Podríamos prodigarnos en calificativos para reseñar esta tarde, pero algunos detalles pueden ser más precisos para ello como por ejemplo que Manizales vio de nuevo a un torero de época triunfar en el ruedo de su plaza, y a un figurón incontestable, replicando a la cátedra impartida. ¿Para qué la crónica si no es para intentar contar con algún criterio (no importa cuál) luego de haber sentido lo vivido? Pensamos como periodistas pero sentimos y expresamos como aficionados para poder decir hasta donde alcanza la objetividad que el leitmotiv de esta obra fue la estética y el contexto la responsabilidad. Queda conjurado todo aquello que no corresponde a la intimidad torera que hoy compartieron con los 14.000 espectadores que llenaron completamente la plaza.
La elocuencia de un estilo, la identidad que lo hace transformador de una época y símbolo de ella fueron esta tarde un tributo de gratitud a la afición de esta plaza. Enrique Ponce conmovió y se fue conmovido. Tres faenas memorables, un indulto para el que hubo consenso a pesar del delirio colectivo.
Canario salió pidiendo pelea, en el tipo de la casa -a la que no se le puede pedir mucho en trapío- pero de algún modo sacó la cara por el hierro. Ponce lo toreó con dominio absoluto mientras se rebosaban en temple, toro y torero. La segunda parte -a media altura y en redondo- levantó un ciclón en los tendidos. Series, una tras otra, de mucho recato con la izquierda pero eso no importó mucho. Era ya a esas alturas un faenón ante un toro que no paraba de embestir, justificando el perdón que llegaría poco después. Era de indulto el toro, era de dos orejas la faena. Se fue Canario a la dehesa y de nuevo, subió Enrique Ponce al sitial de los ungidos.
El tercero no llegó con tanto brío pero se agrandó en la muleta de un Ponce que apenas tenía que girar las zapatillas en un palmo de terreno, para llevarlo en redondo y en muchas pinceladas que iba rubricando en la arena cuando terminaba las series. Al hilo de las tablas surgieron las poncinas que fueron fantasía y que después repitió capote en mano para nuevamente lograr el triunfo de dos orejas como premio a una obra en la que a pesar de una estocada que cayó ligeramente baja no devaluó el conjunto.
El quinto se prestó para otro recital. Izquierda al ralentí, manejo perfecto de los tiempos y acople a su aire, a un toro pastueño que tuvo el mismo fondo de sus hermanos pero menos tranco. Si allí hubiese concluido su actuación, no hubiera hecho falta más pero regaló también una serie de toreo al natural de rodillas como otro brindis en un “va por ustedes, que lo merecen como yo la Catedral”. No lo mató como a los otros dos y faltaron esas dos orejas que hubieran agrandado su esportón y ampliado su historia.
El Juli, contestón como siempre cuando no pica en punta, hoy hizo de su presentación quizás de las mejores que esta plaza le haya visto. Tuvo mala suerte y quizás apuro en el sexto con la espada, pero también sus faenas hubieron puesto las seis orejas en el esportón. No hubo quites entre los dos matadores, pero Julián vivió su mano a mano saliendo a ganarle el pulso al gran Enrique. En el segundo hizo liturgia en memoria del fallecido Andrés de los Ríos. Casi con desdén, que no es desprecio, sino dominio, con un circular invertido y un cambio de mano explotó la plaza; ya era suya, bueno…, lo fuimos todos. Pareció inusual su erguida figura que acompañó con empaque los lentos circulares naturales. Pensé que Julián pareciera una figura que intimida a los toros porque en su muleta se entregan siempre, porque si no lo hacen, él los somete como hoy. Lástima que la espada emborronó semejante lección.
En el cuarto se hizo presente en el ruedo con la larga cambiada de rodillas y algo quedó en el ambiente que todos aspiraron y siempre llegó como exhalación de aliento para El Juli. La plaza entera entregada, como el toro, solo quería que se saldara la deuda pendiente del segundo. Valió la pena el jaleo porque hubo faena importante donde combinó capote, muleta y espada. Chicuelinas al paso, lopecinas, series con derecha e izquierda largas y firmes. Había que poderle al toro y responder a su clase. Fue tan amplio el repertorio que hasta pasajes a los que les faltó temple hubo, poca cosa frente a lo demás. La estocada fue declaración de intención, a por todas. Dos orejas, y todos felices, ya estaba fijo en la foto, todos a hombros.
En el último de la tarde que ya era noche, todo el mérito fue de El Juli que sacó el poco fondo que tuvo el toro. La faena fue de menos a más por mano de Julián, por capaz, por figurón. De nuevo la espada amargó la fiesta, bueno…solo un poco, lo que la afición se lleva es lo demás.
Manizales (Colombia). Sábado 13 de enero de 2018. Última de la 63a temporada taurina de Manizales. Mano a mano. Toros de Ernesto Gutiérrez, en el tipo de la casa, nobles y encastados. El 1º de nombre Canario herrado con el nº 107 y de 498 kg. fue indultado. Los demás aplaudidos en el arrastre. Enrique Ponce, dos orejas simbólicas (indulto), dos orejas y vuelta al ruedo; Julián López “El Juli”, ovación con saludos, dos orejas y palmas. Entrada: Lleno de no hay billetes. Saludaron Ricardo Santana y Jaime Mejía por sus pares al cuarto. Al finalizar el festejo salieron a hombros los dos toreros y el ganadero.

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