Pocos y contados hitos en el multitudinario mes de toros madrileño

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Roca Rey, David Mora, Manzanares y López Simón han salido a hombros de la Monumental de Las Ventas

Apenas media docena de hitos destacados se han registrado en la feria de San Isidro que acaba de finalizar, un largo y multitudinario mes de corridas lastrado por el descastado juego general de los toros lidiados en la que se tiene por primera plaza del mundo.

Las sólo cuatro salidas a hombros de los toreros de a pie, Roca Rey, David Mora, Manzanares y López Simón, no han servido para hacer olvidar el bajo nivel medio de los actuantes, en un ciclo que ha de replantearse su filosofía a corto o medio plazo para mantener su prestigio y el interés de los aficionados.

Con todo, la asistencia de público a los festejos de 2016 ha sido más que notable, en tanto que los tendidos de Las Ventas, según datos de la propia empresa, han tenido una media de ocupación del 87 por ciento, hasta llegar a la cifra de 620.000 espectadores a lo largo de los treinta espectáculos celebrados, uno menos de los anunciados ya que se suspendió por lluvia la corrida del 10 de mayo.

El dato no deja de ser relevante en una ciudad que, paradójicamente, el ayuntamiento de Manuela Carmena declaró capital animal y se llenó de actos antitaurinos antes y durante esta feria taurina, a la que el rey Juan Carlos y la infanta Elena acudieron hasta en siete ocasiones, al igual que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes.

Menos satisfactorio ha sido, en cambio, el resultado artístico de los festejos, lastrados casi siempre por unos encierros de volumen desproporcionado y hechuras alejadas de lo racionalidad en el toro de lidia, con la consecuente disminución en el juego de las reses y la merma del espectáculo.

Un par de docenas de ejemplares, entre la casi centena y media de los lidiados, han sido los que han dado juego, destacando especialmente tres: el enclasado Malagueño, del hierro de Alcurrucén, que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre; el enrazado Camarín, de Baltasar Ibán; y Dalia, de Victoriano del Río, que permitió a José María Manzanares hacer la mejor faena.

Salvo el completo lote de cuatreños de Victoriano del Río lidiados en la Corrida de Beneficencia, el resto de ejemplares con posibilidades se lidiaron de manera aislada, tanto en corridas de hierros comerciales como toristas.

Además del citado José María Manzanares, sólo otros tres toreros consiguieron cortarle las dos orejas a un mismo toro. David Mora las obtuvo del gran toro de Alcurrucén por una faena cargada de emotividad en su vuelta a Madrid dos años después de su gravísima cornada, mientras que el peruano Roca Rey desorejó al áspero segundo toro de su confirmación de alternativa tras un alarde de valor.

La salida a hombros de López Simón, en cambio, se debió a la generosidad presidencial por concederle un segundo trofeo a todas luces excesivo en la Beneficencia, después de que el joven espada madrileño sembrara algunas dudas con los buenos lotes de sus dos comparecencias anteriores.

Hubo también orejas sueltas para el francés Juan Bautista, Morenito de Aranda, Juan del Álamo y Alberto Aguilar, pero de menor calado que las que cortaron Alejandro Talavante y Paco Ureña, a los que, sin salida a hombros, se puede considerar entre los máximos triunfadores del abono isidril.

Talavante paseó trofeos de sendos toros aparentemente sin posibilidades, a los que desengañó con valor y temple el extremeño. Por su parte, Ureña le puso empeño y una entrega total para hacerse con el favor de un público que ya le tiene entre su predilectos.

Entre la larga nómina de toreros anunciados en el abono, las mayores decepciones corrieron a cargo de quienes eran base de los carteles, como el francés Sebastián Castella, que, frío e inexpresivo, se dejó ir al menos cinco de los ocho toros que mató en sus cuatro comparecencias.

Del mismo modo, Manuel Escribano pasó sin brillo en tres tardes, mientras que figuras como el Juli y Miguel Ángel Perera se unieron a la extensa nómina de los que pasaron por Las Ventas sin pena ni gloria, cuando no claramente en declive como el Cid, Iván Fandiño o Miguel Abellán.

El buen oficio de Enrique Ponce y Juan José Padilla, así como el de varios de los participantes en la semana torista, más los destellos insuficientes de calidad de Diego Urdiales y las ganas y el esfuerzo de aspirantes como José Garrido, Juan Leal y Román cierran lo poco destacable del abono entre los matadores de toros.

Entre los novilleros, enfrentados a encierros de tremendo volumen y dureza, la feria lanzó al colombiano Juan de Castilla, en un esfuerzo supremo con cuatro exigentes utreros, y al mexicano Luis David Adame.

Éste último, además, cortó una oreja tras resultar corneado de gravedad, siendo uno de los cuatro toreros que pasaron por la enfermería, junto a su compañero Filiberto y los matadores Gonzalo Caballero, también herido de consideración, y Paco Ureña.

El panorama de la feria se completa con las corridas de rejones -en las que el criterio del público es muy distinto al resto-, entre las que destacó sobremanera el extremeño Leonardo Hernández, que salió a hombros en sus dos actuaciones y un balance total de seis orejas.

Sergio Galan y Andy Cartagena fueron los otros dos jinetes que también abrieron la puerta grande, que esta vez no atravesaron figuras como Hermoso de Mendoza y Diego Ventura, el cual la mereció en su primera actuación.

Paco Aguado para Agencia EFE

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