Romero no ha perdido el tiempo por más que el tiempo le viniera cruzado. Siguió trabajando, esperando y soñando y esa mezcla sabia, aunque difícil, de trabajar, esperar y soñar siempre da sus frutos. Hoy, su cuarta salida a hombros consecutiva en Sevilla. Cuatro años, cuatro ferias, cuatro triunfos, ocho orejas. Romero mantiene su romance con una plaza que le quiere desde la primera vez.

Esta vez cambió el guión acostumbrado y cortó el torero de Escacena del Campo su primera oreja de la tarde a Unido, su primer oponente, tras una faena claramente a más, llena de entrega desde la portagayola con Perseo y de vibrante emoción, también creciente, jaleada por los pequeños de su pueblo con sus gritos de “Andrés, Andrés”, un eco que, si procede de un centenar de niños, significa que hay futuro, pero que hay que labrarlo haciendo afición. Brindó la faena a su hermano Santiago, el hombre que siempre está, que nunca falta, su alter ego. Y, como queda dicho, Romero se fue a chiqueros marsellé en mano a lomos de Perseo para recibir al de Bohórquez, un toro con fijeza que se entregó de salida, pero al que después le faltó un tranquito más y un poco más de celo. Dejó Andrés un único rejón de castigo y firmó un muy sólido tercio de banderillas, por ejemplo, con un caballo debutante esta temporada como Caimán, espectacular en el tierra a tierra y dejándoselo llegar mucho para clavar. Apostó entonces por Guajiro para firmar ajustadas batidas y arriesgadas piruetas en la misma cara del toro de Bohórquez. También fueron emocionantes las tres banderillas cortas a lomo de Chamán, con el que recetó un rejón de muerte muy efectivo y volaron los pañuelos, unánimes, para pedirle y que se le concediera la oreja.

Otra le cortó al quinto con fuerte petición de la segunda, que fue unánime también. Construyó Andrés Romero otra faena a más, que inició de salida con Fuente Rey, otro caballo nuevo de su cuadra que hoy pisaba por vez primera la Maestranza. Llovía sobre Sevilla y eso le infirió un punto más de intensidad a la conexión del jinete de Huelva con los tendidos. Por la verdad de cuanto hizo. Ya en banderillas, puso en liza a Kabul y, de nuevo, a Caimán. Con el primero lo provocó de lejos, siempre de frente y clavando al estribo, a la vez que corrigiendo la tendencia del astado de vencerse hacia adentro. Tiró de oficio, sentando al animal literalmente sobre el albero antes de provocarlo de nuevo y clavó con pureza. En el carrusel con las cortas acortó bastante las distancias con Chamán, administrando muy bien los tiempos y, tras otro rejón muy efectivo, paseó otra oreja que debieron ser dos porque el público, entregado con el rejoneador onubense, pidió esa segunda que le habría abierto la Puerta del Príncipe. Pero quedó pendiente otra vez. Aunque hoy, más cerca que nunca. Tanto como que la rozó. El romance sigue. El de Romero y la Maestranza. Ya van cuatro de cuatro. Cuatro comparecencias, cuatro paseíllos, cuatro pruebas y, todas ellas, saldadas con la vitola del triunfo. Además, del triunfo cada vez más sólido, rotundo y convincente. Es la forma en la que el Príncipe reivindica su Puerta.

Ficha del Festejo

Plaza de Toros de Sevilla. Dos tercios de entrada. Se lidian toros de Fermín Bohórquez

Sergio Galán: silencio y oreja
Andrés Romero: oreja y oreja con fuerte petición de la segunda
Lea Viçens: silencio y oreja

Foto: Joaquín Arjona

Prensa Andrés Romero

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